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Reportajes y Entrevistas
Pura eficiencia

Artículo correspondiente al número 306 (12 al 25 de agosto de 2011)

 

Ya no se trata de vestirse de verde para cumplir con los estándares de moda en materia de responsabilidad social. Hoy las empresas están dando pasos concretos en materia de sustentabilidad, pero con el objetivo puesto –además de la ecología- en la eficiencia y el retorno futuro de proyectos que, en una primera etapa, pueden resultar más costosos. A continuación, historias que demuestran cómo estos esfuerzos son llevados a la práctica. Por Fernando Vega.

 



Construir para aprovechar la luz natural, convertir los desechos en combustibles, terminar con la impresión de cuentas, disminuir viajes o construir clínicas con termopaneles para reducir la factura de energía. En Chile varias empresas están descubriendo el valor de teñirse de verde para ahorrar costos y aumentar su eficiencia.

La escasez de los recursos tradicionales, el elevado precio de las energías y el creciente costo medioambiental, expresado en regulaciones y multas, está impulsando a las firmas nacionales a convencer a accionistas y proveedores de implementar el cambio de tecnologías y procesos a fin de hacer más eficientes sus procesos.

La mejora reputacional es hoy una ventaja adicional. Los consumidores y la sociedad entera están demandando empresas verdes y modernas, pero también los inversionistas y accionistas buscan compañías que sean rentables. Mecanismos para ahorrar y descontaminar o, al menos, bajar las emisiones hay por decenas. Actualmente casi no existe empresa grande o mediana en el país que no esté trabajando en el tema. Algunas aplican modelos de otros países. Otras sorprenden con innovaciones made in Chile. Las hay por iniciativa propia o mandatadas por sus casas matrices en el extranjero.

A diferencia de hace algunos años, cuando buena parte de las iniciativas sonaban a ciencia ficción, romanticismo o intrincados juegos de palabras, las de ahora tienen un fuerte asentamiento en el mundo real. Y por lo mismo es que las perspectivas son optimistas. Las ventajas de operar en verde están a la vista, coinciden en las empresas: menores costos, nuevos negocios y anticipación a las regulaciones.

El proveedor clave

Para conseguir este objetivo, una de las claves reside en convencer a los proveedores. “No se saca nada con anunciar un edificio verde si no hay madera o pintura certificada o si no están disponibles aparatos de baño que consuman menos agua o ascensores que ahorren energía”, dicen en la construcción.

Paz Corp, por ejemplo, para su primer edificio certificadamente verde –el I-apt en Vitacura– no sólo se encontró con la dificultad de hallar una empresa certificadora, sino que muchos de sus proveedores habituales “no conocían las necesidades que esta certificación LEED solicitaba. Hoy, el mercado o la industria están mucho más preparados; incluso algunas empresas han creado áreas sólo enfocadas a ofrecer materiales y productos que otorguen puntos LEED”, dice Marcos Camsen, gerente de Innovación y Logística de la firma constructora.

Con una inversión de 16,5 millones de dólares, construir el I-apt será entre 5% y 10% más caro que un edificio tipo de Santiago, pero generará a sus residentes ahorros de un 18% de energía y de un 33% de agua. En todo caso, según Camsen, los mayores costos no serán traspasados al precio de venta.

Pero llegar a este concepto es resultado de un largo proceso. Y muchas veces, lento. En algunas empresas implica un cambio cultural gigantesco, que considera un fuerte involucramiento con los proveedores; sobre todo, para acompañarlos en su adecuación a las nuevas pautas y ofertas.

La conversación comprador-proveedor parte con la exigencia de que los suministradores cumplan lo básico: las leyes y regulaciones ambientales. A partir de ahí, las contratantes comienzan a demandar la creación de procedimientos para prevenir y remediar la contaminación y planes de manejo de aguas o residuos, entre otros.

La conversación comprador-proveedor parte por la exigencia de que los suministradores cumplan lo básico: las leyes y regulaciones ambientales. A partir de ahí, las contratantes comienzan a demandar la creación de procedimientos para prevenir y remediar la contaminación, planes de manejo de aguas o residuos, entre otros.
Las pautas se aplican para proveedores de mercancías que abarcan desde materias primas, productos semielaborados y terminados, contratistas, outsourcing, hasta proveedores de servicios, como call centers. Se imponen las auditorías, que parten por una revisión de la documentación hasta visitas para determinar si los compromisos están siendo cumplidos. Hoy, con una declaración no basta. Los grandes poderes de compra están reclamando sistemas de gestión integral.

