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Artículo correspondiente al número 237 (17 de septiembre al 2 de octubre 2008)
La presencia –cada vez más fuerte– de inversionistas con respaldo estatal que compran acciones de empresas occidentales ha provocado, en más de alguien, una mezcla de enojo y desconfianza. Pero hay uno que es bien recibido en todas partes: el fondo noruego, del que su par chileno podría sacar algunas lecciones.
Cuando el alza en el precio del cobre abrió el debate sobre la creación de un fondo soberano chileno, lo primero que se dijo fue que éste debía seguir los pasos del fondo noruego del petróleo, el cual es visto, no sólo en Chile sino que en el mundo entero, como modelo de transparencia, prudencia y éxito.
Creado en 1990 para evitar que la oleada de ingresos petroleros recalentara la economía de un país con apenas 4,7 millones de habitantes, el Fondo de Pensiones del Gobierno–Global hoy controla 400 mil millones de dólares y tiene presencia en entre 3.000 y 4.000 empresas de unos 50 países; en general, sin superar el 1% de participación en cada compañía.
Cuando se creó, con el nombre de Fondo Gubernamental del Petróleo, se invertía del mismo modo que las reservas cambiarias del banco central local. De hecho, en 1997 se entregó la gestión al instituto emisor noruego y se permitió la inversión en acciones, con una asignación a este ítem de 40% de los fondos bajo gestión y el resto, en bonos del gobierno. En 2000 la entidad agregó cinco países emergentes a su universo de inversión y en 2002 se autorizó que parte de la renta fija se invirtiera en bonos que no fueran del gobierno. Las innovaciones seguirían, el año pasado incrementó su exposición a las acciones de 40% a 60% y este año se autorizó la inversión de un 5% en propiedades, dejando sólo 35% en renta fija.
La forma en que se invierten estos recursos no es un tema menor, dado que todos los recursos generados por el petróleo del país van al Fondo y porque los retornos que obtienen sus inversiones se usan para complementar los ingresos tributarios en el presupuesto, al que aportan casi 40%. Según datos de Norges Bank (el banco central de Noruega), en el segundo trimestre de 2008 el Fondo tuvo un retorno negativo de 1,87%, dato que –obviamente– no permite sacar ninguna conclusión de largo plazo, ya que desde 1997 el Fondo ha generado un retorno bruto anualizado de 4,95% (al restar los costos de administración e inflación, el retorno ha sido de 2,9%).
A la cabeza de todo esto se encuentra Martin Skancke, director general de gestión de activos del ministerio de Finanzas noruego, quien estuvo en Chile a comienzos de septiembre para la reunión del grupo de trabajo de fondos soberanos organizada por nuestro ministerio de Hacienda. El ejecutivo conversó con Capital sobre las experiencias que han dejado estos años de operación del fondo que dirige.
-Con frecuencia se cita como ejemplo al Fondo noruego por su transparencia y sus lineamientos éticos. ¿A qué responden esos lineamientos?
-Los fondos son propiedad del ministerio de Finanzas, pero lo son a nombre del pueblo noruego. En nuestro sistema político no sería aceptable que el ministerio de Finanzas no le dijera a la gente en qué invierte su dinero. La operación de estos fondos refleja y respeta la historia, tradiciones e instituciones de diferentes países. Para Noruega es importante crear legitimidad para el Fondo y pensamos que esa legitimidad sólo puede crearse siendo muy transparentes. Los lineamientos éticos tienen que ver con eso. La gestión del Fondo debe refl ejar valores importantes para la sociedad noruega. Habría sido un gran riesgo para la reputación del mismo si hubiésemos invertido, por ejemplo, en empresas con prácticas inaceptables para nuestros compatriotas.
-Supongo que reciben solicitudes de muchos países que quieren establecer sus propios fondos soberanos. ¿Cuál es la primera recomendación?
