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Bienvenido, te encuentras en Inicio Reportajes y Entrevistas Sergio Onofre Jarpa "¿Que haya habido una política para matar gente? Nunca" |
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Artículo correspondiente al número 282 (13 al 26 de agosto de 2010)
Fue el propio presidente Sebastián Piñera quien lo destacó entre las figuras de Renovación Nacional en el marcó del reciente consejo general del partido. Pero este ex ministro del Interior, ex embajador y ex senador mira la política a la distancia. Desde Talca, desde su campo, el lugar que siempre soñó. Y desde allá juzga y critica, en especial, la evaluación actual del régimen militar. “Hay muchas cosas que, si uno piensa, habría sido mejor no hacer, pero, ¿cuál era la alternativa?”, medita. Por Magdalena Ossandon.
El ex senador y ex ministro del Interior Sergio Onofre Jarpa, quien durante su gestión entre los años 1983 y 1985 promovió con éxito el retorno masivo de exiliados a nuestro país, hoy se encuentra alejado de la política, dedicado a los caballos, animales y cultivos en su fundo El Totoral, ubicado de Talca hacia la costa. En su casa, en medio de los cerros, otorgó una entrevista exclusiva a la periodista Magdalena Ossandón para el programa Persona Personaje que conduce y transmite canal 13 C los martes, a las 23 horas.
Revista Capital adelanta a ustedes algunos momentos de una conversación en tono abierto, claro y transparente, en la que el ex ministro del Interior, ex embajador en Colombia y Argentina y ex senador de RN ahondó en aspectos personales de su vida y entregó su visión de la actualidad política.
-¿Siente que existe una cierta deslealtad de las personas que hoy día reniegan, o un darse vuelta la chaqueta, de haber apoyado al régimen militar?
-Bueno, yo creo que se hace hincapié en un aspecto que yo entiendo perfectamente y comparto. Hubo abusos en algunos casos y en algunos sectores, y hubo enfrentamientos armados que podrían, tal vez, haberse evitado con un poco más de paciencia o de manejo de situaciones sin ir inmediatamente al enfrentamiento. Pero los que empezaron no fueron los militares. Los que se salieron de molde no fueron los militares. Hay que ver el manifiesto del Partido Socialista para entender quiénes se salieron. Y cuáles fueron las consecuencias. Proclamar la lucha armada, como lo hicieron ellos, era claramente un enfrentamiento con las Fuerzas Armadas. Ni siquiera era un enfrentamiento que podía venir en un momento determinado, sino que planificado y enseñado a la gente que querían movilizar para esto.
Hoy día no se pone en la balanza la preocupación primordial que tuvo el gobierno militar de evitar una guerra entre frentes, que habría significado muchas pérdidas de vidas humanas y que se habría proyectado quién sabe cuántos años más para adelante. Eso no se valoriza ni se menciona. No se menciona la recuperación de las actividades productivas en el país ni la apertura de la economía chilena hacia el exterior. Hay una serie de cosas que no se mencionan y en cambio a la pregunta ¿qué es el gobierno militar?, se responde con el atropello a los derechos humanos.
Creo que en muchos gobiernos se producen atropellos que a veces son incontrolables, pero una política de atropello permanente de los derechos humanos, como ha existido en Cuba, con los aplausos de todos los marxistas chilenos, nunca se planteó. Y en la primera oportunidad en que la situación del país comenzó a mejorar y empezó a entenderse el sentido de la política de pacificación y reestructuración que estaba haciendo el gobierno militar, se planteó el regreso de los exiliados. Esa fue la primera tarea que nos propusimos. Y creo que se cumplió, pero nadie lo reconoce.
-Mientras usted fue ministro del Interior, ¿no hubo una política sistemática de violación a los derechos humanos?
-Nunca supe ni conocí ni me pareció que hubiera una política sistemática. Todo lo contrario. La idea era evitar los enfrentamientos, porque –desde luego– un enfrentamiento entre connacionales va dejando siempre un relleno de resentimiento para el futuro. Y eso es algo que siempre hay que evitar. Además, en la medida de lo posible, se evitó. Aquí todos sabían el tema, por ejemplo, de las brigadas marxistas que existían en diferentes partes de Santiago. Nunca hubo una encerrona para matar gente, como dicen. Nunca, nunca. Todo lo contrario. ¿Que haya habido una política para matar gente? Nunca. Yo no vi a nadie que odiara a los otros, porque eran chilenos. No. Era una posición de defender lo que quedaba de Chile, que no cayera en manos de un gobierno marxista. Tal vez ahora nosotros estamos viendo cómo empieza a derrumbarse al gobierno cubano. Fíjese que en Chile podríamos haber tenido la misma suerte o el mismo recorrido si no hubieran intervenido las FFAA.
-¿Qué lo hizo apartarse de la política? ¿Tuvo una desilusión, algún acontecimiento que lo llevó al retiro absoluto en el campo?
-Mi interés, desde que empecé a trabajar con mi padre, fue el campo. Vivir en el campo. Entonces, cuando terminé mis compromisos políticos con la senaduría por Linares, me quedé en la zona, porque ya había comprado este predio.
-¿Hubo también un poco de hastío de la política? Usted era esencialmente un animal político y, de repente, desapareció…
-Mire, yo no creo que existan animales políticos o no políticos. Yo creo que uno hace lo que puede o lo que tiene ganas de hacer. Y yo siempre tuve ganas de vivir y trabajar en el campo.
-¿Cómo evalúa usted este período democrático, con ya cuatro gobiernos de la Concertación y uno de la Alianza, de la centroderecha?
-Siendo senador por Linares me tocó trabajar en la cámara alta con gente de la Concertación. Casi todos los que tratábamos allí eran del Partido Democratacristiano, y a mi me parecían bien. Incluso compartíamos muchas de las votaciones. Ahora los encuentro un poco cambiados, con mucho resentimiento y con poco cuidado en lo que hacen en cuanto a si puede perjudicar o no al país. Eso no le interesa mucho a los políticos, sino más bien piensan qué ventajas tiene una posición u otra. A mí me tocó un Senado en que sacamos adelante una serie de cosas que han dado muy buen resultado. Creo que ese clima se logró con el primer gobierno democratacristiano, con Patricio Aylwin, a quien conozco mucho y con quien se podía hablar.