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Reportajes y Entrevistas
Sin dejar huellas

Artículo correspondiente al número 281 (29 de julio al 15 de agosto de 2010)

 

Es cierto. Por las venas de Capital corre sangre verde. Más ahora, que decidió medir su huella de carbono y neutralizar esta edición dedicada al tema medioambiental. El proceso, que tardará varias semanas, cuenta con el apoyo de la recientemente creada bolsa climática de Santiago (SCX), con dos socios ideales: Celfin Capital y Fundación Chile. Esta es una decisión a firme y sin vuelta atras. Por Cristian Rivas N.

 

Hacía tiempo que a Capital venía seduciéndole la idea de neutralizar su huella de carbono, integrándose al selecto grupo de empresas que ya está transitando por esa vereda verde. Y si bien en ese sendero no seremos los únicos, sí queríamos transformarnos en una de las primeras revistas en el mundo que encaraba un reto de tal envergadura. Aunque los temas ambientales son parte de nuestro ADN, el hecho de que ninguna otra publicación de nuestro tipo en América haya incorporado esta preocupación –hay experiencias en Europa y Nueva Zelandia– le daba el atractivo final.

La nueva aventura, eso sí, no será del todo fácil. Requerirá de varias semanas de dedicación antes de dar con el número exacto de nuestras emisiones de carbono, para recién entonces comenzar el proceso de neutralización de esta edición verde, por medio de la compra de bonos de carbono. Pero lo importante es que el primer paso ya está dado: nadie mejor que Celfin Capital y la Fundación Chile para echarnos una mano. Ellos formaron el año pasado la primera bolsa climática en Latinoamérica –Santiago Climate Exchange (SCX)– y ya comenzaron a realizar mediciones de este tipo en distintas iniciativas, como paso previo a convertirse en un ente formal que comercializará bonos de carbono del país y de la región, como es su apuesta.

El proceso de nuestra medición partió hace un par de semanas. Primero, con reuniones entre los equipos de ambos lados para definir la forma en que se comenzará el trabajo en terreno; y ahora último, con la primera visita inspectiva a nuestras oficinas. Ese fue el puntapié inicial para delinear el funcionamiento del negocio, paso previo para iniciar los requerimientos de información en todas las unidades y persona a persona.

A cargo de este trabajo está Ricardo Carrasco, director del programa Biocombustibles y Huella de Carbono de Fundación Chile, quien calcula que el proceso puntual para Capital tardará por lo menos unos tres meses. Dice que las mediciones y la toma de información demoran habitualmente un mes y medio, dependiendo de las complejidades propias de cada empresa, y el tiempo restante se utiliza para las revisiones a cargo de instituciones que verifican la autenticidad de los datos y la búsqueda y compra de bonos en el mercado internacional.

Como dato anexo de todo este despliegue, Carrasco explica que la metodología aplicada para determinar las emisiones de carbono separa estas emanaciones en tres categorías: en el primer grupo se cuantifican las que provienen de combustión directa, como el uso de vehículos propios o que presten sus servicios al negocio; el segundo segmento agrupa el consumo de energía eléctrica y la fuente de donde proviene, mientras que la tercera área incluye todos los otros aspectos individuales de cada empresa, incluso algo tan mínimo como establecer la procedencia de un lápiz, pasando por aspectos relevantes, como la forma en que los empleados llegan a su trabajo todos los días.

Aunque cueste creerlo, el transporte utilizado por los trabajadores de una empresa es uno de los elementos que más carbono lanza a la atmósfera. SCX ya ha podido comprobarlo en los casos que ha cuantificado durante el año. Entre ellos está el del municipio de Vitacura, que fue el primero del país en someterse a esta medición, con un resultado que no deja de sorprender: produce 1.500 toneladas anuales de carbono y el 86% de esa cantidad corresponde al transporte de sus funcionarios.

Nace una industria

Además de los esos cálculos, SCX ha realizado la neutralización de varios otros proyectos. El gerente general, Carlos Berner –de quien surgió la idea de armar la bolsa climática–, cuenta animadamente que desde que se lanzó el proyecto, en octubre de 2009, ya suman cuatro iniciativas de este tipo. Además de neutralizar el edificio municipal de Vitacura, trabajaron con los autos que renovaron su patente en esa municipalidad y unos 1.100 conductores compraron voluntariamente bonos de carbono para revertir su efecto en el medioambiente. A ello se suman la neutralización del pabellón chileno en la Expo Shanghai y la participación de la selección chilena de fútbol en el Mundial de Sudáfrica.

