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Artículo correspondiente al número 237 (17 de septiembre al 2 de octubre 2008)
-Una vez que la crisis quede atrás y no veamos a los grandes bancos yendo a buscar inversionistas entre los fondos soberanos, ¿perderán visibilidad?
-Es cierto que ciertas inyecciones de capital en instituciones financieras han sido muy visibles, pero hay que decir que cuando los fondos soberanos actúan según los principios de Santiago demuestran su orientación financiera. A futuro, estos fondos seguirán siendo vistos como parte de los mercados financieros internacionales, pero la gente reconocerá que ejercen un impacto positivo en los mercados, ya que suelen tener horizontes de inversión muy largos, una gran capacidad de sobrellevar riesgos, no tienen necesidad de liquidez de corto plazo, están bien posicionados para proporcionar capimientras que la gestión interna es de un tipo de más volumen y bajo riesgo.
-El Fondo maneja el dinero de los noruegos. ¿Qué explicaciones le dan a los ciudadanos cuando los retornos son negativos?
-La manera no es esperar y explicarles después, sino anticiparse y advertirles lo que vendrá, para que estén preparados. Hemos pasado mucho tiempo, sobre todo con el parlamento, que actúa como representante de la gente en este contexto, para explicar lo mejor posible los riesgos en nuestra estrategia de inversión. Hemos elegido una estrategia de inversión con tal en períodos de tensión y contribuyen a la liquidez. Creo que son un tipo de inversión muy positivo y así serán valorados.
-Usted está familiarizado con la estructura y los objetivos de los distintos fondos. ¿Hay alguna recomendación que hacer al chileno?
-Creo que el fondo chileno ha adoptado un enfoque sensato, que es muy similar al nuestro, con énfasis en la transparencia, una estructura de gobierno clara, una división adecuada de las responsabilidades, normas que encajan con la política fiscal y una aproximación gradual al desarrollo de una estrategia de inversión. Creo que es bueno que los cambios en la estrategia de inversión se hagan gradualmente… En Chile el superávit es de 6% a 7% del PIB, lo que quiere decir que están guardando mucho dinero en nombre de la gente de este país.
-¿Tiene sentido guardar ese dinero cuando se trata de un país en desarrollo?
-Sí, porque los países, desarrollados o en desarrollo, tienen necesidades que se pueden financiar por esta vía. En particular, en los países menos desarrollados sabemos, por ejemplo, que la educación es la inversión más rentable. Por otra parte, un fondo cuyos recursos provienen de bienes como el petróleo, el cobre o los diamantes es un buen mecanismo para afrontar dos situaciones: primero, que esos recursos son finitos y en algún momento ya no se tendrán, y segundo, que los precios de estos recursos son volátiles, así que se necesita algún tipo de mecanismo para ahorrar cuando los precios son altos y extender el consumo en el tiempo.
Y agrega:
“De hecho, hay países muy pobres analizando establecer estos fondos, porque sus economías simplemente no son capaces de absorber todas estas inversiones en un corto plazo. Incluso si quieren invertir en educación, por ejemplo, uno no puede sólo construir escuelas, porque pueden faltar profesores, y antes de tener profesores hay que educarlos. Así es que a lo mejor hay que comenzar por construir una universidad que eduque a los profesores que eduquen a los niños. Las inversiones en educación en muchos de estos países toman años, y se necesita algún mecanismo para ahorrar el dinero que se tiene ahora. No tiene sentido construir una escuela ahora para cerrarla cuando los precios del petróleo o del cobre caigan”.
-Una especie de seguro...
-El propósito de estos fondos es convertir esta fuente incierta de recursos en una fuente de ingresos perpetua, estable. Para un país desarrollado, la demografía es importante. De hecho, en Noruega estamos experimentando un envejecimiento de la población, así es que necesitamos ahorrar para pagar pensiones.
