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Artículo correspondiente al número 219 (2007-12-14 al 2007-12-27)
Lo descrito hasta ahora es un fenómeno localizado, toda vez que los créditos morosos se concentran en cuatro estados de EE.UU. Sin embargo, la crisis de liquidez fue global. ¿Por qué? Decíamos que muchos de los bonos securitizados estaban en manos de fondos de inversión de corto plazo –que son grandes proveedores de liquidez– y algunos bancos. El problema es que por un tiempo no se supo de cuáles fondos y bancos, lo que desató una corrida en contra de las entidades bajo sospecha, con serias consecuencias sobre la provisión de liquidez. Esto es similar a lo que ocurriría si se anunciara que un 1% de los billetes en circulación en Santiago son falsos. El control de este tipo de evento es la razón de ser de los bancos centrales.
La diversificación internacional significa que muchos países comparten pérdidas y ganancias, aliviando a la gente directamente expuesta. Las pérdidas de esta apuesta se han repartido entre propietarios de casas e inversionistas en EE.UU., e inversionistas en el resto del mundo. La crisis hipotecaria es un fenómeno sistémico para EE.UU., pero no para el mundo y, por lo tanto, es diversificable –o al menos eso parece hasta ahora–, aunque la burbuja inmobiliaria también tuvo lugar en la mayor parte de los países industrializados. El desarrollo del mercado de capitales permite el aprovechamiento de estas oportunidades de diversificación, pero sin duda es un desafío abierto el encontrar mejores maneras de hacer contratos, que reduzcan el riesgo de fraude asociado a la complejidad.
Felipe Zurita es profesor del Instituto de Economía de la Pontificia Universidad Católica.