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Artículo correspondiente al número 250 (17 al 29 de abril de 2009)
Hermógenes no muere. Aunque se declare enterrado y sepultado, el recuerdo de su feroz pluma semanal sigue vigente. Capital adelanta en exclusiva parte de la entrevista que concedió en el programa Persona Personaje (canal 13C) a la periodista Magdalena Ossandón.
Ocurrió justo el último día de 2008. Hermógenes Pérez de Arce aprovechó su columna semanal de El Mercurio para despedirse de sus “ex feligreses” y esfumarse. Abrupto término para 27 años de artículos y editoriales que lo posicionaron como un referente de la derecha “a secas”, esa que propugna el menor rol posible del Estado y que no reniega de su respaldo al gobierno militar.
Dice que se siente muy bien “escondido”, en una “feliz eternidad, enterrado y sepultado para siempre” junto a su visión de la derecha desaparecida, pero aún así hizo una excepción y recibió al equipo de Persona Personaje. En el programa, que se trasmitirá el martes 21 de abril a las 22:00 horas en el canal 13C, toca temas contingentes y aspectos más personales de su vida como hombre público, abogado, escritor y periodista.
-El 31 de diciembre de 2008 escribiste tu última columna en El Mercurio que titulaste Mi alegría ya viene. ¿Llegó tu alegría?
-Sí, sí. Porque todos tenemos un yo interno y tenemos el yo total, que es lo que uno hace. Y muchas veces el yo global o total no está de acuerdo con el yo interno. Soy una persona –aunque algunos puedan no creerlo– tímida, retraída. Disfruto mucho de mi vida dentro del hogar; me entretengo mucho con cosas que no tienen que ver con la vida pública y, sin embargo, todas mis actividades han estado un poco enfocadas a la vida pública. Entonces, cuando vi que mi actividad como columnista –que tenia cierta connotación, porque se manifestaba en que era el más leído según las encuestas; el que recibía más comentarios, según constaba en el propio correo electrónico, en el blog del diario, y que lo comentaban en la radio o en los medios– me obligaba a una exposición pública que pertenecía a lo que se estaba constituyendo como mi yo global, total, pero que era distinto a mi yo interno. Y de repente me encontré con que estaba contra todo el mundo. Yo he estado acostumbrado a ir contra la corriente, pero siempre pertenecía a una minoría. Ahora no tenía ni siquiera la minoría. O sea, la mayoría y la minoría estaban en contra mía. Y eso fue lo fundamental.
-Pero, ¿renunciaste o te pidieron la renuncia?
-No. Renuncié. ¡Todo lo contrario! Creo que no le pareció bien ni al dueño del diario, Agustín Edwards, quien me dijo: “¿por qué te vas? Lo lamento enormemente. Por qué no reconsideras la decisión”. Y todos en el diario me dijeron lo mismo. El director, el gerente… No estaban de acuerdo con que yo me fuera. Así es que fue una decisión absolutamente personal, pero muy meditada. Porque la venía pensando desde hacia meses. Porque estaba en una situación muy desagradable para mí. Porque yo soportaba que la mayoría me tuviera hostilidad, pero tenía una minoría que me respaldaba.
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La renuncia “la venía pensando desde hacía meses. Porque estaba en una situación muy desagradable para mí. Porque yo soportaba que la mayoría me tuviera hostilidad, pero tenía una minoría que me respaldaba”.
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-¿Por qué crees que esa minoría te quitó el respaldo?
-Porque yo era contrario a que la derecha –o sea, la UDI y RN– no llevara un candidato que fuera de derecha. Entonces mi tesis era que debía haber un candidato de derecha. Y eso implicaba que la UDI (ya que RN llevaba a Sebastián Piñera, que es de RN) tuviera un candidato propio. Un candidato de derecha. Porque Sebastián Piñera dice que no es de derecha. Yo quería un candidato que hubiera votado por el sí a la Constitución del 80, que hubiera votado que sí en el plebiscito de 1988, que hubiera defendido al gobierno militar, antes y después de éste... O sea, que me representara. Y no. El candidato era un señor que había votado no siempre, que había sido de la DC, había trabajado por la candidatura de Eduardo Frei y que, además, había sido siempre muy hostil a la UDI. Entonces, yo quería que hubiera un candidato que me representara a mí. Y esto empezó a provocar mucha molestia en toda la gente de derecha, que decía: “¡Piñera va a ganar! Y si va a ganar hay que apoyarlo a él. Y no importa el pasado, no importa nada”. Pero a mí me importa.
-¿No crees que Piñera pueda haber cambiado?
-No lo ha dicho.
-Votó por el no en el plebiscito ante la figura de Pinochet, pero se siente interpretado por las ideas de la Alianza.
-Pero yo creo que no es de esas ideas. Leí el domingo antepasado en El Mercurio que él decia: “soy partidario de un Estado fuerte, que controle, supervise, vigile, norme”. O sea, un Estado que te va a estar respirando por todas partes. Y proponía que la salud y la educación sean la función principal del Estado. Cuando las ideas de derecha son todo lo contrario. Estas apuntan a que el Estado reduzca el enorme poder que tiene, que los recursos que –a mi juicio– dilapidan en ene cosas distintas –entre ellas, la educación y la salud– vayan a manos de la gente. Que la gente elija el sistema de salud y se privaticen escuelas y hospitales. Y que éstos queden en manos de particulares que los administren, y los mejores tendrán a los alumnos y los enfermos. Todo lo contrario a lo que dice Sebastián Piñera. El no tiene una ideología de derecha. Porque si es por eso, ahora ya no hay nadie de izquierda, porque todo el mundo está de acuerdo en que tiene que haber una economía de mercado. Perola diferencia está en los énfasis con que el Estado actúa. Y hasta ahora, en estos últimos casi 20 años, hemos tenido un gobierno de izquierda o de centroizquierda que le ha venido poniendo cada vez más énfasis al Estado y viene nuestro candidato, que se supondría representa a la derecha, y dice “sí, yo quiero un Estado fuerte, que se haga cargo de estos problemas”. A mí, no me representa.
Bueno, eso motivó que me quedara absolutamente solo. Mi yo interno me dijo: “oye, pero si tú no tienes necesidad de estar en esta batalla pública en que están todos enojados contigo. Porque está enojada la izquierda, está enojada la derecha. Y la izquierda y la derecha unidas jamás serán vencidas. Así que haz cosas que te gusten a ti”. Y le presté oído a mi yo interno y por eso titulé: Mi alegría ya viene. Y llegó. Porque lo he pasado muy bien todo este tiempo. Salvo excepciones como la que he hecho contigo en que me sacas a la luz pública de nuevo, pero estoy muy bien escondido o, como algunos han dicho, exiliado o en el ostracismo. Lo he pasado bien y he hecho cosas que antes no podía hacer por falta de tiempo.