En muchos países en desarrollo la situación es inversa: tienen una población joven, así que tal vez su prioridad sea invertir en educación. Incluso en los países más pobres es útil un instrumento que permita expandir gradualmente el sistema educacional sobre una base sustentable y asegurar que los ingresos del petróleo, el gas o lo que sea, contribuyan al desarrollo en lugar de introducir una volatilidad que empeora la pobreza. El pobre manejo macroeconómico ha hecho que, al mirar largos períodos de tiempo, países con abundantes recursos naturales crezcan más lento que países sin esos recursos. Y debería ser al revés. Para eso se necesita una visión de largo plazo y eso es un desafío para cualquier sociedad. El año pasado estuve en Bolivia, donde un tercio de la población vive con 1 dólar al día y probablemente allí sería útil que tuvieran algún tipo de fondo que asegure que los ingresos que tienen hoy se gasten de modo gradual. Con todo, para erradicar la pobreza hay que crear ganancias.
| La mejor defensa |
Desde que se declaró la crisis subprime estadounidense, el año pasado, los fondos de riqueza soberana han invertido unos 75 mil millones de dólares en la recapitalización de algunas de las mayores instituciones financieras del mundo: Citigroup, UBS, Merrill Lynch, Morgan Stanley y Barclays recorrieron Asia y Medio Oriente, sombrero en mano, para reforzar sus bases de capital. Ahora no pasa un día sin que hagan noticia. Si no es una institución financiera, es una empresa emblemática. A fines de agosto, Siemens, el paradigma de la ingeniería alemana, dijo que estaría encantada de tener a un fondo soberano entre sus inversionistas de largo plazo y que se había reunido con varios de ellos con este fin en mente. El auge de los commodities los ha hecho más visibles y ha permitido que nuevos países creen fondos, aprovechando la bonanza en sus ingresos y, al mismo tiempo, la turbulencia en los mercados financieros y la caída en los precios de las acciones de las compañías occidentales; sobre todo, en Estados Unidos. Pero el temor de los gobiernos de los países receptores por la transparencia (o falta de ella) ha atraído la atención y los ha mantenido en el ojo público. Se cree que los fondos controlan activos por entre 2 billones y 3 billones de dólares (millones de millones) y estimaciones de Merrill Lynch y otros bancos indican que podrían llegar a controlar unos 10 billones de dólares hacia 2012. Los países receptores, en especial en Estados Unidos, han insistido en que es importante asegurar que las inversiones de los fondos soberanos estén guiadas por intereses comerciales y no políticos, y han dado señales de querer regular sus inversiones. De ahí la importancia de los Principios de Santiago, un conjunto de preceptos y buenas prácticas que regularán de modo voluntario la actividad de estos fondos, definiciones acordadas durante la reunión del Grupo Internacional de Trabajo sobre los Fondos de Riqueza Soberana realizado en Santiago el 1 y el 2 de septiembre. Martin Skancke explica que el proyecto se inició en mayo a petición del directorio del Fondo Monetario Internacional y que cada participante en la reunión de Santiago presentará la propuesta a las autoridades de su país para su ratificación. “Esperamos presentar los principios en la reunión anual del FMI el 11 de octubre, cuando se harán públicos”, anuncia. -¿Cuánto pesó la experiencia noruega en estos principios? -Creo que recogimos experiencias de todos los fondos, que son muy diversos. En países como Noruega o Chile, el dinero del fondo es propiedad del ministerio de Finanzas, pero el Banco Central actúa como gestor operacional. En otros países, el fondo es una entidad legal, con directorio, y en otros se estructura como firma de inversiones... Y los principios tienen que ser aplicables a todo tipo de fondos. Además, en este campo hay fondos como el de Kuwait, que ya tiene 50 años, y otros (la mayoría) que fueron creados en los cinco últimos años. Todos ofrecieron parte de sus experiencias y reunimos lo que creemos que son prácticas y principios generalmente aceptados. |