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Artículo correspondiente al número 212 (07 al 20 de sept 2007)
John L. Hennessy, rector de la que es considerada una de las dos mejores universidades del mundo, entrega las claves de la educación universitaria. “La curiosidad intelectual y la pasión por aprender no se logran con la enseñanza abocada a una profesión. Nacen del gozo que provoca el saber la disciplina propia, pero también el entender la de otros”. Por Andrés Benítez
En su página principal de internet, la Universidad de Stanford se encarga de corregir uno de los mitos que la rodea y que más los molesta. Este se refiere al hecho de que Leland Stanford –antiguo gobernador de California– y su mujer, Jane Stanford, decidieron fundar su propia universidad luego de que su hijo fuera rechazado en Harvard. Nada más absurdo, se indica, toda vez que el hijo de los Stanford murió a los 16 años, antes de postular a la universidad.
El detalle no es menor si se reconoce la rivalidad que existe entre Harvard y Stanford, planteles que año a año se pelean los primeros lugares en los rankings de las mejores universidades del mundo. Son los mismos rankings donde dos o tres chilenas se jactan de aparecer entre las primeras 500 mejores del planeta.
Fundada hace cerca de 120 años, Stanford ha tenido solo diez rectores. John L. Hennessy, el hombre que desde el 2000 ocupa esta privilegiada posición, visitó Chile hace algunas semanas como parte de la comitiva de la Secretaría de Educación de los Estados Unidos.
Hennessy, formado como ingeniero eléctrico, es uno de los investigadores pioneros en lo que se conoce como la arquitectura de los computadores, campo en el cual ha sido galardonado en numerosas oportunidades. Como buen hijo de Stanford, es además un exitoso empresario, siendo cofundador de la empresa MIPS Technologies, al tiempo que integra varios directorios, entre ellos de Google, la compañía que formaron precisamente dos alumnos de Stanford.
-¿Google es una excepción o es parte de una cultura de emprendimiento de Stanford?
-Ciertamente es una cultura. Google, Yahoo, Cisco, Hewlett-Packard, entre otras, son ejemplos de ex alumnos que capturaron la esencia de nuestra formación, que no es otra cosa que la pasión por aprender y la audacia para tomar riesgos.
-¿Cómo se logra esa cultura?
-En primer lugar, seleccionando muy bien a nuestros alumnos. Stanford recibe todos los años cerca de 18 mil postulantes y solo 1.600 de ellos acceden a la universidad. Muchos de ellos son los mejores estudiantes del mundo.
-¿En qué se fijan al momento de seleccionar?
-En muchas cosas, partiendo por sus antecedentes académicos. Pero lo que nos importa verdaderamente es que sean personas que tengan mucha curiosidad intelectual y pasión por aprender. Para ello, tiene que ser gente que esté dispuesta a tomar riesgos.
-¿Tomar riesgos en qué sentido?
-Durante el proceso formativo los incentivamos a tomar cursos fuera de su área de especialidad. Que no se refugien en lo que saben, que es lo más fácil, sino que expandan su conocimiento hacia otras disciplinas. Esto para nosotros es la base de la educación de pregrado. Es la base de la formación liberal en la cual Stanford está comprometida desde su fundación.
-En Chile existe actualmente un fuerte debate entre este tipo de educación y la más profesional, que es la que ha caracterizado a nuestro sistema. ¿Cuáles son las ventajas de la llamada liberal education?
-La primera es filosófica y tiene que ver con lo que entendemos por educación universitaria de pregrado, o lo que nosotros llamamos el college, la que no puede ser vista como el pasaje para conseguir el primer trabajo. Por el contrario, nosotros entusiasmamos a los alumnos para que piensen su educación de pregrado como un viaje que se realiza una vez en la vida. Uno puede hacer muchos postgrados, pero el pregrado es una experiencia única para desarrollar las destrezas y la pasión para seguir aprendiendo en el área en que estén, pero también en las que no están relacionadas con la carrera que están buscando. Es un proceso fundador para toda la vida.
-¿Cuál es el sentido de exponer a los alumnos durante esta etapa al estudio de múltiples disciplinas?
-Es el principio básico de la educación liberal. En palabras de John Stanford, se trata de entregar a los alumnos la capacidad, pero también la felicidad que otorga el entender, apreciar y disfrutar no solo el conocimiento propio, sino también el de los otros. Piense en lo poderosas que resultan hoy estas palabras. Hace 50 años quizá era posible enseñar a una persona ingeniería y presumir que esos conocimientos lo acompañarían toda la vida. Pero hoy, cuando vivimos en la sociedad del cambio, eso es imposible, porque las personas tendrán que seguir aprendiendo. Y es ahí donde la educación liberal adquiere su mayor fortaleza.
-¿En qué sentido?
-Porque lo importante es que junto con un cuerpo sólido de conocimientos, los alumnos desarrollen la habilidad de aprender a aprender, el pensamiento crítico y la comunicación efectiva, entre otros. Y ello sólo se logra exponiéndolos a otras disciplinas.