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Artículo correspondiente al número 240 (31 de octubre al 13 de noviembre de 2008)
Ni la llegada de las grandes tiendas ha sido capaz de restarle liderazgo en el retail de Curicó y otras cinco ciudades de la VI y la VII regiones. Con su tienda Multihogar como estandarte, Benjamín González es uno de los empresarios más reconocidos de la zona. En poco más de 30 años, ¡vaya que tiene historias para contar! Desde su Guiness Record por organizar el bingo más grande del mundo, hasta su incursión en nuevos negocios, como el de las frutas, los vinos y las radios. Todo un personaje. Por Cristían Rivas Neira; Fotos, Enrique Stindt.
Es cierto. Si hablamos de Benjamín González, en Santiago son pocos los que identificarán su nombre, o por lo menos tendrán alguna idea sobre su actividad empresarial en el sur. Muy distinto es preguntarle a alguien de Curicó o sus alrededores, donde “don Benjamín” es un nombre conocido hasta por los integrantes de la barra Los Marginales, del club deportivo Curicó Unido. Con ellos se le ha visto incluso tocar el bombo en las céntricas calles de esa ciudad maulina.
Benjamín González es dueño de la cadena Multihogar, que con seis tiendas entre la VI y la VII regiones, ya tiene tres décadas de funcionamiento en sus hombros. Su historia está llena de batallas. Ha enfrentado por lo menos a un par de crisis económicas, aunque sin duda lo más meritorio es su lucha contra la competencia que generó la expansión regional de grandes tiendas como Falabella, Ripley o Paris.
Al más puro estilo de David contra Goliat, ninguna de estas poderosas cadenas ha sido capaz hasta ahora de quitarle mucho espacio en la torta del consumo en esas zonas. Con estadísticas en mano –elaboradas por Gfk Adimark–, el propio González nos confirma que su participación de mercado se ha mantenido en la punta, con el 30% o más en los segmentos de línea blanca y electrónica, que han sido su caballito de batalla desde el principio.
Su sello es la cercanía con la gente. No lo dice él, pero lo percibimos claramente en las horas de conversación que nos brindó. Con la misma calidez y soltura con que conversa con sus principales ejecutivos, también lo hace con sus trabajadores y, más todavía, con los clientes que visitan la tienda de Curicó. Basta darse una vuelta con él por los pasillos o salir unos minutos a la calle para sentir esa cercanía.
Tampoco es ostentoso. Nos queda claro cuando tiene que atender una llamada telefónica y saca de su chaqueta un celular que seguramente lo acompaña ya por años. Con él, dice, puede hablar desde cualquier lugar; incluso, desde los campos que últimamente forman parte de su apuesta agrícola. “Por eso no me he modernizado”, nos cuenta, mientras pone el aparato cuidadosamentede vuelta en su bolsillo.
Como la mayoría de los grandes empresarios en sus inicios, también partió desde abajo. Tras estudiar contabilidad en el Instituto Superior de Comercio de Santiago, fue por varios años vendedorde una tienda ABC –que por ese entonces funcionaba bajo la marca Abastible, en manos de la familia Angelini–, donde escaló posiciones hasta convertirse en gerente de local. Así conoció la filosofía del negocio y maduró la idea de incursionar de forma independiente en el rubro.
Mirando en retrospectiva, es evidente que su decisión ha rendido muy buenos frutos. Además del fuerte posicionamiento de Multihogar –con el que logró facturar en 2007 unos 60 millones de dólares–, hace varios años está incursionando en el negocio agrícola, con la productora y exportadora de frutas Gonzagri que, entre manzanas y cerezas, sumó ventas por 15 millones de dólares el año pasado. Pero eso no es todo, porque también es reconocida su incursión al mundo radial, al adquirir hace algún tiempo cuatro frecuencias de la zona, incluida Radio Condell, una de las tres más antiguas del país. Y no menos importante es su reciente decisiónde embotellar vinos.
“Cuando comencé a ver que las grandes tiendas incursionaban en las regiones y arrasaban, pensé que había que tener una alternativa para no quedarme sin hacer nada, porque, o me van a comprar, y... ¡vaya que intentaron comprarme en alguna oportunidad!, o me van a aplastar. Al final no lograron aplastarme, pero sí quedé con las bases del negocio frutícola”, afirma.
Lancha torpedera
Con mucha tranquilidad cuenta que la competencia que llegó con las grandes tiendas fue el ingrediente perfecto para mantenerlo activo. “Lo que hicimos fue pensar en lo que resolvieron los vietnamitas cuando llegaron los estadounidenses en los 60. Llamé a mis trabajadores y les dije: un Falabella es un portaaviones, nosotros somos una lancha torpedera. Ellos tienen la fuerza, pero nosotros tenemos la movilidad, por eso hay que llevarlos al terreno difícil”.