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Artículo correspondiente al número 281 (29 de julio al 15 de agosto de 2010)
El cuidado del medioambiente pasó a ser una herramienta de competitividad, y si una empresa no se hace cargo, es probable que sufra consecuencias comerciales y económicas. Por esta razón, Fundación Chile y Revista Capital presentan el primer ranking nacional de las Empresas Mejor Preparadas para Enfrentar el Cambio Climático. Por Sandra Burgos y Paula Vargas.
Chile tiene una economía abierta al mundo. La orientación exportadora de sus empresas las vuelve vulnerables a los cambios y exigencias regulatorias de los mercados,; entre éstos, los referidos a temas de sustentabilidad. Dado lo anterior, Fundación Chile y Revista Capital, decidieron unirse y presentar el primer ranking de las empresas mejor preparadas para enfrentar el cambio climático. Un tema que, podríamos decir, promete subir de temperatura.
Hace un año, en su primera edición verde, Capital planteó la problemática del cambio climático en el mundo de los negocios y puso sobre el tapete la importancia de contar con mecanismos de medición de la huella de carbono. Un asunto crítico para las empresas y que la gerencia de Bosques, Industrias, Construcción y Servicios Sustentables de Fundación Chile, que lidera Aldo Cerda, tomó entre manos con un acabado estudio para medir la vulnerabilidad de las empresas al cambio climático y los desafíos que esto representa en los mercados donde operan, incluido el nacional.
Se trata de una investigación enteramente acometida con recursos propios, aplicada a 101 empresas –se contactaron más de 300–, y en la que estuvieron involucrados varios de los profesionales de Fundación Chile.
Fue así como se constituyó un grupo ad-hoc para este trabajo, cuidando que no tuviese conflictos de intereses con tales actividades. El team leader del estudio fue Sergio Altamirano, Director Asociado de Estudios y Gestión en Eco-Retail de la gerencia.
Los resultados del test

En esta edición, Capital publica la lista de las 25 empresas mejor preparadas para enfrentar el cambio climático. Cinco de ellas (Unilever, D&S, Natura, Colbún y CCU) nos abrieron sus puertas para contarnos cuáles han sido las acciones que han realizado para enfrentar exitosamente este tema. De sus experiencias es posible extractar varias conclusiones, muy reveladoras de lo que está pasando en el mundo empresarial chileno respecto a esta variable ambiental.
Aquí presentamos 10 claves que identificó el estudio de Fundación Chile y que dan cuenta del dinamismo y la potencia que está ganando la dimensión gestión del cambio climático en el quehacer de nuestras compañías:
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El buen performance forestal.
Las tres principales empresas de este sector rankean dentro de las Top-25. A pesar de que han trabajado en forma separada el tema, las compañías forestales líderes han respondido activamente al desafío del cambio climático y, a pesar de que sus productos son comoditizados, han visto el potencial de transformar el buen performance del sector en una fuente de comunicación en mercados desarrollados donde temas como la certificación internacional de sustentabilidad forestal ya es parte de la línea base de gestión.
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Las viñas, punta de lanza entre los clusters.
La industria del vino no es un sector de emisiones significativas, pero la preocupación de ciertas cadenas de retail, particularmente en Gran Bretaña, las hizo adelantarse en el tema. Cuatro de las seis viñas que respondieron el cuestionario se encuentran entre las 30 primeras del ranking, y todas están sobre la media de los resultados.
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En el retail están las mayores brechas.
No es extraño que D&S se encuentre en las posiciones de avanzada, habida consideración que Walmart ha hecho de la variable sustentabilidad un issue crítico de competitividad. Sin embargo, el resto de la industria no se ha puesto a tono. A pesar de que los expertos de Fundación Chile prevén una inminente explosión del mercado doméstico de productos y servicios “carbono neutral”, los otros retailers que respondieron a la encuesta (tiendas por departamentos, home improvement y supermercados) se encuentran bastante más abajo de la medianía de la tabla. Aún así, sus especialistas apuestan a que, igual que en el pasado, el sector reaccionará de manera muy ágil a este nuevo desafío en los próximos meses.
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Proactividad de la minería.
Uno de los principales sectores consumidores de energía en el país muestra alta proactividad en el tema. Todas las empresas consultadas se ubican entre las 40 primeras del ranking. Y eso que es un sector complejo, ya que la ley de los minerales cae en el tiempo, lo que obliga a un mayor procesamiento de material estéril. Asimismo, aumentan las distancias de transporte conforme se van explotando yacimientos más extensos. Ni hablar de los problemas con el agua, que ha obligado a las mineras a pensar proyectos tan intensivos en energía como desalinizar agua de mar. Todo ello las ha llevado a optimizar fuertemente sus procesos, tratando de reducir por esa vía su exposición frente al tema. Y aun cuando son confidenciales, todas ellas preparan una batería de proyectos adicionales para reducir su huella de carbono.
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Un tema obligado para el sector energía.
A la proactividad de varias de las empresas generadoras consultadas –lo que les permite figurar en las posiciones de vanguardia del ranking–, se une la preocupación de otros actores relacionados en el mundo de la distribución o de la sustitución de combustibles. En el sector energía existe una preocupación real por transformar el tema de la huella de carbono en uno central de su estrategia de posicionamiento comercial, en el que las bajas emisiones de CO2 serán un atributo de atractivo creciente en el mercado, premiará cada vez más a las industrias limpias y eficientes.
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Sectores sensibles picando desde atrás.
Las industrias altamente intensivas en el uso de energía han sido “las primeras de la lista” cuando se trata de imaginar esquemas regulatorios para reducir el volumen de sus emisiones en el mundo. Entre ellas, se observa que sectores como el cementero o el metalúrgico están lejos de las posiciones de avanzada en el ranking (no todas respondieron a la encuesta). Sin embargo, el factor común es que todas están en proceso de medir su huella y formalizar propuestas de reducción de la misma.
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Exportadores boutique a la zaga.
A diferencia de lo que pasa con el vino, los exportadores frutícolas no han “sentido” la presión de la demanda internacional y, por eso, sólo este año empezaron a medir su huella de carbono o a formalizar programas de eficiencia energética para reducirla. Algo similar ocurre con las salmoneras. Saliendo de su peor año, recién ahora empiezan a percibir que este es un nuevo flanco en su posicionamiento comercial y que se requiere una acción enérgica de su parte, antes de que la competencia noruega o escocesa imponga su ventaja de cercanía a los centros de consumo. Todas las empresas que respondieron el cuestionario en estos sectores están más allá del lugar 50 en el ranking.
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Los que podrían ganar… pero no se han movilizado.
En los países desarrollados se define como economías “bajas en carbono” a aquellas en que la matriz productiva se mueve desde la industria pesada tradicional –altamente demandante de energía–, a una del conocimiento. O, como dicen los especialistas, a una “desmaterializada”. En ese encuadre, las empresas vinculadas a las tecnologías de información y comunicaciones están en la primera línea para aprovechar las oportunidades que ofrece el nuevo escenario. En Chile, aún no se nota la tendencia, y sólo se vislumbran incipientes esfuerzos vinculados mayoritariamente al sector de telefonía móvil.