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Artículo correspondiente al número 242 (28 de noviembre al 11 de diciembre de 2008)
El esfuerzo ha sido enorme y radical. Decenas de programas para estudiar en el exterior fueron reorganizados y se quintuplicaron los presupuestos y las expectativas. Pero la puesta en escena del Sistema Bicentenario, el proyecto “estrella” de la presidenta Bachelet, no ha estado exenta de problemas. Se anuncian reingenierías para el 2009. Por Elena Martínez y Alejandra Rivera.
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Accidentado estreno
Ya el debut evidenció dificultades serias que alertaron tanto a los ejecutores del programa como a los expertos en materia educacional.
El primer llamado de Conicyt para asignar 800 cupos en planteles de Australia y Nueva Zelanda terminó reducido a 91 favorecidos, porque los demás postulantes no cumplían con los requisitos. ¿Falta de información? ¿Mala planificación?... Fue, por decir lo menos, decepcionante, más allá de todas las razones esgrimidas, y un balde de agua fría a la imagen de la iniciativa.
Luego llegaron los cuestionamientos de las autoridades de Canadá por el escaso dominio del inglés de los titulados en centros de formación técnica e institutos profesionales que viajaron para perfeccionarse. Se trataba de un programa preexistente, pero, ¿fue imposible una evaluación previa? La lógica indica que debió preverse el impacto, a la luz de la revisión que se hizo del proceso vigente.
Ahora se trabaja aceleradamente en una reingeniería, a base de las propuestas de un consejo asesor, para partir de “cero” con este programa becario el primer trimestre de 2009, según aclara el secretario ejecutivo de la Comisión Bicentenario Capital Humano, Javier González.
Quizás sea por esta accidentada puesta en marcha que las autoridades eluden “matricularse” con números. En vez de becas hablan de “posibilidades” que pueden ser asignadas, si se cumplen los parámetros.
Actualmente hay otra convocatoria de Conicyt que, en papel, termina este 29 de noviembre y, en la web, el 10 de diciembre. ¿Cuántas se van a entregar? “Es que nunca sabes”, es la respuesta de la presidenta de la institución, Vivien Heyl. Y recuerda que el llamado inicial demostró la falta de conocimiento del sistema por los interesados.
Un criterio similar exhibe el secretario ejecutivo de la Comisión Bicentenario Capital Humano, que depende del comité de ministros que lidera la titular de Educación, Mónica Jiménez. “No existen cupos –nos explica González–. Ponemos a disposición ciertas oportunidades, pero si no hay postulantes no se va a entregar ese número de becas. Hay partes donde sí podemos otorgar más becas si hay mejores postulantes”.
Existen dudas y preocupación sobre la operatividad una vez que empiece el proceso masivo. Pablo Eguiguren, experto en políticas públicas del Instituto Libertad y Desarrollo, destaca la fiscalización más eficiente que conlleva un proceso centralizado, pero advierte que “no se sabe cómo se va a implementar el sistema”. Y agrega que este año partieron mil personas y el 2010 se pretende triplicar, en circunstancias que en el pasado ha habido problemas con 400 u 800 personas. “No sé si la nueva institucionalidad, que no se conoce muy bien cómo va a funcionar, va a aguantar a más de 3.300 becarios”.
Para el vicerrector de Investigación y Doctorado de la Universidad Católica, Carlos Vio, esto es el resultado de “un programa que se creó de improviso y sorprendió a todo el mundo”. Tal como su colega de Investigación y Doctorado, el astrónomo Dante Minitti, cuestiona que no se pidiera la opinión de los centros de enseñanza superior, porque podrían haber sido reforzados los convenios para entrar a instituciones de calidad.
El vicerrector Vio es de la opinión de que la adjudicación de una beca tendría que tener como requisito contar con el cupo en una universidad de excelencia. Comenta que del primer llamado de las Becas Chile “sólo tres personas están aceptados en universidades”.
Independiente de las polémicas puntuales, hay definiciones básicas que aún parecen estar a medio camino.
Así, un punto central es qué se va a estudiar al extranjero, dónde y para qué.
El país tiene once cluster definidos con miras al desarrollo productivo: turismo con necesidades especiales; acuicultura; alimentos procesados; fruticultura; off shoring o servicios globales; servicios financieros; sector pecuario (avícola y porcino); telecomunicaciones; minería; construcción y logística y transporte. Se supone que allí es donde deben estar concentrados los esfuerzos de formación de capital humano.
Las Becas Chile tienen tres áreas prioritarias. En la primera, en el tramo económico, están parte de los cluster: minería, acuicultura, agricultura , turismo y off shoring. Quienes opten por estos programas son premiados con un puntaje adicional.
Mueve a la confusión que convivan con otras dos prioridades, las que no reciben puntaje extra. Una, las llamadas “transversales”, considera la biotecnología, tecnologías de la información y comunicación, medio ambiente y energía. La otra se refiere a las sociales, con educación, salud, vivienda, seguridad pública y políticas públicas.
Las argumentaciones oficiales apuntan a que, si bien hay prioridades, tampoco se pueden dejar de lado ámbitos históricamente rezagados como las ciencias sociales y la cultura. O sea, los que optan por las prioridades son premiados, pero no tienen asegurado su cupo; y, en la práctica, igual se puede postular en la especialidad de preferencia y en cualquier plantel del mundo.
Los resultados del primer llamado para doctorados y magíster en Australia y Nueva Zelanda consideran asignaciones en disciplinas prioritarias como ingeniería eléctrica, biología marina, finanzas, ciencias de la comunicación, energía, ecoturismo, información tecnológica o marketing, entre otras.
En concreto, de estas 91 becas, se adjudicaron 20 a la primera prioridad (cluster); 20 a la segunda, y 36 a la tercera. Llama la atención que las 15 restantes se otorgaran en áreas como cambio social y desarrollo, artes y estudios veterinarios, materias todas muy respetables y necesarias pero que no figuran en ningún listado de prioridades oficiales.
Quizás el asunto sea la ambición desmedida: querer cubrirlo todo. En parte, por las expectativas generadas; en parte, por los temores derivados de errar en el comienzo de una iniciativa de esta envergadura…
Frente a este punto no hay opiniones únicas. Joaquín Cardúa, ex director de educación de la Fundación Chile, no es partidario de elaborar un sistema rígido de prioridades para adjudicar las becas. “Las personas deben tener la libertad de poder elegir sobre su futuro –indica–. Por lo demás, el país puede decidir las prioridades hoy, pero cuando la persona regrese con su doctorado las prioridades ya no serán las mismas”.
Es, sí, crítico de lo realizado hasta ahora: “no hay claridad de cuáles son las prioridades. No ha habido un trabajo sistemático y tampoco se han hecho los esfuerzos para traspasarlos a las personas que están tomando la decisión de estudiar un postgrado”.

Más doctores ¿necesarios?
Históricamente, las áreas de estudio han sido fijadas por la demanda. Sin ir más lejos, recién en 2007 Mideplan partió con una incipiente priorización, que ahora pasó al olvido ante los aires de renovación. Igual ha sucedido con las universidades escogidas, fuente de críticas por no ser siempre las mejor reankeadas.
Hoy se trabaja por fomentar la vinculación con buenos planteles del exterior. Javier González menciona con orgullo los acuerdos suscritos con Australia, Nueva Zelanda, Estados Unidos, Canadá, Inglaterra, Alemania y Francia. Esto, porque se traducen en mejoras concretas, plantea. Universidades como Chicago o Berkeley ofrecen un curso de inglés gratuito de 4 a 6 meses si el postulante queda aceptado; y las australianas rebajan en 20% los aranceles.