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Artículo correspondiente al número 231 (27 de junio al 10 de julio de 2008)
Un marco conceptual
Por último, una palabra sobre el marco conceptual usado en este libro. La mayor parte del análisis descansa en ideas de la nueva teoría del crecimiento económico, desarrollada por Paul Romer, de la Universidad de Stanford, y el ganador del Premio Nobel Robert E. Lucas, de la Universidad de Chicago, entre otros. Esta aproximación enfatiza el rol de la innovación, la eficiencia y el crecimiento de la productividad, y le da un papel central a lo que el economista austríaco Joseph Schumpeter llamó “destrucción creativa”.
Durante los últimos años muchos académicos han intentado dilucidar por qué algunos países han tenido, durante periodos largos, un mayor crecimiento de la productividad que otros. La mayoría de las explicaciones se han centrado en dos factores: las variables institucionales –incluyendo el imperio de la ley, el grado de protección legal de los derechos de propiedad, la independencia del poder judicial, y la capacidad de mantener controlada la corrupción–, y las políticas económicas que incentivan la competencia y la innovación, incluyendo el grado de apertura al comercio internacional, el grado de la regulación, el control de los monopolios y la facilidad para hacer negocios.
En una serie de trabajos muy influyentes, el profesor del MIT Daron Acemoglu argumentó que una sociedad donde los derechos de propiedad están protegidos para la población en general, destinará más tiempo y esfuerzo a la innovación y a la acumulación de capital. Dentro de este marco conceptual, es importante que los derechos de propiedad estén protegidos para todos los ciudadanos, y no sólo para la elite. En ese sentido, un mayor grado de democracia tiende a incentivar la eficiencia y el crecimiento de la productividad. En la misma vena, una sociedad con un sistema judicial independiente y eficiente podrá resolver con efectividad las disputas entre partes, sin afectar negativamente el proceso innovador.
La importancia de derechos de propiedad claramente establecidos ha sido enfatizada repetidamente por el economista
peruano Hernando de Soto. En sus libros El Otro Camino y El Misterio del Capital, de Soto argumenta que la falta de derechos de propiedad es especialmente costosa para los pobres. Como con frecuencia carecen de los documentos legales que prueben la propiedad de sus viviendas, no pueden utilizarlas como garantía para conseguir pequeños préstamos. Esto, a su vez, priva a los pobres de la posibilidad de convertirse en emprendedores y salir por sí mismos de la pobreza. De Soto calcula que el “capital muerto” o activos que no se pueden usar como garantía debido a la falta de derechos de propiedad es de hasta 9,5 trillones de dólares en todo el mundo.
En un libro reciente, los economistas William J. Baumol, Robert E. Litan y Carl J. Scharma, han desarrollado las ideas de Joseph Schumpeter e identificaron cuatro condiciones fundamentales para que el capitalismo innovador tenga éxito. Todas se relacionan con la fortaleza de las instituciones así como con la calidad de las políticas de competencia: primero, debería ser fácil crear una empresa formal. Esto significa que registrar un nuevo negocio debería ser una tarea simple, el papeleo y la burocracia deberían ser mínimos y debería ser fácil contratar trabajadores y despedirlos si es necesario. Los procedimientos de quiebra también deberían ser sencillos y debería haber acceso al crédito.
Segundo, los innovadores exitosos deberían poder cosechar los frutos de sus esfuerzos. Esto requiere que exista respeto por la ley –lo que los sajones llaman rule of law–, protección a los derechos de propiedad y cumplimiento de los contratos. El poder judicial debe ser independiente, honesto y eficiente, y debe resolver conflictos rápidamente y en forma justa. Esto también requiere tasas impositivas moderadas y un marco regulatorio que fomente la competencia y que no la ahogue, como ocurre con frecuencia.
Tercero, las actividades improductivas –incluyendo el lobby para obtener tratamientos especiales y exenciones tributarias– deben desalentarse, igual que actividades criminales como extorsión y sobornos. Y cuarto, las políticas económicas deben proporcionar los incentivos para que firmas e individuos innoven de modo continuo. No es suficiente adoptar innovaciones que mejoren la productividad muy de vez en cuando. Esto significa que la inversión extranjera debe ser bienvenida, el comercio muy abierto y el sistema educacional, en todo nivel, debe ser de alta calidad.