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Artículo correspondiente al número 208 (13 al 26 de jul 2007)
No lo tiene decidido, pero se nota que el trabajo de alcalde le gusta lo suficiente como para, eventualmente, hacerlo repostular. El cargo le ha permitido sacar lo mejor de sus facetas de empresario y animador y hasta cosechar aplausos espontáneos en la calle. Por eso, por el honor que dice sentir en esta función y porque quien nace chicharra muere cantando, en una de ésas Raúl Alcaíno confirma en noviembre que buscará su reelección en la comuna de Santiago.
No lo tiene decidido, pero se nota que el trabajo de alcalde le gusta lo suficiente como para, eventualmente, hacerlo repostular. El cargo le ha permitido sacar lo mejor de sus facetas de empresario y animador y hasta cosechar aplausos espontáneos en la calle. Por eso, por el honor que dice sentir en esta función y porque quien nace chicharra muere cantando, en una de ésas Raúl Alcaíno confirma en noviembre que buscará su reelección en la comuna de Santiago. Por Roberto Sapag; fotos Verónica Ortiz.
Una decoración formal de tono verde musgo y toques de oropel dorado, estatuillas por doquier, clásicos muebles de aspecto colonial y una sala de Concejo que mezcla literalmente Versalles con la sobriedad republicana, fría y un tanto encerrada, es el entorno de Raúl Alcaíno. Impecablemente vestido, el empresario y ex animador de TV reina en esas dependencias. Tal vez no son las más coherentes con su carácter y con su perfil, pero ahí está. Si bien se ha empapado del cargo de alcalde de Santiago, Alcaíno no puede ocultar que es un tipo de sonrisa fácil, un futbolista empedernido de las ligas de Quilín los fines de semana, un hombre laico a rabiar y de hablar campechano y coloquial.
Por estos días, Raúl Alcaíno (54) completa dos años y medio a la cabeza de la Municipalidad de Santiago. Entró allí tras derrotar a Jorge Schaulsohn y dar inicio a una gestión que lo tuvo tragando saliva con amargura por más de año y medio. Fueron difíciles sus inicios como alcalde. De soslayo suelta que los primeros días se sentaba solo a comer un sándwich en su escritorio, que no sabía con quién ni dónde salir a almorzar, que estuvo meses emboscado en su despacho y entrando y saliendo por puertas secundarias tras su decisión de terminar con el Plan Pololo, que lo agredieron por inhabilitar el Estadio Víctor Jara, que se desgastó hasta lo más hondo en la pelea del Teatro Municipal y que aún no olvida al personaje que frente a su balcón se encaramó en un árbol profiriendo amenazas suicidas. En fin, meses muy duros.
Hoy en cambio se le ve distendido. Ya no está arrepentido de haberse metido en este “tete”. Al contrario, dice estar cada día más a gusto, lleno de planes, contento con las realizaciones y algo más adaptado a las rutinas, formalidades y burocracias que supone gobernar la comuna de Santiago centro. Claro que le duele pensar que cualquier proyecto en Santiago sea 15 veces más caro que en provincias, que un gran número de iniciativas pasen por Monumentos Nacionales, el gobierno central, el Ejército y otras reparticiones, que no esté en sus manos dar una pelea más frontal a la delincuencia y el comercio ambulante. Pero, pese a ello, está feliz. “Esta no es una comuna muy grande, pero es la comuna más importante, es la comuna fundacional. Acá están las sedes del poder institucional, acá –en el centro– está la historia republicana de nuestro país y la historia de Chile. Todo pasa por la Plaza de Armas. Acá fundó Pedro de Valdivia las bases y acá el alarife Gamboa hizo los trazados que dieron forma a la primera ciudad”, dice con orgullo.
Un orgullo que habla de aclimatación, de adaptación, de satisfacción y de, parece claro, ganas de seguir en el cargo. Un cargo desde el cual gestiona a unos 10 mil empleados municipales y que le ha permitido desplegar sus dotes de empresario. Su lado empresarial, descrito con lujo y detalles en la página web y que incluye entre otras a Resiter, Sandrico, Le Grad Chic, SMB Factoring, está hoy bajo la batuta de su amigo, ex compañero de universidad y socio Alvaro Fischer. Con él conversa una vez a la semana del estado de sus negocios, los cuales “están funcionando bastante bien sin mí”.
