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Artículo correspondiente al número 265 (15 al 26 de noviembre de 2009)
Ex alumnos chilenos de los programas de Harvard, NYU, Michigan, Berkeley y Duke se reunieron en torno a una mesa para defender a sus universidades y, de paso, transmitir su experiencias y recomendaciones para todos aquellos que por estas fechas estén considerando agarrar sus maletas y partir a estudiar a Estados Unidos. Recuerdos, anécdotas y, por cierto, cierta nostalgia. Por Camila Miranda y Paula Vargas.
Por qué eligieron esa universidad de Estados Unidos para estudiar su MBA? La pregunta abre el debate al que fueron invitados por Capital ex alumnos chilenos de los más prestigiosos centros de estudios de ese país, justo cuando probablemente muchos interesados en tomar sus maletas el próximo año están en pleno proceso de selección.
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Marcelo Vásquez, Jaime Martí, Jorge Díaz, Ernesto Solís y Juan Luis Kostner.
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¿Los convocados? Harvard, NYU, Michigan, Berkeley y Duke. Y precisamente, es el representante de esta última, Jorge Díaz (31), asociado de desarrollo de negocios de Barclays Global Investors, quien lanza el primer argumento y, de paso, deja claro –como comentará más tarde– que cerca de la mitad de las decisiones diarias obedecen a procesos emocionales más que racionales. “¡Duke, porque tiene el mejor equipo de básquetbol de los que estamos acá!”. A la risotada general, siguen datos que muestran que el deporte no es un asunto tan marginal en estas lides y que tanto o más importante que la academia fue la experiencia vivida.
“El básquetbol allá tiene un nivel casi profesional, los buenos jugadores pasan directo a la NBA. Además, el coach es también el director técnico de Estados Unidos que ganó las olimpiadas, es el Coach K (Mike Krzyzewski) y pasar a su lado es como pasar al lado del Papa: si lo logras tocar, te transformas en oro”, bromea Díaz.
A su lado está Michigan, el eterno rival de Duke, representado por Ernesto Solís (37), gerente de Planificación y Control de Gestión de Lan: “Michigan también es muy fuerte en deporte, hay 50 ó 60 canchas de golf … y qué decir de las canchas de tenis, la infraestructura…” comenta como si regresara al lugar donde cursó su MBA entre 2002 y 2004.
Pero al igual que Díaz, y a pesar de recorrer cada fin de semana una cancha distinta, Solís no eligió Michigan por sus campos de golf: “hice un importante proceso de research de casi un año y yo no quería una especialización, sino –como dicen los gringos– un general management. De alguna forma, escuelas que te abren muchas puertas cuando estás haciendo el programa, y en ese sentido Michigan tiene varios dual degree, que con medio año más puedes sacar una especialización en leyes, ingeniería, etc. Y eso me llamó la atención”, explica, poniendo sobre la mesa el tema de las ventajas que tomaron en cuenta, o descubrieron en el camino, respecto de sus respectivas escuelas.
Su “rival” deportivo agrega que en el caso de Fuqua, el nombre que recibe la escuela de negocios de Duke, una ventaja es su malla curricular en que cada term o ciclo se extiende por 6 semanas (a diferencia de otros en que se prolonga por cerca de 12 semanas) lo que permite profundizar en las áreas en que cada persona tenga más interés. “Permite flexibilizar y personalizar el MBA totalmente”, precisa.
“Yo buscaba las habilidades blandas. Siento que para ser exitoso en los negocios tienes que dar tu opinión y estar todo el rato desafiando, en el buen sentido de la palabra, las opiniones del resto, como ocurre en Harvard, donde la mitad de la nota es la participación en clases. Por lo tanto, hay que meter la cuchara y dar una opinión fundamentada ante 80 alumnos. Entonces, esa parte de desarrollar la personalidad, el general management y el liderazgo fueron importantes para elegir”, agrega Jaime Martí, 36 años, gerente general de Compass Group en Chile, quien entre 1999 y 2001 cursó estudios en Boston.
