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Territorio Cero

Artículo correspondiente al número 244 (26 de diciembre de 2008 al 22 de enero de 2009)

 

En el año de los grandes contrastes, poco debería sorprender a los inversionistas. Pero esto de tener a las potencias económicas con tasas de interés casi en cero, con riesgo de deflación y una banca que se resiste a retomar su actividad crediticia normal, parece demasiado. ¿Qué pasa si todas estas medidas no funcionan?


Es el fin de un instrumento”. Las palabras de Renzo Rossini, el gerente general del Banco Central de Perú, resonaron ante un repleto auditorio de Lima que analizaba los argumentos y alcances de la fuerte reducción en la tasa de interés decretada por la Reserva Federal de Estados Unidos (Fed). Y es que tras años de confianza en la política monetaria como mecanismo para regular la oferta de dinero en la economía, la sensación de escasez de herramientas convencionales comenzó a adquirir ribetes de orfandad.

En el último mes, la Fed fijó su tasa de instancia en un rango entre cero y 0,25%, el Banco de Japón bajó la suya a 0,1%, el Banco Central Europeo hizo el mayor recorte en su historia a 2,5%, mientras que el Banco de Inglaterra establecía un mínimo en 57 años, con una tasa de 2%. Y los expertos esperan nuevos recortes en Europa.

A medida que las tasas se acercan a cero, disminuye el espacio de maniobra para las autoridades. Aparecen, entonces, las medidas no convencionales y el temido fantasma nipón: el quantitative leasing o relajamiento cuantitativo, una estrategia usada por Japón para salir de su crisis en los 90. Y podría ser un arma clave en el arsenal de medidas que analizan las autoridades para lograr la recuperación económica.

En el relajamiento cuantitativo, un banco central abandona el foco usual en las tasas de interés o precio del dinero, para concentrarse en la cantidad de dinero que proporciona a la economía. Es una forma extremadamente relajada de política monetaria, que exige la máxima atención de las autoridades para sacar rápidamente liquidez del sistema una vez que la recuperación se inicia y no caer en hiperinflación. Los riesgos que conlleva hacen que sólo se considere cuando la economía está extraordinariamente débil y se han agotado las otras opciones.

Por cierto, no es necesario que las tasas estén en cero para aplicarla, ya que la idea es inyectar grandes cantidades de dinero a la economía, mucho más del que se necesitaría para alcanzar la tasa de instancia en el mercado. El éxito, en todo caso, no está garantizado, como bien lo saben los mismos japoneses que por años vivieron una compleja mezcla de tasas reales negativas y deflación.

 

Ben Bernanke es un reconocido experto en crisis. En 2002, siendo un gobernador de la FED, planteó que cuando las tasas bajan a cero y hay una amenaza real de deflación, la Reserva debe aumentar la liquidez “mediante compra de activos”. Mervyn King, el gobernador del Banco de Inglaterra, comentó ante los parlamentarios británicos que “no está claro que deba tener o tenga un contenido operacional significativo” la tasa de interés de referencia

 

 

 

Decepción

 

En períodos normales, los recortes de tasas de interés aumentan la demanda por tres vías: animan a la gente a gastar ahora y a ahorrar menos, hacen bajar la moneda y mejoran la actividad comercial y apoyan los ingresos de los deudores, que tienden a estar más limitados que los ahorristas. Pero los tiempos que vivimos están lejos de la normalidad y los mecanismos de transmisión no parecen estar funcionando. Tanto en Estados Unidos como en Inglaterra, las tasas para consumidores y empresas siguen porfiadamente altas.

Los expertos explican que la tasa oficial es una tasa de corto plazo, libre de riesgo. Prácticamente nadie en la economía real está en condiciones de pagar esa tasa: hogares y empresas se endeudan a plazos más largos, lo que genera un riesgo y, además, pueden incumplir, lo que crea otro riesgo. En el caso británico, una extrema aversión al riesgo ha hecho que sólo las tasas de los papeles del gobierno sigan la trayectoria bajista de los tipos oficiales.

Aunque la Libor también ha bajado, Mervyn King, el gobernador del Banco de Inglaterra, comentó hace algunas semanas al Parlamento británico que ahora es “en muchos modos, la tasa a la que los bancos no se prestan entre sí, y no está claro que deba tener o tenga un contenido operacional significativo”.

En cambio, las tasas hipotecarias siguen altas y sólo quienes tienen créditos con tasa variable han visto algún beneficio de los recortes. Según Financial Times, son las empresas las que han visto menos beneficios: el costo de endeudamiento con los bancos ha permanecido en 7% por los dos últimos años y el temor ha disparado los costos en los mercados de bonos para las empresas de menor calificación.

Estos movimientos limitados en las tasas que pagan personas y empresas son el resultado de la crisis de crédito y explican por qué los bancos centrales están tomando otras medidas.

 

 


Inundación de dólares

 

La decisión de la Fed de recortar sus tasas de interés a un rango entre cero y 0,25% no causó gran impacto, considerando que en el mercado la tasa había estado prácticamente en cero por un mes. Lo que sacudió a los observadores fue la crudeza del comunicado, que desnudó la severa crisis que afronta Estados Unidos, y la decisión de inundar de dólares al sistema financiero para revivir a la economía. ¿Cómo? Con las compras de deuda y títulos del Tesoro.

Claro que la Fed y, en menor medida, el BCE ya habían comenzado con el relajamiento cuantitativo, lo que es evidente en el dramático aumento de sus balances. Desde agosto, las reservas totales de instituciones depositantes en la Fed se multiplicaron por catorce, pasando de unos 44 mil millones de dólares a 644 mil millones. Y los pasivos del BCE llegaron a 216 mil millones en octubre, una variación diez veces superior al mes previo.



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