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Artículo correspondiente al número 228 (16 al 29 de mayo de 2008)
Para decirlo de la manera más gráfica posible, en el manejo de este tema se cruzaron unos cables y el tapón que saltó fue el de la directora del Programa de Eficiencia Energética. Por Lorena Rubio; foto, Verónica Ortíz.
La economista Nicola Borregaard es una apasionada del uso eficiente de los recursos. Por algo ostenta un PhD en Economía de Recursos Naturales en Cambridge. Su interés por el medioambiente la llevó al ministerio de Economía, en 2004, cuando el titular era Jorge Rodríguez Grossi y la cartera de Energía formaba parte de esa repartición. En eso estaba, cuando vino la crisis eléctrica y, junto a dos amigos y expertos en el tema de la eficiencia, Iván Couso y Alfredo del Valle, decidieron proponer al ministro Rodríguez la creación de un programa que se preocupara de un consumo eficiente de electricidad y que trascendiera las habituales campañas de ahorro. “Esto se hizo con una visión de largo plazo, y no con las típicas medidas coyunturales las que, pasado cierto tiempo, dejan de funcionar”, recuerda con un leve acento germano.
Rodríguez enganchó y en 2005 comenzó a operar el Programa País de Eficiencia Energética (PPEE), una iniciativa interministerial (Transportes, MOP, Vivienda, Minería, Educación y Hacienda) con Nicola Borregaard como directora. El concepto de mejor gestión en el uso de la energía comenzó a permear a tal punto el aparato estatal, asegura, que de los apenas 100 mil dólares con que partió el programa –financiado por privados– se llegó a más de 13 millones de dólares (6.500 millones de pesos es el presupuesto para este año). No sólo eso. El tema se implementó en varios edificios del Ejecutivo y se firmaron convenios con un centenar de empresas, que comenzaron a aplicar estos parámetros en sus operaciones como parte de una alianza con la SFF y la CPC. Sin embargo, en enero pasado el entonces ministro de Economía Alejandro Ferreiro, en acuerdo con el de Energía, Marcelo Tokman, decidió que el PPEE pasara de Economía a la cartera que dirige éste. Ello implicó que la unidad que encabezaba Borregaard –un grupo de 20 personas– comenzara a depender de la Comisión Nacional de Energía (CNE), “un órgano eminentemente técnico, no demasiado participativo y más preocupado de fiscalizar que de generar políticas”, objeta.
Ahí habrían comenzado los roces con el secretario ejecutivo de la CNE, Rodrigo Iglesias –algo que Borregaard se niega a reconocer– y también con el gabinete de Tokman. ¿Resultado? Hace sólo tres semanas, el 25 de abril, la ex directora del Programa País Eficiencia Energética tomó todas las cosas de la ofi cina que durante tres años ocupó en el piso 9 de Teatinos 120, se despidió de su equipo y se marchó. Molesta. En su reemplazo fue nombrado Andrés Romero.
-¿Es esto un asunto de ego herido o hay un tema más de fondo en su renuncia?
-La verdad es que en esta salida hay harto de motivos personales. Las cosas tienen ciclos y el programa ya estaba andando. Por otro lado, había estilos de trabajo distintos, con el ministro, el gabinete y la CNE. Y puede ser que haya algo de orgullo profesional, porque la verdad es que sacar adelante este programa nos costó mucho. Fue difícil posicionar el tema de la eficiencia y el ministro insistía en que lo que había que lanzar era una campaña de ahorro. Decía: se lanza una campaña de ahorro. Y claro: porque el concepto de eficiencia es complejo, hubiera sido importante aprovechar la oportunidad para fortalecer este programa, que es una institución joven.