Casi 20 años antes, en 1982, el acceso a estos programas era más difícil que ahora y, en relación a Santiago, lo más seguro es que Nueva York representaba la quintaesencia del desarrollo. Las luces de la gran manzana, sin embargo, no fueron el real imán para que Juan Luis Kostner (57) director de Gemines Management SA e integrante de directorios de empresas, cursara su MBA en la NYU.
Entre 1975 y 1978, Kostner se desempeñó como economista en el ministerio de Economía y luego, en el Banco Central. Como tal, le tocó asistir a la transformación del país hacia una economía de libre mercado, pero –atraído por el mundo privado– optó por la banca y ya instalado en el Banco Sudamericano, del cual llegaría a ser gerente general, partió a Nueva York. “Como ciudad es una fuente de conocimiento en sí misma, que ayuda a comprender una realidad dinámica, es un centro financiero por excelencia. Por lo tanto, aprendes dentro y fuera de la universidad y, por la misma razón, en la escuela de negocios de NYU (Leonard N. Stern School of Business) la especialidad dominante son las finanzas”.
En esa ciudad, agrega, se habría quedado si no fuera por el 13 de enero de 1983, “cuando el país estalló en pedazos y se intervino el sistema bancario de Chile y me obligaron a volver al banco para apoyar la gestión y ver cómo salíamos de este tremendo problema”.
Marcelo Vásquez (39), gerente de Desarrollo de la Fundación Chile, interrumpe su silencio con una frase que le sale del alma: “¡me están dando unas ganas de volver a estudiar!”. Entre 2000 y 2002 estuvo en Berkeley, una decisión que define como la mejor después de su matrimonio. Incluso, profundiza a partir de esa comparación: “el MBA se parece bastante al matrimonio, porque de alguna manera uno se compromete a largo plazo. Yo no puedo decir que la señora de este gallo es más linda que la mía, porque cada uno se casa con quien mejor le calza, y el MBA es muy parecido: todos tienen diferencias, pero el conjunto de cosas es lo que te hace alcanzar una experiencia que te marca completamente”. Agrega que buscaba una escuela que fuera parte de una institución con trayectoria de peso y un buen lugar para vivir: “Berkeley tiene premios Nobel, quería estar en el sistema más competitivo del mundo, como Silicon Valley, y en un entorno donde uno pudiera salir a pasear, esquiar en Lake Tahoe en el invierno o ir a Yosemite en el verano”.
A la distancia, el head de Barclays Global Investors Chile, Axel Christensen, también se hizo parte del debate. Con entusiasmo describe sus dos años en Stanford –universidad en la que obtuvo su MBA hace 15 años– como los mejores de su vida, al menos hasta ese entonces. “La combinación de una clase de gente muy inteligente, en uno de los lugares más innovadores del planeta y una cultura que motiva a experimentar y tomar riesgos, es lo que claramente está detrás del hecho que compañías como Google, Yahoo! y EBay hayan salido de Stanford, todas en ellas en menos de 20 años”, grafica.
Volver o quedarse
Pero más allá de las diferencia académicas, Kostner pone otro punto: hacer el MBA soltero o casado, con o sin hijos… “Para mí eso fue clave, porque a la larga si la señora lo pasa mal, uno también lo pasa mal”, señala Jaime Martí, quien partió recién casado. “Para mí, Boston fue espectacular: tiene más de 50 universidades e institutos, con una vida estudiantil intensa. Mi señora, que es agrónoma y paisajista, tomó cursos de flores, de paisajismo, fue la coordinadora internacional de las señoras de los MBA… o sea, la ciudad es un tema para decidir”, concluye.
Ernesto Solís, quien también emprendió viaje una vez casado, cuenta que eligió Michigan porque no quería una gran ciudad. “En lo personal, quería un college town, algo más tranquilo. Quizás porque estaba medio aburrido de Santiago y quería algo tipo Valdivia”. Sus expectativas se cumplieron. Por ejemplo, cuenta que los alumnos de primer año del MBA vivían todos en el mismo edificio, lo que lo hace muy ameno.
La misma idea rescata Díaz: Duke está en un pueblo, en Durham. Y muy cerca está otro pueblo, Chapel Hill, que también depende de una universidad: North Carolina. Entonces se crea un ambiente muy entretenido que contrarresta el hecho de no estar en una metrópolis.