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Puzzle en construcción

Artículo correspondiente al número 251 (30 de abril al 14 de mayo de 2009)

 

La reforma del Estado cruza todo el programa de Gobierno del candidato de la Concertación y que su equipo Océanos Azules afina en la más extrema reserva. El objetivo es saltar de la macro a la microeconomía, con el desarrollo humano como eje y propuestas que se aventuran polémicas. En septiembre será dado a conocer, previo debate con los partidos de la coalición. Por Elena Martínez.


Un rompecabezas en pleno diseño. Así es la imagen que surge cuando se trata de describir las propuestas económicas que el candidato presidencial de la Concertación, Eduardo Frei Ruiz-Tagle, elabora para en su programa de gobierno.

En Océanos Azules –como poéticamente se denomina al equipo de profesionales que trabajan en las 28 comisiones temáticas encargadas de armar el programa– lo tienen claro. No hay contenidos ni propuestas tabú. Todo se sube a la web para ser debatido. Pero será el abanderado -y nadie más– quien zanjará qué va y qué se desecha.

Esa decisión final no debería pasar de septiembre, la fecha que se maneja en los círculos más allegados al ex gobernante como tope para difundir el programa definitivo al país. Llegar hasta allí contempla la entrega de algunas proposiciones preliminares en mayo, sucesivos avances en junio y la entrega del documento global de Océanos Azules a Frei en julio, a más tardar.

Una aclaración: este documento “vector” –término que escuchamos repetidas veces mientras recopilábamos antecedentes para este reportaje– no será el definitivo, porque luego viene la prueba de fuego, que es ni más ni menos que la armonización de esas ideas ciudadanas (depuradas por los “facilitadores” o conocedores de cada tema) con lo que los distintos partidos de la Concertación extraigan de sus planteamientos internos. O sea, la discusión con las directivas de los partidos, etapa que –por cierto– nunca es fácil.

En ese sentido, más datos para hacerse una idea de lo que viene. La Democracia Cristiana tiene su propio grupo trabajando en los contenidos del programa para un posible quinto gobierno de la Concertación y en el ámbito de la economía incluye las visiones de economistas como Andrés Sanfuentes y Ricardo Ffrench-Davis. El Partido Socialista, a su vez, ha sostenido encuentros con las instancias directivas de Océanos Azules para ir acercando posiciones.

Hasta ahora, Frei –con un anterior mandato marcado por el impulso de la inversión privada en infraestructura, firma de tratados comerciales y leyes de modernización de la banca, inversión extranjera, AFP (multifondos) y los derechos del consumidor, más remezones varios por la crisis asiática de 1998– se muestra reservado y evita hacer pronunciamientos tajantes. Similar actitud mantienen los profesionales más inmediatos al abanderado como, por ejemplo, los integrantes del llamado núcleo programático, como la ex ministra Paulina Veloso, el ex subsecretario Guillermo Pickering, Ernesto Barros, Ricardo Herrera o Ignacio Corcuera, para mencionar sólo unos cuantos.

Esta estrategia –que irradia también a los coordinadores de comisiones y a sus miembros, cuyos nombres por instantes pueden ser casi “secreto de Estado”– tiene una poderosa razón que surge del concepto que mueve al grupo Océanos Azules: sencillamente, no puede haber anuncios o medidas públicas mientras no hayan sido confrontados con las opiniones de la ciudadanía.

Así de simple. Así de rotundo. Lo exige la estructura de cascada del movimiento, que tiene –dice– en su cima a la gente. Y aunque el barco no esté a la deriva y el caos que surge en una primera mirada tiene, en realidad, una organización notable pero hermética, nadie abrirá la boca mientras no se hayan procesado los puntos de vista que llegan a la web o surgen en los encuentros en terreno.

 



Un nuevo Estado



Hay, sin embargo, señales potentes que, sumadas a las conversaciones en “on” y “off”, algunos dichos del abanderado presidencial, los debates cibernéticos y numerosos documentos subidos a la página web de Océanos Azules, permiten dar algunas luces de por dónde irán las definiciones.

Veamos. Una es el proyecto de reforma que Eduardo Frei entregó en diciembre y donde, por ejemplo, habló de incentivos tributarios para que las empresas públicas y privadas instalen sus casas matrices en regiones y de crear un ministerio coordinador de políticas sociales, de manera que la negociación presupuestaria anual sea con un solo interlocutor, para asegurar el cumplimiento coherente de las líneas claves.

Ambas acciones son la punta del iceberg de uno de sus temas prioritarios: la reforma del Estado. Hacia aquí apunta su mirada porque, sin cambios en las estructuras de planificación y gestión del aparato público, cree imposible llevar a cabo la innovación con la que sueña marcar su posible segundo gobierno.

“Una clave para entender lo que se está haciendo es que para nosotros los problemas son intersectoriales y no obedecen para nada a la estructura compartimentada del Estado, tal como está organizado hoy”, nos dijo un cercano colaborador del candidato. De ahí, explicó, que una reestructuración no pasa sólo por dividir ministerios o reducir plantas, sino por crear órganos que tengan la multiplicidad de competencias y no sólo un nombre decorativo.

Se trata de dar un salto potente y no fácil. Pasar de las políticas públicas basadas en las cifras macroeconómicas –lo meramente cuantitativo, “importante pero sólo un primer paso”, nos recalcaron– a las cualitativas, con un fuerte acento en quien debe ser el favorecido por ellas.

“Una economía con paradigmas humanos”, le llaman. Ese es el ilustrativo nombre de la comisión que lidera el trabajo a nivel de producción, crecimiento y equidad. “Se busca mirar los problemas desde los ciudadanos, no desde los ministerios”, nos dijo un entrevistado. Pero esta última frase, que bien puede sonar “cliché” o repetida, se traduce en que –si tomamos un caso en el sector Salud– la prioridad no iría por aumentar los centros de atención, sino por solucionar la calidad diaria en aspectos como la eficiencia en la llegada de una ambulancia ante una emergencia.

Los indicadores de desarrollo humano deben llevar la batuta en este enfoque, se nos explicó, y la idea es que éstos sean el sello del programa en elaboración. Vamos a otro ejemplo: ¿por qué no priorizar mejor las políticas educacionales basadas en el aprendizaje del estudiante más que en las cifras de inversión en colegios?

 

 

Los miembros de Oceanos Azules
(click en la imagen para ampliar)

 

 




Dipres acotada


Es en este contexto que el mencionado ministerio coordinador surge como esencial para que haya una sola voz que resuelva qué es prioritario y, además –nos subrayó un entrevistado que optó por el anonimato– “se terminen los desequilibrios desde el punto de vista social de los que estamos llenos”.

Sergio Henríquez, el ex ministro de Vivienda y quien lidera la comisión económica social de Océanos Azules, agrega un punto polémico al indicar que, producto de estas modificaciones estructurales, la Dirección de Presupuesto, Dipres, debería tomar su rol de sólo controlar los recursos. “Hoy decide en qué se usan. Eso debería decidirlo el ministerio social”, enfatiza.

El mismo Henríquez deja en claro que el concepto eje no significa para nada dejar de lado los necesarios equilibrios macroeconómicos: “eso está fuera de toda discusión”. Se trata, explica, de pasar del “qué” al “cómo”, que es la etapa fundamental que el país requiere para crecer al Bicentenario.

 



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