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Ricardo Lagos. “Extraño el contacto con la gente”

Artículo correspondiente al número 252 (15 al 28 de mayo 2009)



Por Jorge Navarrete P.; fotos, Verónica Ortíz.

 

No importa lo que diga ni la forma en que lo exprese, sus palabras siempre tienen gran repercusión en la opinión pública. No alcancé a sentarme en su oficina cuando ya me estaba comentando –con tono de queja– cómo los medios habían reproducido sus últimas declaraciones.

Confieso que al principio sospeché de una posible estrategia para “ablandar” a este ocasional entrevistador. Pero después de escucharlo un rato comprobé que Ricardo Lagos Escobar, el ex presidente de Chile, tiene la convicción de que nuestro debate político no alcanza el vuelo que exigen los desafíos del siglo que recién comienza.

Aunque el tiempo no pasa en vano y Lagos no es la excepción –con menos pelo y el que le queda, más blanco–, su vitalidad se mantienen intacta. Al mismo tiempo que acomodaba su sillón, me ofrecía café, se sacaba las primeras fotos, hurgaba en sus documentos y me relataba las últimas innovaciones en materia energética.

Cuesta seguirle el tranco, más todavía cuando se explaya en aquello que lo apasiona. Habla fuerte, a ratos como si te estuviera retando, lo que sin embargo no logró ocultar un gesto típico que hace cada vez que nos adentramos en temas que lo emocionan: hacer una pausa y poner sutilmente la lengua sobre su labio superior.

Quizás porque fui educado en un hogar con fuertes tradiciones republicanas, amén de que me desempeñé como subsecretario de Gobierno en su administración, siempre me dirigí a él como “presidente”, obviando el “don Ricardo” –lo que me resultaba tan falso como mamón–, y ni pensar en decirle simplemente “Ricardo”, privilegio que supongo está reservado para su familia y los más cercanos.

Entre los múltiples temas en una hora de conversación, esto es lo que modestamente me pareció más interesante.

 


-Después de haber dejado el cargo de presidente de la República, ¿lo inundó cierta sensación de vacío? ¿Qué es lo que más extraña de esa época?

-(Ríe) No tuve esa sensación de vacío porque al poco tiempo me tocó viajar. El anterior secretario general de las Naciones Unidas me pidió una participación especial, al igual que Ban Ki Moon después, por lo que he estado en una actividad bastante intensa. Ahora, a mi juicio, lo que más se echa de menos es el contacto con la gente.


-¿Hay un contacto genuino con la gente cuando se es presidente?

-Estás en contacto con el público y recibiendo cartas constantemente. Yo sé que cuesta, pero la labor de un presidente es abrir los muros de La Moneda, que por definición son muy anchos, e intentar sintonizar con la opinión de los ciudadanos es lo más importante. Hoy sales a la calle y la gente te dice cosas. También echo mucho de menos andar entre Arica y Parinacota, o en Puerto Natales, o en Vilcún.


-Varias veces se ha quejado de que la Concertación no siempre ha sabido defender su obra y sus logros. ¿Hay también en ese reclamo un dolor personal por las críticas efectuadas a su persona?

-No, es mucho más general. No se refiere sólo a mi gobierno, sino al de Aylwin, Frei y ahora Bachelet. Siento que a ratos nuestros dirigentes andan como desencantados porque nos falta tanto por hacer. Pero también los invito a mirar hacia atrás y revisar lo que se ha hecho. Nosotros le cambiamos el rostro a Chile, que hoy es otro país. Cuando era candidato dije “mañana será otro Chile”... y así ocurrió.


-¿Algo así como un progresismo vergonzante?

-A lo mejor… (Hace una pausa) En materia de derechos humanos, nómbreme a un país que haya hecho más que Chile: uno que tenga una Comisión Rettig y a un presidente Aylwin pidiendo perdón, o uno con la mesa de diálogo de Eduardo Frei. No existe en ninguna parte un informe sobre prisión política y tortura como el de la Comisión Valech. Y todo eso no aparece en ninguna parte. Eso no obsta a que en esta materia nos falte mucho. Creo, en consecuencia, que es muy importante creernos lo que hemos hecho.


-A propósito de que no aparece en ningún parte, usted –al final de su mandato– dirigió una dura carta a Agustín Edwards. ¿Siente que hay una deuda de la Concertación con el pluralismo informativo y el mercado de los medios de comunicación?

-Sí, claramente. Se trata del tema más complejo que tenemos entre manos. Pero nosotros somos los responsables, nadie más. El que haya dos grandes cadenas informativas, y ambas de derecha, refleja una carencia que le hace mal a Chile en el sentido de un país más plural y abierto.


-¿Tiene que ver con la incapacidad propia del centro progresista o de las reglas propias del mercado en la cuales la Concertación nunca se hizo especialmente fuerte?

-Puede ser una mezcla de ambas cosas. Hay una responsabilidad nuestra, pero también –digámoslo– un sesgo ideológico muy profundo de nuestros empresarios. Lo digo con el afecto y el aprecio que les tengo, soy amigo de muchos de ellos, pero indudablemente que eso es así.


-A diferencia de los papas en el Vaticano, la mayoría de los presidentes se retiran en vida. ¿Cómo se conjuga ese patrimonio político con la necesidad de dar protagonismo a quienes lo sucedieron?