Dice haber separado por completo sus intereses de su labor pública, porque una de las defi niciones básicas que adoptó en esta posición es la transparencia y la probidad. “Hemos trabajado frme con Transparencia Internacional, con Davor Harasic, y tenemos gente de probidad trabajando acá adentro. Creo que todo debe ser público, hasta en qué se usa el auto el fin de semana. Todo”. Está feliz de que se sepa su sueldo por las páginas de los diarios ($3,6 millones), aunque lamenta que eso lo deje “sin chance con una serie de chiquillas de la farándula, que deben encontrar que es poco al lado de un futbolista”.
Balance edilicio
-¿Cómo se ha sentido como alcalde?
-Cada día que pasa me estoy sintiendo más satisfecho, porque he podido ver que ya tengo una municipalidad ordenada, sin deudas, que tiene uno de los presupuestos más expansivos de su historia, a lo que se suma que hemos podido ir controlando los gastos.
-Para entender de qué hablamos, ¿qué significa eso en números?
-Significa que recibimos una municipalidad con 68.000 millones de pesos de ingresos y este año vamos a tener 82.000 u 83.000 millones, lo que nos permite no tener deudas y además empezar a invertir en la comuna y acá adentro.
-Curioso que en cosa de dos años y medio se produzca un cambio tan potente en el perfil de ingresos, un alza de 20%.
-Sí, el cambio ha sido importante... Bueno, es que he estado preocupado de activar los juicios que había que activar, de cobrar lo que se tenía que cobrar y hacer que la municipalidad comenzara a hacer su trabajo como corresponde, sobre la base de algunos pilares: modernización de procedimientos, transparencia y probidad. Eso nos ha permitido recuperar el respeto de nuestros contratistas, de nuestros proveedores, porque pagamos al día, y de paso eso nos ha permitido ahorros en los precios.
-Contento.
-Sí, estoy más contento en el cargo.
-Pero hace unos meses dijo a The Clinic que ser alcalde le había cambiado la vida para mal...
-Esa entrevista debe tener un año y medio y se produjo en un período duro. Pero yo soy un tipo que hago la pega y no le hago el quite al trabajo. No se nota mucho, porque tengo una manera de ser medio jovial y porque antes iba a programas de televisión, pero yo soy aperrado. Y cuando uno se arremanga, empuja el carro, trata de liderar procesos nuevos, con jornadas largas y tensas, y las cosas van lento, entonces eso te afecta y explica como me sentía hace un año y medio. Entendámonos: para mí esto fue un cambio potente. Yo era un profesional que tenía mucho tiempo para mí, que podía viajar cuando quería, que podía ampliar la oficina sin pedir permiso a nadie. Y, bueno, acá los sistemas son otros... y está bien que sean distintos.
-Parece que se estuvo arrepintiendo.
-Una vez me preguntaron si estaba arrepentido y contesté que sí, pero nunca más de dos veces al día. Y es verdad. A veces me decía ¡por la máquina, qué es lo que estoy haciendo aquí!, pero son impulsos nomás. Cuando uno se arrepiente de verdad se para, firma un papel y se va. El resto es música. Y eso no lo hice, ni pensé hacerlo. Menos ahora, que tengo la sensación creciente del deber cumplido. Cuando veo el Parque de los Reyes repleto de gente, la cancha de skate llena de jóvenes, cuando veo que hemos avanzado firme en la lógica de hacer bien las cosas, porque acá preferimos hacer poco y bueno a hacer mucho y a medias. Fíjate que las canchas sintéticas y las iluminaciones que hemos puesto son iguales o mejores que las de los mejores clubes privados. Con esa lógica trabajamos acá.
-O sea, nada de traer nieve o arena.
-No... (sonríe y calla).
-¿Y esa satisfacción es tan fuerte como para repostular?
-Bueno, creo que ser alcalde de Santiago es un honor feroz y eso ya es un cierto incentivo. Pero yo soy muy estructurado y resolví que en noviembre o diciembre tomaré una decisión sobre eso, dependiendo del estado del arte.