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Artículo correspondiente al número 209 (27 de jul al 08 de ago 2007)
Antes de volver a la política, eso sí, Ravinet también dio forma a un interesante negocio inmobiliario, siempre en alianza con Pedro Butazzoni. Entre otras cosas, cuenta orgulloso, fue parte del grupo que lideraban Felipe Amunátegui y la familia Noemí Callejas y que se hizo cargo de proyectos de construcción emblemáticos en Santiago, como el World Trade Center o el edificio Policentro, donde hasta hoy opera la cadena de multitiendas Falabella. Poco dado a los detalles, dice someramente que ha participado en edificios residenciales y de oficinas dentro de la ciudad y también, aunque a baja escala, en la construcción de viviendas sociales. Temas de los que, al menos por 18 años –que fue el tiempo que estuvo en la arena pública– debió olvidarse, afirma.
Ravinet sub terra
Pero ahora está de vuelta como presidente de Layne Energía Chile, la empresa que formó Geotec con la estadounidense Layne –que hace 8 años tomó control de Boyles a nivel mundial– para explorar gas metano en una zona de más de 300 mil hectáreas en el Golfo de Arauco; esto es, cinco veces la superficie urbana de todo Santiago. La idea fue del socio americano, que ha hecho grandes desarrollos con este energético, que en Chile se conoce como el temido gas grisú del que hablaba Baldomero Lillo en Sub terra y que solo en Estados Unidos provee del 20% de toda la demanda por gas. El proyecto partió hace apenas un año. Enap, cuenta Ravinet, había hecho algunas exploraciones en la zona en la búsqueda de petróleo y, aunque encontró evidencias de este gas natural del carbón, nunca se pensó en un uso comercial.
Con la llegada de Layne, que tiene el 85% del proyecto, las cosas cambiaron. Le propusieron al gobierno hacerse cargo de la zona, bajo la modalidad de un contrato especial de operación, lo que les permitirá trabajar por los próximos 35 años, período en el cual se les asegurará inamovilidad tributaria, de derechos de aduana y de importación. Si los cálculos están correctos, en lo que antes fueron las minas de carbón de Lota y Coronel habrá un floreciente negocio de explotación de gas metano, capaz de abastecer toda la demanda industrial y residencial del Gran Concepción, en un plazo no inferior a 20 años. En momentos en que el gas natural de petróleo de la cuenca de Neuquén escasea, el proyecto no le pudo venir mejor al gobierno de Bachelet.
Sin embargo, su viabilidad aún está en la interrogante. Los sondajes ya partieron y recién ahí se sabrá qué tanto gas hay y, lo más importante, qué poder calorífico tendrá para justificar la inversión. Porque en este terreno las cifras son en grande. Ravinet calcula que en la fase de explotación plena, a contar de 2009, se requerirán al menos 500 millones de dólares de inversión para poner en marcha del orden de 100 a 150 pozos por año, 1.000 a 1.500 en total. ¿De dónde sacarán tanto dinero? De endeudamiento, responde. “Pero también existe la posibilidad de buscar nuevos socios o de vender todo o parte del proyecto. ¿Por qué no? Los negocios son negocios. Lo peor es enamorarse de ellos”, dice.
Pese a todo, se le ve tranquilo. Y también muy entusiasmado. Si todo resulta, podrían pensar en expandirse con el mismo modelo a otras partes de América latina, Colombia entre ellas. Por lo pronto, está cruzando los dedos para que todo resulte. Y si eso pasa, quién sabe si se alarga su estadía en el mundo de los negocios.
Empresa y política, la delgada línea
El día que dejó el Ministerio de Defensa, Jaime Ravinet ya tenía decidido que se retiraría, al menos por cuatro años, de los cargos de gobierno. “Quería tomar distancia, después de 18 años en primera línea”, cuenta en su elegante oficina en el Hotel Marriott.
-¿Y cómo se ha sentido estos años en que no ha participado en este gobierno, del que usted ha sido tan crítico?
-¡Feliz!... y también aliviado. Me ha permitido controlar mis propios tiempos, reciclarme intelectualmente y gozar con toda impunidad y sin cargo de conciencia de los fines de semana.
-¿Cuánto tiempo más quiere estar de privado?
-Dios dirá. Estoy tan entretenido que no es fácil tentarse con volver a lo público. Solamente lo haría como parte de un equipo que pudiera hacer cosas entretenidas e importantes. Pero primero habría que ver quiénes son y cuáles son los objetivos.
-Oiga, pero a estas alturas se está dando el lujo de elegir.
-¿Francamente?... Siempre he podido. He tenido la independencia económica para no depender de un sueldo de la administración pública. Es más, cuando entré a la actividad pública, gracias a lo que había ahorrado y a lo que pude generar a través de múltiples actividades empresariales pude darle a mi familia el mismo confort que tenía antes. No he tenido que mirarle la cara a nadie. Y eso da una tremenda independencia.