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Artículo correspondiente al número 265 (15 al 26 de noviembre de 2009)
“Yo partí con una guagua de 6 meses y volví con tres niños”, agrega Marcelo Vásquez, quien luego del MBA se quedó trabajando en Silicon Valley hasta 2005. “Pero cuando nació mi tercer hijo y ya tenían que entrar al colegio, tienes que optar y tomar decisiones de vida… Además, pasas el MBA y se van los amigos y ya no están las fiestas del fin de semana y estás solo con tu familia. Y cuando empiezas a ver que tu señora no tiene visa para trabajar, en fin, la vida se hace un poco más compleja. Lo que uno aprende desde afuera es que la calidad de vida de Chile es increíble y, entonces, empiezas a balancear: desarrollo profesional, sí; pero acá tengo a los abuelos, la familia, los sobrinos, que uno echa de menos y, al final, tomas una decisión balanceando las cosas”
Un poco más de un año estuvo Jaime Martí trabajando en Nueva York, también en Compass, junto a Manuel José Balbontín. “Yo sabía que tenía que volver, era parte de la oferta de trabajo de Compass, pero también regresé por el tema familiar. Nació nuestro primer hijo allá y Nueva York es muy distinto con niños que sin niños. Estábamos en un estudio en el village y la mesa servía de comedor, para cambiar los pañales, para el computador, para todo, y ya era hora de volver”.
La red
Para la mayoría han pasado varios años desde que regresaron, y todos, con la perspectiva del tiempo, señalan que el mayor legado del MBA son la experiencia, las amistades, los contactos y, en definitiva, pertenecer a una red, que cuidan como hueso santo.
“En el caso de Berkeley se trata de una red bastante participativa. Somos el primer filtro para los que están postulando y si alguien no nos tinca, a pesar de que tenga 780 puntos en el Gmat, no pasa. Somos parte activa del moldeamiento de nuestra red, porque en el futuro vamos a ser pares”, anota Marcelo Vásquez. Agrega que cuando piensa en qué es lo que más usa, no son los ramos puntuales, sino la capacidad de liderar con influencia, de conectar puntos, porque es parte de una red global.
“Cuando tienes un MBA top twenty–agrega Solís– también generas una red entre universidades. Con los de Berkeley tenemos una relación fuerte, con la gente de Harvard, del MIT… es una red más allá de la escuela y creo que nosotros deberíamos en Chile apuntar a eso. Hay una red súper importante y uno ve si la quiere utilizar o no”. En su caso, los nexos siguen muy activos. En esto días se encuentra en Michigan para dar una charla sobre liderazgo en empresas globales y contar su experiencia post MBA y en Lan, como gerente de Planificación. “Tenemos una relación directa con la universidad y con el dean (decano). Todo el tema de la admisión lo hacemos desde Chile, recibimos apoyo logístico y económico desde Estados Unidos, estamos ampliando el club de ex Michigan a ex alumnos de Economía, de Derecho, de Ingeniería. Somos cerca de 200. Es tan fuerte el lazo que se genera con la universidad, que uno le dedica horas, y va para allá y hace contactos, etc”.
En lo extra académico, los vínculos también son fuertes, añade Jaime Martí. “Tenemos un campeonato de fútbol. Siempre es el MIT, la UCLA, Harvard y el cuarto es siempre un dolor de cabeza. Un año fue Chicago y llegó José Ramón Valente con sus hijos porque no había quórum; en el segundo participó Wharton y no funcionó. Y este año invitamos al IESE, y el convidado de piedra nos ganó a todos”.
Jorge Díaz, quien fue presidente de los latinos de Duke, cuenta otra anécdota: “me fui a hacer la práctica a San Francisco y no tenía departamento. Entonces llamé al presidente de los latinos allá, un venezolano, y le dije compadre, necesito departamento. Habló con sus amigos, uno de ellos se iba a Brasil y me dejó el departamento. Estuve tres meses al lado de Berkeley, los chilenos me recibieron increíble”.
-Es que con los latinos se crea un lazo muy fuerte, es la nación latina, comenta Vásquez.
-Pero no es discriminación”, acota Solís. “Es afinidad cultural y, en general, el 30% a 35% de los alumnos son internacionales, por lo que hay una natural tendencia a agruparse.
-Después todos empiezan a converger, porque los mejores asados, las mejores fiestas, son de los latinos, cuenta Vásquez.
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| Jorge Diaz: “Duke esta en un pueblo, en Durham. Y muy cerca esta Chapel Hill, que tambien depende de una universidad. Entonces se crea un ambiente muy entretenido que contrarresta el hecho de no estar en una metrópoli”. | Ernesto Solís: “No quería una especializacion sino, como dicen los gringos, un general management. De alguna forma, escuelas que te abren muchas puertas, y en ese sentido, Michigan tiene varios dual degree”. |
El ombligo del mundo
Entre anécdota y anécdota, lo que queda claro es el orgullo de todos por el lugar que los acogió como estudiantes. Y es que, de alguna forma, por dos años o más formaron parte de ese envidiable espacio donde conviven ideas, teorías, académicos de prestigio y premios Nobel. Como Bill Sharpe y Michael Spence, ambos Nobel de Economía, que estaban siempre interesados en interactuar con los alumnos, como recuerda Axel Christensen. “En cuanto a compañeros, fue increíble estar con uno de los fundadores de EBay, el equipo que empezó Amazon.com, con Jeff Bezos. También con varios que decidieron después dedicarse a fundaciones y liderarlas como si fueran empresas, con tremendos éxitos”, destaca.
