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Artículo correspondiente al número 209 (27 de jul al 08 de ago 2007)
-Y mientras tenía cargos públicos ¿cómo enfrentó la independencia entre la política y los negocios?
-Siempre he tratado de no mezclar la política con los negocios. Tengo el corazón dividido entre lo público y lo privado, pero tengo claro que cuando uno está en un lado, no puede estar en otro.
-¿A quién le está pasando el mensaje?
-A todos los empresarios que participan en política, empezando por mí, que cuando estaba en el servicio público dejé todos los directorios de empresas. Cuando fui alcalde, de hecho, dejé el negocio inmobiliario para no tener conflictos de interés con directores de obras de otros municipios, me abstuve de trabajar en la comuna de Santiago y nunca ejercí cargos vinculados al sector minero.
-¿Cómo cree que se ha manejado Sebastián Piñera en ese terreno?
-Mire, yo tengo una óptima visión de Sebastián, de sus capacidades y de sus condiciones. Pero creo que se hubiese ahorrado muchos malos ratos si después de haber hecho la transacción de Lan (por la que fue multado) hubiese declarado que había sido un error. Porque si bien lo legal podrá discutirlo, desde el punto de vista ético quienes hemos sido directores sabemos que hay cosas que no se deben hacer. De todas formas, pienso que no hay ninguna incompatibilidad teórica en que un empresario aspire a ser candidato a la presidencia.
-Bajo ciertas condiciones, claro…
-En la mayor parte del mundo se le pide a esos empresarios que no administren sus negocios mientras están postulando o ejerciendo cargos públicos. Por eso comparto plenamente la idea de que se establezca la idea del fideicomiso ciego.
-Qué quiere que le diga. Yo estoy con lo que pienso. Incluso sin ley uno puede crear figuras para desligarse de la administración de los negocios. Cuando uno quiere hacer las cosas las hace.
-¿Usted lo hizo completamente mientras estuvo en el gobierno?
-Le advierto que soy ¡muuuchos ceros más chico que Sebastián Piñera!... En todo caso, sí, me abstuve. Me pareció correcto no estar en la administración de los negocios mientras fui funcionario público.
A fines de los 80, cuando el DC Patricio Aylwin ganó las elecciones, a Jaime Ravinet le sobraban las razones para celebrar. Como secretario ejecutivo del comando que llevó a la Concertación al poder, se había jugado entero por el retorno a la democracia y se abría para él una importante carrera en la arena pública. Pero en lo empresarial las cosas no estaban para destapar champaña, según cuenta ahora. ¿La razón? En esos años de euforia, recién se estaba levantando de una gran caída. “Junto a Pedro Butazzoni entramos al negocio de los salmones. De hecho, fuimos los primeros en instalarnos en el lago Llanquihue, en la zona del río Pescado. Partimos con truchas, luego agregamos salmones y trabajamos con profesionales de muy alto nivel. Sin embargo, todo terminó en un fracaso económico. Durante muchos años, si veía un salmón… ¡me daba alergia!”, afirma con vehemencia. La empresa, que se llamaba Salmosur, había partido en grande, estaba en toda la cadena de producción e incluso tenía su propia fábrica de alimentos en Puerto Montt y un frigorífico a la entrada de Ancud, en Chiloé, que los socios habían comprado a la Corfo. Pero no resultó, el tipo de cambio se fue a la baja, las tasas de interés empezaron a crecer y para colmo los precios del producto en Japón, que era su principal destino, se fueron en picada. -La mezcla fue explosiva, tuvimos que vender haciendo una gran pérdida. Y ahí aprendimos que los negocios no quiebran por las ideas o por una falla en las perspectivas de crecimiento, sino por la falta de caja –explica.
El negocio que no fue
La búsqueda de seguridad energética llevó al Estado chileno a abrir el negocio a terceros bajo la modalidad de contratos especiales de operación por 35 años, una oportunidad que Ravinet vio pasar y no dudó en tomar. Para eso, cuenta, está en conversaciones con grupos petroleros internacionales que prefiere no nombrar, pero con los que quiere dar forma a un consorcio tan pronto como sea posible. El tema lo tiene con la adrenalina a full. “Debería generar un boom de actividades de exploración en los próximos años”, explica. Las energías renovables también están en su agenda. A través de Geotec formó una alianza con Estrella, una compañía de capitales argentinos y canadienses, para participar en la licitación a la que llamaron la italiana Enel y Enap para explorar yacimientos geotérmicos en la zona del Tatio, en San Pedro de Atacama. La definición será en agosto y a principios de noviembre, en tanto, se sabrán los ganadores del proceso en Magallanes. Para entonces, la agenda del ex alcalde estará más que copada.
Petróleo, su próxima meta
La vuelta de Ravinet a la actividad empresarial ha sido sin respiro. Si lo del gas en Arauco tiene visos de gran aventura, no menos arriesgado es lo que está planeando, con sus socios chilenos, y no con los norteamericanos, en la zona de Magallanes. Ahí, el gobierno lanzó una licitación internacional para explorar y explotar hidrocarburos en un área de 32 mil kilómetros cuadrados divididos en 10 bloques o territorios, cuyas superficies van desde los 1.200 hasta los 6.700 kilómetros cuadrados.