-Sabiendo guardar silencio, y es lo que yo hice durante tres años. Como han dicho muchas veces, los ex presidentes somos personas un tanto incómodas, no hay dónde ponernos, dónde sentarnos, pero creo que eso forma parte del ejercicio republicano, el que a ratos por cierto se nos olvida.


-Para muchos, cualquiera sea el resultado de la próxima elección presidencial, se está cerrando un ciclo. ¿Cómo percibe el proceso de los José Antonio Kast, Claudio Orrego o Marco Enríquez-Ominami?

-Yo lo veo como algo muy positivo. Lo que sí me parece negativo es que el sistema político hace muy difícil la irrupción de estas personas, de los nuevos liderazgos. Creo que el sistema binominal es pésimo. Hoy leí que Guilisasti proponía aumentar el número de candidatos si quieren mantener el binominal. Ahí usted tendría competencia en serio entre adversarios y no sólo con los compañeros de lista. Cuando usted ve el liderazgo emergente de David Cameron, de 40, de Rodríguez Zapatero y tantos otros que todavía no llegan a los 50, se da cuenta de que la vieja Europa es bastante más joven de lo que uno piensa.


-¿Es la falta de competencia lo que redunda en una mala política?

-Lo que redunda en la mala política es la incapacidad de potenciar nuevos liderazgos. La competencia ayuda, pero también se necesitan nuevas ideas. Schumpeter decía que las ideas brillante venían entre los 20 y los 30 años, y después uno se dedicaba sólo a justificar las ideas geniales que había tenido entre esas edades.


-¿Qué autocrítica hace a su generación, tanto en la visión como en los estilos? ¿No fueron víctimas de su propio éxito, en cuanto a que no han sabido leer las claves de una sociedad muy distinta a la de ayer?

-Das en el clavo. A mi juicio este es el tema más importante. Veinte años es mucho tiempo. Tú cambias a una sociedad si lo has hecho bien, y porque lo hicimos bien es que hay que hacerlo todavía mejor. No es solamente un problema de haber reducido la pobreza de 38% a 13%. ¿Qué hacemos ahora para continuar ese esfuerzo, sin que el 25% vuelva atrás? Tiene que ver con las oportunidades. Para esa gente que dejó la pobreza lo más importante es qué va a ser de sus hijos. Hoy, de 10 estudiantes que llegan a la universidad, 7 son la primera generación que accede a la educación superior. Eso implica otros desafíos. Hubo un profundo cambio cultural. Los jóvenes tienen una concepción más individualista, que los aleja de proyectos colectivos. Se comunican en forma diferente y se relacionan con otros de manera diversa. Eso es un mundo nuevo.


-Usted ha dado recientemente su apoyo a la candidatura de Eduardo Frei. Después de casi dos décadas en el poder, ¿qué es lo que debería ofrecer hoy la Concertación a los ciudadanos, que sea cualitativa y cuantitativamente distinto de lo que han venido haciendo?

-Empieza a quedar claro que nuestro planeta es una gran nave espacial que hoy tiene 6.000 millones de habitantes, pero que para el 2050 habrá que hacer hueco a 9.000 millones de personas y, obviamente, los recursos son limitados. El desafío del siglo XX culminó con dos exigencias mínimas: tener un sistema democrático y una economía que permitiera el crecimiento y desarrollo de las aspiraciones de los ciudadanos. Para el siglo XXI no sólo será relevante el ingreso per cápita de las personas, sino cuánto emitiste para lograr todo eso. El paradigma verde consiste en cómo los países darán cuenta de este nuevo fenómeno. Por ejemplo, cuando eres el gerente de una gran empresa de cobre y uno de tus grandes compradores quiera que le indiques cuánto se emitió para producir una tonelada de material, ¿dónde estará Chile? No valdrá lo mismo el cobre que se produce emitiendo 10 ó 5. Y lo mismo sucederá con el vino, la fruta, etc. Mira el caso de la energía. Cuando uno ve que hoy los únicos proyectos reales que tenemos en ejecución para satisfacer las necesidades energéticas son ocho plantas a carbón, entonces vamos para atrás. Afortunadamente, cuando esté lista la planta de Quinteros vamos a poder volver al gas, que es mucho más limpio que el carbón o el petróleo.



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Comentarios

1 Comentarios

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Publicado Jueves 28 de Mayo, 2009 - 04:41 hrs

Existen muchas irregularidades graves durante el gobierno del señor Lagos, EFE, TRANSANTIAGO, CORFO, ASESORIAS Y CONSULTORIAS INNESCESARIAS A EMPRESAS PUBLICAS, MOP GATE, CHILEDEPORTES, CONTRATOS SECRETOS DE CONSECIONES Y OTRAS, que nunca han sido aclaradas.  
 
Como ciudadano burlado o engañado creo que a lo menos el señor Lagos fue irresponsable o hizo notable abandono de deberes. 
 
Su presencia en el Comando de FREI al igual que otros connotados políticos que están relacionados con actos de corrupción y con liberación de poderosos narcotraficantes, es situación insostenible e impresentable que constituye una afrenta a los ciudadanos comunes y corrientes. 
 
Lamentablemente los fiscalizadores y la Oposición mantienen culposo silencio 
 
Hay un dicho muy antiguo que dice dime con quién andas y te diré quién eres.

 
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