Al igual que en Capital, el tema de la huella de carbono ha calado hondo en las empresas. En la bolsa climática se encuentran por estos días afinando el ingreso y la participación de varias empresas socias a su propiedad, y asesorando a muchas otras que transarán a partir del próximo año –como se espera– sus bonos de carbono en esta entidad. La firma conformó este año un directorio técnico, que será el encargado de definir los proyectos susceptibles de emitir bonos, y que está siendo asesorado nada menos que por el estadounidense Ken Newcombe, considerado por muchos el padre de los bonos de carbono.

Le preguntamos al gerente técnico de SCX, Aldo Cerda, si el mercado chileno daba para tener una bolsa climática y nos respondió con un rotundo sí. Anota que el país emite hoy 85 millones de toneladas de carbono, por sobre lo que produce Nueva Zelandia (70 millones de toneladas), nación que ya cuenta con una institución de este tipo. Hasta hace poco –indica–, los bonos de carbono eran percibidos como una línea adicional de ingresos para las empresas –pues obtenían recursos suplementarios a su giro–, pero hoy la situación está cambiando, ya que las compañías están viendo la necesidad de neutralizar sus emisiones por una cuestión de competitividad de sus productos en todo el orbe. “Casi todos están midiendo su huella, porque si no lo hacen se van a quedar atrás”, advierte.

Por eso, sus fundadores no dudan que la bolsa climática será un nuevo referente de negocios en el país; sobre todo, para las firmas exportadoras. De hecho, Cerda dice que hacia 2015 ya debería estar transando unos 15 millones de toneladas de carbono, que a un precio promedio de 25 dólares implicarán transacciones en torno a los 375 millones de dólares. Todo un negocio, pero verde.

La mirada ambiental de los socios de SCX
Oscar Guillermo Garretón Presidente (interino) de Fundación Chile

Las emisiones de CO 2 ya son un tema ineludible de la economía mundial. Tienen que ver con la viabilidad futura del planeta y ya comienzan las exigencias sobre la huella de CO 2 en países desarrollados que son decisivos para las exportaciones de que depende el dinamismo de nuestra economía. Ser capaces de medir las emisiones en cada producto y de compensar aquellas que resultan inevitables es, para la economía chilena, una necesidad. A nivel mundial nuestras emisiones son pequeñas, pero sería ingenuo pensar que en los mercados de que dependemos aceptarán productos chilenos que no se atengan las exigencias que ya les están poniendo a sus propias empresas. La Bolsa Climática de Santiago es una innovación de impacto para Chile. Lo sitúa como país de avanzada en este tema altamente sensible. Pero no es todo lo que hacemos como Fundación Chile. Las energías renovables también tienen que ver con el combate a emisiones de CO 2, además de nuestra seguridad energética futura. Por eso trabajamos en energía solar, área donde Chile tiene gran potencialidad, y en geotermia.

Juan Andrés Camus Presidente de Celfin Capital Celfin Capital es visión y acción.

Este valor nos impulsó a participar en la creación de SCX y gestionar iniciativas que ayuden a tomar conciencia en relación a los efectos del cambio climático, un tema medioambiental que implica una revolución en el paradigma de la economía del futuro. Creemos firmemente en la importancia de anticipar los cambios y asumir el liderazgo, desarrollando las plataformas necesarias para adaptarse. Somos el primer país de Latinoamérica en tener una bolsa de clima. A través de SCX hemos logrado que Chile tenga la primera municipalidad carbono neutral del Cono Sur; el primer pabellón carbono neutral de Expo Shanghai 2010, y nuestra Selección Nacional fue la primera delegación del mundo en neutralizar su participación en Sudáfrica 2010. Estos eventos icónicos posicionan a Chile al más alto nivel en un tema que comienza a dominar los mercados mundiales. La huella de carbono y su reducción apelan a lo más importante de una economía: la eficiencia. Optimizar recursos y proteger el planeta es el camino de la economía del siglo XXI , una economía verde, sustentable y eficiente.

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