Un ejemplo: para medir el impacto de sus faenas, la compañía minera Doña Inés de Collahuasi exigió planes de reducción de emisiones desde la exploración hasta el embarque del concentrado de cobre.

Es que la sustentabilidad de la cadena de proveedores ha pasado a ser tan importante como las prácticas de la propia empresa que la contrata. “No sólo hay que plantear mejoras de procesos, tecnología y personas, además de un uso más intensivo de tecnologías de la información, debido a los altos costos que pueden tener dichos cambios. También hay que considerar cambiar los hábitos de los empleados e insertarlos en la nueva forma de producción que la incorporación de dichas tecnologías implica”, sostiene la directora de Sustentabilidad y Cambio Climático de KPMG Chile, Heloisa Schneider. Multinacionales como 3M, Phillips, Honda, Samsung, Nike, Levi Strauss o HSBC manejan incluso códigos de conductas para sus proveedores y los hacen públicos para que sus consumidores más quisquillosos también los vigilen.

Yacimiento de ahorro

La instalación de mejores prácticas y procesos implica –eso sí– un equilibro delicado. Aunque en principio significa una inversión alta, a la larga el impacto es mayor. “Por ejemplo, en el caso de la contaminación del suelo por químicos o aceites, además de las multas y sanciones que pudiese haber, limpiarlo es extremadamente caro, porque además de remover las capas de suelo contaminado, habrá que pagar un vertedero autorizado para que lo almacene por largos periodos. Si se compara este costo con el de invertir en alguna estructura o cubierta que evite este tipo de contaminación previendo los riesgos de almacenar este tipo de productos, la segunda solución es mucho más barata”, sostiene Schneider.

Gerdau Aza, por ejemplo, desarrolló un programa de proveedores de chatarra, en que respaldó la compra de camiones nuevos para sus chaterrareros con el doble beneficio de fortalecer su negocio –asegurando el suministro– y retirar de las calles vehículos contaminantes.

En 2009, la minera Xstrata Copper implementó un programa que ya va en su tercera versión y que busca que los proveedores cumplan con las exigentes metas de sostenibilidad de cada uno de sus proyectos mineros. Las áreas claves del plan consideran colaboración conjunta, rediseño de productos o servicios, plataformas para la innovación y apoyo por parte de la firma para desarrollar productos o mercado inmaduros.

El mismo año, tras su aterrizaje en Chile mediante la compra de D&S, la cadena estadounidense de supermercados Walmart dictó a sus proveedores una serie de exigencias ambientales y comenzó a trabajar con éstos en pautas de uso eficiente de energía y ahorro de recursos naturales.

Lan ahorra el 4% en combustibles

El transporte aéreo es responsable del 2% de todo el dióxido de carbono producido por la humanidad. Ello, combinado con el aumento del costo del combustible, llevó a LAN a invertir 75 millones de dólares en la instalación de unos dispositivos que ahorran energía.

Los winglets que están en toda su flota actual de Boeing 767 de largo alcance, consistente en 39 aviones, han permitido a la compañía obtener una eficiencia aproximada de un 4% en el uso de combustible y una reducción en sus emisiones de CO2. Para finales de este año, la firma proyecta reducir alrededor de 113.000 toneladas de CO2 sólo con los winglets. En 2010, esta medida le permitió a LAN bajar en más de 93.000 toneladas sus emisiones de CO2. Por eso, el directorio de la firma decidió que cada 767 que se sume a la flota de largo alcance de LAN deberá incorporar esta tecnología.

Debido a que los combustibles representan aproximadamente un tercio del costo de operación de una aerolínea, LAN decidió además incorporar a su flota en el segundo trimestre del próximo año 32 aviones Boeing 787 Dreamliner, consideradas como las nuevas aeronaves “ecológicas”, ya que son las más eficientes del mundo en consumo de combustible. A ello se suma la compra de 20 Airbus A320neo “eco-eficientes”, que serán recibidos entre 2017 y 2018.






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Comentarios

1 Comentarios

daniel ortiz :

Publicado Viernes 12 de Agosto, 2011 - 07:34 hrs

Muy buen aporte a la sustentabilidad y sensibilización en materia de eficiencia energética y cuidado del medio ambiente, el teñirse de verde seria el eslogan de un plan cultural y cambio hacia una nueva forma de vida. 
Tema que debe iniciarse con las nuevas generaciones.

 
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