O como cuenta Jaime Martí, los profesores de estos programas tienen acceso directo al mundo de los negocios. “En Harvard están Michael Porter, Philip Kotler, Robert Merton, que son eminencias, pero hubo otros profesores que igualmente me impactaron, que me hicieron darme cuenta del peso de la universidad. Por ejemplo, como estudio de caso estábamos viendo la estrategia de Procter & Gamble para el mercado japonés y nos pusimos a discutir entre todos, hasta que en los últimos 10 minutos entró el CEO a la clase y nos contó todo lo que realmente había pasado, los errores que cometieron… para mí fue impresionante, y eso pasó con muchos casos”.
Marcelo Vásquez agrega: “a nosotros nos hacían pisar el palito a cada rato. Hablábamos y discutíamos en la clase sobre una empresa, que cómo se les ocurrió a sus gerentes hacer esto o aquello, y de repente el profesor decía: mejor preguntémosle al CEO de la compañía que está sentado allá.
Ernesto Solís entrega otro ángulo. Un profesor que lo marcó, por ejemplo, fue el gurú indio C.K. Prahalad. “Fue muy entretenido ir a su clase, porque a uno siempre le enseñan a segmentar, que los premium, etc., y él habla de la base de la pirámide, the bottom of the pyramid, y es una visión distinta”.
O todo el concepto de irrational predictability, que ha desarrollado Dan Ariely y que Jorge Díaz conoció de primera fuente. “Es una clase que te hace darte cuenta de lo irracional que uno es en el día a día, en que la mitad de tus decisiones son irracionales; y te hace cuestionarte mucho lo que haces”.
Tanto o más sorprendente que los académicos, es la rigurosidad que se imponen y auto imponen en todos los ámbitos. “Yo llegué allá en agosto al MBA y en septiembre ya había que estar mandando currículo para buscar pega para mayo”, añade Díaz. “Llegas, te dan una semana de descanso y a la siguiente semana ya tienes que preparar dónde vas a trabajar, porque el nivel de competencia es muy alto… el tema es tan intenso que los primeros dos meses son los peores”, refuerza Solís.
“Entre tanto traslado, ya no me quedan muchas cosas de esa época, pero me encontré con una serie de exámenes y al verlos pensé: cómo fui capaz de hacer esto. Pero apoyando el punto, la competencia es feroz y la disciplina que hay que tener es impresionante, porque de otra manera mueres en el intento”, sentencia Kostner.
“Por muy bueno que sea el nivel académico acá, las barreras que debe superar alguien que está haciendo un MBA allá son muy diferentes. La cultura, la competencia, el idioma, la diversidad: eso no lo vives acá”, complementa Vásquez.
Juan Luis Kostner retoma: “competir acá es muy distinto a competir en Estados Unidos. Allá te niegan la sal y el agua, si es necesario. Acá es a lo compadre, pero allá no se me hubiera ocurrido compartir con nadie un trabajo que me dijeron que era individual”.
-No sé a ustedes, pero a mí incluso me tocó firmar un código de honor. Y si una tarea para la casa era individual y se te ocurrió compartirla con alguien, pa’ la casa, señala Díaz.
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| Juan Luís Kostner: “Nueva York como ciudad es una fuente de conocimiento en si misma, que ayuda a comprender una realidad dinámica, es un centro financiero por excelencia”. | Marcelo Vásquez: “Quería estar en una universidad de peso y en un entorno donde uno pudiera salir a pasear, esquiar en Lake Tahoe en el invierno, o visitar Yosemite en el verano”. | Axel Christensen: “La combinación de una clase de gente muy inteligente y una cultura que motiva a experimentar y tomar riesgos es lo que claramente está detras del hecho de que compañIas como Google, Yahoo! y EB ay hayan salido de Stanford” | |
¿Volverían a estudiar?
Juan Luis Kostner ya lo hizo: “vengo un poco de vuelta. Ustedes están en la fase de elaboración de redes y de potenciarse como personas y profesionales. Yo, aparte de la consultoría, he hecho dos maestrías en los últimos 5 años. En el año 2000 dejé la gerencia general del Sudamericano y me fui a Harvard y descubrí el mundo de las tecnologías y la potencia de estas herramientas al servicio de la gestión. Piensen que mientras fui gerente estaba apareciendo el mundo de Internet. Mi secretaria me imprimía los correos y yo los respondía con un lápiz rojo y los enviaba a los gerentes. Y recién ahora estoy terminando otro master en ingeniería industrial”.
-“Lo que marca un poco el devenir de los que estamos acá sentados, creo que es el hambre de conocimiento”, apunta Solís.