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Artículo correspondiente al número 214 (05 al 17 de oct 2007)
El empresario-político se enfrenta cara a cara a dilemas cada vez más cruciales para sus proyecciones como candidato presidencial y para el futuro de sus negocios como empresario y gran inversionista. Estas son básicamente las opciones que tiene por delante.
Por Sandra Burgos.
Ocurrió hace algunas semanas en el programa de TV Caiga quien caiga. El periodista pidió a Sebastián Piñera que optara entre una billetera y una banda presidencial. Piñera sonrió y, casi instantáneamente, tiró la billetera al piso.
Pareció fácil, pero es probablemente su decisión más compleja. Retirarse de los negocios para luego perder las elecciones sería una mala jugada, aunque el presidenciable de RN ha confesado a sus cercanos que tiene la opción tomada, que lo suyo serán los proyectos con “mirada país” y que se irá deshaciendo de sus activos más comerciales. Pero advierte que tiene tiempo, que él no es candidato oficial y que, para serlo, el plazo vence en septiembre de 2009.
Aunque el candidato aún no tiene listo el modelo de desinversión, sí tendría definido el listado de empresas que venderá y las que permanecerán en su portafolio. El problema es el timing, ante lo cual surgen dos alternativas: dejar todo definido este año, o bien, desencadenar los hechos en plena contienda electoral, cuando un movimiento de pieza en su estrategia de campaña pueda ser “más rentable” electoralmente.
Hasta el momento las encuestas que su comando maneja sobre el impacto del “Piñera-empresario” en el voto popular muestran percepciones positivas en una fracción importante de la población (lo ven como emprendedor y con recursos suficientes como para no codiciar los fondos públicos). Bajo ese prisma, el efecto negativo podría ser más bien marginal. Sin embargo, tienen muy claro que en una segunda vuelta ese margen podría ser la llave a La Moneda.
“Piñera lo mide todo y, en el caso específico de sus inversiones, solo él sabe qué decisión tomará y cuándo”, comentan en su círculo cercano. Pero lo cierto es que se ha estado alejando gradualmente de la administración de las empresas, como quedó en evidencia al renunciar a los directorios de Lan y Quintec. Luego se desvinculará de Clínica Las Condes e Inmobiliaria Aconcagua. También dejará la presidencia de Chilevisión, la empresa que –junto a Lan– mayor ruido genera a nivel público.
Un asesor de Piñera indica que “no hay un plan completamente definido”. Y añade que las fábulas sobran: “Se dijo que había ido a Estados Unidos para evaluar la figura de un fideicomiso ciego, pero eso es un cuento. Aquí han salido muchos al ruedo asegurando que están viendo cosas para Sebastián y es realmente vergonzoso cómo la gente se atribuye encargos y funciones que no tiene. Permanentemente es asediado por profesionales que quieren manejar su fortuna. Cuando salió lo de Estados Unidos no lo desmintió porque en cierta forma le gustó el efecto político que generó”.
Pero tampoco aparece embarcado en ninguna aventura empresarial relevante, sin contar los proyectos emblemáticos para Piñera como Tantauco, ni tampoco la cartera del orden de 500 millones de dólares que manejan sus asesores de Bancard en inversiones más cortas. No habrá plan, pero sí algunas señales. Por ejemplo, si llega a existir una ley de fideicomiso ciego (hasta el momento, no obstante las promesas de los gobiernos, ni siquiera hay un proyecto presentado al Congreso), dicen que se acogería en un ciento por ciento. “Si no hay ley tomaré mis propias decisiones de acuerdo a mi sano criterio”, ha señalado en reuniones de trabajo. Y ha mostrado luces: “La prioridad está en las empresas con mayor sensibilidad política y empresas reguladas”. Eso implica que la salida de Lan es un hecho y su curso de acción se resolvería en los próximos 90 días, provocando lo que de seguro será una revolución en el mercado local, porque se trata de una participación evaluada en unos 1.500 millones de dólares (quizá la más grande operación vista a la fecha) y que luego deberán ser re-colocados de alguna forma por Piñera.
“Sebastián se quedará con Colo Colo, el Parque Tantauco y Chilevisión. Su paquete en Lan lo venderá porque su permanencia en la empresa, objetivamente, ha generado incertidumbre. Además que en el desarrollo de Lan intervienen políticas públicas. El resto de las empresas seguirá bajo una estructura de administración que asegure una muralla china con personas de confianza y muy profesionales”, dice un cercano al empresario.
El abogado Fernando Barros, asesor de Piñera, explica que desde el punto de vista institucional y legal no hay ninguna razón ni obligación que lo fuerce a desprenderse de sus empresas. “En la campaña anterior cumplió con más de lo que le pide la ley al desvincularse de la gestión de sus inversiones. El ha pedido un marco legal al gobierno y ha dicho que está dispuesto a cumplirlo, pero que si el gobierno no lo entrega, aplicará su mejor criterio”, añade.
Barros considera que la figura del fideicomiso ciego no debería aplicarse si no está en la ley y que, como asesor del empresario, le ha recomendado que no caiga en la trampa de auto imponerse un marco legal que no figura ni en la constitución ni en las leyes.
El caso Lan
Lo más complejo y, a la vez, de corto plazo es la venta del 26,34% de Lan. No porque la acción se vaya a ir en picada, sino debido a que están en juego varios factores: la estrecha relación con los Cueto, el impacto de un nuevo accionista en los planes de desarrollo de la compañía, la cantidad de dinero que ingresaría a la caja de Piñera y hasta el trance de cambiar una candidatura riesgosa por un proyecto empresarial exitoso al cual fue invitado a integrarse por el propio Juan Cueto hace casi 20 años. Solo en el primer semestre de 2007 su actual participación rentó a Piñera más de un 40% y le reportó un dividendo superior a los 30 millones de dólares.