Artículo correspondiente al número 235 (22 de agosto al 4 de septiembre de 2008)
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Recordemos que las tasas de interés se subieron a fines del año pasado, pero luego se detuvieron a principio de 2008 e incluso hubo un sesgo más optimista con respecto al tema inflacionario. Desde mi punto de vista, se pudo haber detenido el alza de tasas, pero se debió mantener el sesgo, como se hizo en Europa. Acá en Chile dejamos de subir las tasas, sacamos el sesgo y comenzamos a decir que todo venía de afuera. En ese momento se empezaron a generar estos efectos de segunda vuelta, las expectativas se empiezan a desanclar y el mercado deja de creer que la inflación va a caer. Hoy, del 9,5% de inflación, debe haber por lo menos un par de puntos producto de estos efectos de segundo vuelta. Y a medida que vamos teniendo inflaciones más altas empiezan a operar los mecanismos de indexación y los efectos se van intensificando.
-Vaya problema.
-Es que las expectativas se desanclaron. Por eso, gran parte de la tarea que tiene el Banco Central no es parar el consumo (el consumo privado está creciendo por debajo del 5%), sino que anclar las expectativas. Hoy todos creen que la inflación va a llegar al 8% a fines de año y se están reajustando las cosas en función de esos números... Los trabajadores están pidiendo reajustes que van del 8% hacia arriba. Si toda la gente está reajustando sus precios a ese nivel, es bien difícil que el próximo año la inflación caiga desde esos niveles. El Central tiene que anclar las expectativas, volver a tener la credibilidad fuerte que tuvo, para lo cual es relevante cómo sube la tasa y cuáles son las señales que da. La primera alza que hizo desde mi punto de vista tuvo un error en el comunicado, porque no dio ninguna señal de lo que iba a hacer en adelante. En la segunda dio una señal clara, lógica en la que se ha mantenido. Con todo, la última vez subió 50 puntos, y yo hubiera esperado 75, de manera de sorprender al mercado.
-¿Cómo evalúas la sintonía fina del Banco Central, en especial por las compras de dólares, lo cual algunos creen contradictorio para el control de la inflación?
-Para evaluar, hay que recordar el momento en que se implementan estas políticas. El Banco Central tomó un escenario optimista a principios de año, siendo que debió haber mantenido una postura más restrictiva. De hecho, en el IPOM de mayo esa postura estuvo ausente y fue generoso en que los efectos de segunda vuelta no se habían materializado. En paralelo a eso empezó a caer el tipo de cambio y el Central decidió salir a comprar, porque un dólar a 430 no generaba grandes problemas inflacionarios; menos, si en su modelo de inflación el tipo de cambio a fin de año era de más o menos 500. Sin embargo, si el tipo de cambio empieza a subir mucho más y si las expectativas se han desanclado, entonces se le genera un problema, ya que por un lado necesita que el mercado le crea que va a hacer todo lo necesario para volver a la inflación de 3%, y, por otra parte, tiene un política de intervención que parece ir en la dirección contraria.
Muchos creen, y lo comparto, que un tipo de cambio a 510 o 515 pesos está debajo del tipo real de equilibrio, pero también es cierto que el Banco Central no puede dar una señal de que la política monetaria que hoy está siguiendo es compatible con cualquier tipo de cambio. Por lo menos, para alinear sus objetivos, tiene que dar una señal respecto a su política de intervención. La más extrema sería eliminar la intervención, pero otra señal sería decir, por ejemplo, que en vez de comprar 50 millones diarios comprará menos o que en vez de comprar cinco días a la semana lo hará tres días a la semana. Es decir, dar una señal de que no es indiferente con cualquier tipo de cambio.
Con todo, a la larga igual tenemos que darnos cuenta que la perspectiva para el peso chileno es que va a perder
valor, y no descarto que gran parte del movimiento que hoy estamos viendo tenga más que ver con lo que está sucediendo afuera con el dólar que lo que está haciendo el Banco Central.
-Hemos hablado de dos precios clave, la tasa y el tipo de cambio. ¿Cuáles serían tus recomendaciones para las otras dos variables críticas, el gasto público y los salarios, que también son fundamentales para la inflación?
-Lo primero que hay que decir en cuanto al gasto público es que, ya sabemos por el ministro, éste crecerá un 6,8% este año. En ese cuadro será fundamental que en los meses que vienen el gasto se acote para dar con ese promedio. Eso ayudará a centrar las expectativas y a fortalecer la posición del Banco Central. Para el próximo año esperaría un presupuesto con entre 6 y 6,5% de crecimiento real.
-Pero eso está por sobre lo que crecerá la economía.
-Claro. A mí me gustaría un 4,5% o 5%, pero estoy siendo realista y hago el análisis en el contexto de un año electoral. Dado eso, también me parece muy probable que sea un gasto muy concentrado en áreas sociales. Como sea, cualquier cifra que se acerque al 6% será buena y ayudará a un Banco Central que no puede subir la tasa a cualquier nivel, porque ya tiene ante sí un consumo privado que se ha ido deteriorando. Es cierto que el gasto total crece, pero al ver las componentes, parte importante corresponde a inversión fija. Como el ingreso disponible es menor y el gasto privado no está creciendo mucho no se puede subir la tasa a cualquier nivel sin derivar en un problema mayor.
-¿Y los salarios?
-Bueno, dado este cuadro me parece evidente que el tema de la reajustabilidad será cada vez más crucial; y por reajustabilidad me refiero a precios, tarifas y en particular a los salarios. En este segundo semestre se viene un importante número de negociaciones colectivas y es probable que los sindicatos no confíen en las metas futuras de inflación, lo cual es una tremenda pérdida que hemos tenido en este tiempo. En la medida en que no seamos capaces de acotar las negociaciones salariales, la inflación va a terminar muy cerca de adonde vayan esos reajustes. Por eso el reajuste que se dé en el sector fiscal es fundamental...
También es clave que el Central insista mucho en el tema de la reajustabilidad. Incluso creo importante que describa la trayectoria que nos llevará de vuelta a las inflaciones de 3%. Ya no basta decir que ese resultado se obtendrá en un horizonte de 24 meses (lo cual es poco probable). Debe entregar una señal clara y cumplirla. En los 90 costó construir credibilidad y ahora debe volver a hacerse. ¿Por qué no fijar metas progresivas y alcanzarlas, ojalá con creces para que la gente vuelva a creer?