-Lo más importante es la política fiscal, lo que supone hacer tres cosas: primero, un buen proceso presupuestario, contabilizando todos los gastos e ingresos y sus proyecciones. Segundo, con base en esta información, diseñar una estrategia de largo plazo para la política fiscal, la que puede o no implicar la acumulación de algunas reservas en el sector gubernamental. Por ejemplo, si uno tiene ingresos muy altos pero temporales y gastos en pensiones muy altos que financiar en el futuro, entonces es probable que sea una buena idea ahorrar algo de dinero ahora. Y tercero, se debe construir instituciones buenas, creíbles, competentes, responsables. Tiene que haber un buen banco central o establecerse una institución competente separada que gestione el dinero, para asegurar que la gestión sea profesional.
Una vez que esos tres pilares están en pie, entonces se puede pensar en establecer un fondo. Un fondo –convengamos– que
puede apoyar la ejecución de una política económica, pero que no es un sustituto para una política económica. Y si uno tiene un fondo mal construído, con normas inapropiadas, gestión poco clara, sin responsabilidad y no profesional, entonces un fondo puede hacer más mal que bien.
-El fondo noruego ya cumple once años, ¿han tenido que corregir algo?
-Hemos hecho algunos cambios de estrategias de inversión, pero no porque lo que pensamos inicialmente estuviera mal, sino porque a medida que el Fondo fue creciendo, nuestra capacidad de tomar riesgos también ha crecido y el Fondo es mucho mayor que lo que pensábamos que sería cuando empezamos.
Además, hemos tenido una aproximación gradual a ciertas cosas. La estrategia de inversión ha cambiado poco a poco para asegurar que uno entienda lo que ocurre y por qué se están haciendo las cosas. Hemos hecho cambios de manera constante: casi todos los años, ajustes en la estrategia de inversión, incrementando gradualmente la distribución geográfica de las inversiones, incrementando gradualmente el tipo de inversiones; siempre, tratando de optimizar.
-¿Ningún cambio estructural?
-No. La estructura original se mantiene; también, el propósito del Fondo: la división de las responsabilidades, el dueño y el gestor…
-¿La gestión de los fondos se hace interna o externamente?
-El ministerio de Finanzas delega la gestión en el banco central, el cual tiene gestores internos y externos. Hoy, el banco gestiona internamente la parte pasiva de la cartera y hace algo de gestión activa. Además de eso, hay mandatos de inversión activa a bancos de inversión privados. En términos de volumen gestionado, casi 80% es administrado por el banco central y 20% por externos, pero en términos de riesgo está dividido casi 50/50. Por lo general, los gestores externos son más especializados, más activos y más riesgosos, 60% en acciones, lo que implica que tendremos una volatilidad en el Fondo de tal vez 10%. El Fondo es grande: casi 400 mil millones de dólares. El 10% es una gran suma, pero para nosotros es una variación normal.
-Si el retorno es negativo, ¿no hay aportes al presupuesto?
-En ese caso sacamos dinero del Fondo. De otro modo, las variaciones en los mercados financieros afectarían la política fiscal año a año, y eso introduciría una fuente de inestabilidad en la economía que no deseamos. Por el contrario, queremos que la economía quede aislada de estas variaciones estacionales, para que haya más estabilidad.
-A raíz de la crisis hemos visto a muchas empresas estadounidenses pidiendo capital a los fondos soberanos, lo que incluso ha llevado a algunos a comentar que estos fondos reemplazarán a Wall Street. ¿Vamos hacia allá?
-No en un sentido literal. Hay que recordar que incluso con el tamaño actual que tienen los fondos soberanos, su valor actual representa tal vez 1% a 2% de todos los activos financieros del mundo, así es que no son tan dominantes en los mercados financieros como las portadas de los diarios hacen pensar. Por lo demás, si estos fondos aumentan su valor, el tamaño del mercado también crece, de modo que si miramos unos 15 años hacia adelante, es cierto que los fondos soberanos serán más grandes que hoy, pero también lo serán los mercados financieros.