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Tecnócratas en apuros

 

Populares en los 90, el Transantiago sirvió de excusa para restar mérito a su gestión en el gobierno. Son los tecnócratas de la Concertación. Los mismos que crecieron al alero de Boeninger, despertando la suspicacia de los políticos tradicionales. Por Lorena Rubio.

 

En los años 90 se decía que los técnicos de la Concertación eran parte esencial del proceso de “crecimiento con equidad”. En esa época eran llamados los “rescatistas”, la “elite del Estado” y su perfil de profesionales expertos en temas de gestión o en algún sector en particular, como la banca o los medios de comunicación, los convertía en figuras apetecidas por las administraciones de esos años. La mayoría de ellos venían de hacer posgrados en el extranjero y unos pocos desembarcaban recién desde el mundo privado.


En esa década la receta del oficialismo combinaba en partes relativamente iguales los principios partidarios con la misma cuota de criterios técnicos. Algo diametralmente opuesto a lo que ocurre hoy, cuando las “dos almas” de la Concertación (socialdemócratas y liberales) parecen disputando palmo a palmo las decisiones estratégicas que se toman en el seno del gobierno.

Dicen que en los 90, el “padre” de esta mezcla entre tecnocracia y política fue el ex ministro y senador Edgardo Boeninger (DC). Los miembros de esta casta lo reconocen como su mentor y a su alero crecieron los principales técnicos-progre. “Profesionales como Eduardo Bitran, Jorge Rosenblut, Jorge Marshall y yo, fuimos discípulos de Boeninger, que siempre nos alentaba a ver las consecuencias políticas de determinado proyecto o iniciativa, pero también su factibilidad técnica y económica”, recuerda el director ejecutivo de TVN, y renombrado tecnócrata oficialista, Daniel Fernández (PPD). Otro “semillero” de técnicos concertacionistas fue el Ministerio de Hacienda, mientras fue encabezado por Alejandro Foxley, en el gobierno de Patricio Aylwin.

Uno de los principales “caídos” a causa del
Transantiago es el gerente general de
BancoEstado, José Manuel Mena, quien debió
renunciar por su rol como presidente del AFT.

 
Fueron los años de auge. Hoy las cosas cambiaron y aunque su popularidad venía en baja desde antes, el Transantiago se convirtió en un hito difícil de superar. “El cambio en el sistema de transportes puso en duda las virtudes de esa elite de Estado”, afirma el director del Instituto de Investigación de Ciencias Sociales (Icso) de la Universidad Diego Portales, Javier Couso. Para el académico de la UDP, el actual descrédito de los técnicos tiene como uno de sus motivos principales “el actual desorden político que impera y la excesiva predominancia que tuvieron en el lapso 1995-2005”.


Un importante profesional que trabajó con Boeninger en los 90, y que hoy está en el mundo privado, dice que “no es justo” culpar sólo a los técnicos, porque en el Transantiago “fallaron técnicos y políticos”. Añade que la única diferencia con la política es la manera de analizar la realidad.

Uno de los principales“caídos” a causa del Transantiagoes el gerente general de BancoEstado, José Manuel Mena, quien debió renunciar por su rol como presidente el AFT.

 
Coincide en ello el PPD Jorge Rosenblut, quien califica a los técnicos como “rigóricos”, es decir, personas que analizan las cosas con profundidad, rigor y seriedad, tomando en cuenta todas las variables que inciden en ellas, así como sus consecuencias. Para él, la tendencia de la política mundial va precisamente en el sentido de elevar figuras “rigóricas” a la categoría de líderes nacionales. Según el presidente de Chilectra, el ascenso de Barack Obama y Hillary Clinton como candidatos presidenciales en Estados Unidos, o el triunfo de Sarkozy en Francia demuestran que los políticos de la vieja guardia están en retirada.


Como sea, en lo que el mundo político esta de acuerdo es que los técnicos hoy están “magullados” y que dejaron de ser los primeros “elegidos” para sacar adelante las reparticiones públicas.

 

 

 

Casos y causas

 

 

René Cortázar (DC, ex ministro del Trabajo, ex director ejecutivo de TVN y actual ministro de Transportes) es todo un icono en la materia. Sus logros políticos y empresariales lo posicionaron con éxito en el mundo privado. Asumió un rol destacado en Icare y ocupó un sillón en varios directorios de sociedades anónimas.

Por lo mismo sorprendió que aceptara uno de los retos más críticos de su carrera como ingeniero comercial: sacar adelante el Transantiago, exponiéndose al escrutinio de todos los sectores y a la posibilidad de fracasar en el intento. ¿Su fortaleza? El respaldo político de La Moneda y de la directiva de su partido.

Más magullado en estos momentos aparece el presidente ejecutivo de Codelco José Pablo Arellano (DC), a quien se le reconoce un exitoso paso por la Dirección de Presupuestos (1990-1996), Ministerio de Educación (1996-2000) y Fundación Chile. Hoy no sólo enfrenta los cuestionamientos de la derecha –que formó una comisión investigadora por el alza de costos en la minera– sino también de sus propios pares de la Concertación. Camilo Escalona, el presidente del PS, lo acusó de ser el “responsable” de la crisis generada con los subcontratistas de la estatal. Por la relevancia que tiene Codelco la gestión de Arellano se ha convertido en el símbolo de las críticas a los tecnócratas.

El PPD Eduardo Bitran también gestionó la Fundación Chile durante casi una década –con reconocido éxito–, pero en los últimos meses ha enfrentado una serie de críticas por su gestión en el Ministerio de Obras Públicas (MOP). Bitran es otra víctima de las esquirlas del Transantiago, porque en su calidad de coordinador del comité de ministros del plan de transportes, no supo “anticiparse ni ser proactivo respecto a la crisis que generaría este cambió”, como concluyó la comisión investigadora de la Cámara de Diputados. Otro técnico en problemas a causa del Transantiago es el gerente general de BancoEstado, José Manuel Mena (simpatizante DC) quien deja su cargo a fin de mes, tras doce años en la entidad estatal, a causa de su labor como presidente del Administrador Financiero del Transantiago (AFT).

 

 

 

La defensa

 

 

Pero los técnicos no están de brazos cruzados y pretenden defenderse con dientes y uñas ante lo que consideran como acusaciones injustas y motivadas por criterios estrictamente políticos.

El primero en abrir los fuegos es Mena, para quien su salida de BancoEstado fue sólo una forma de calmar los ánimos en medio de un clima donde de uno y otro lado pedían cabezas por las responsabilidades de la puesta en marcha del sistema diseñado durante el gobierno de Ricardo Lagos. Según él, ha faltado respaldo de quienes ejercen cargos políticos.

“A los técnicos se les hace difícil hacer bien su trabajo si no cuentan con el respaldo adecuado”, sostiene el ex presidente del AFT. El ejecutivo –a quien todos sindican como uno de los personajes clave en la modernización e internacionalización de BancoEstado– explica que “La Moneda siempre mostró una lejanía respecto a lo que estábamos haciendo en el banco”. Según Mena, la contracara de esta cierta indiferencia fue que la plana mayor de la entidad estatal contó con plena autonomía para emprender los cambios que se necesitaban. A esta independencia para trabajar se suma el hecho de ser una de las empresas autónomas del Estado que se autofinancia y genera ganancias.

Si bien es cauto a la hora de explicarse la razón de su salida, el ejecutivo entrega una clave. “Durante mucho tiempo debimos lidiar con las peticiones de políticos que nos pedían solucionar la situación financiera de alguna empresa en particular o ayudar a un amigo en desgracia”, explica.

 



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