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Reportajes y Entrevistas
Por qué la desigualdad importa

Artículo correspondiente al número 297 (8 al 21 de abril 2011)

 

Tres clases de argumentos que, a nuestro juicio, conforman un caso sólido para comprometerse políticamente con la disminución de la desigualdad socioeconómica, incluso en el evento de que Chile ya hubiese cumplido con proveer a todos ese “mínimo digno”. Una tesis de Cristóbal Bellolio y Daniel Brieba; ilustración, Ignacio Schiefelbein.

 


Los pronósticos más auspiciosos dicen que Chile podría derrotar a la pobreza antes de finalizar la presente década. La estrategia de crecimiento económico y políticas sociales focalizadas podrían transformarnos en el primer país de la región en conseguir dicha meta –salvo que Uruguay nos arrebate el título en los minutos finales–. El presidente Piñera suele nombrar razones para hacerlo: porque se trata de un imperativo moral, una inversión a futuro y una garantía de paz social. Existe consenso absoluto en nuestra clase política –no siempre lo hubo– respecto de la urgencia de esta tarea, ya sea por las razones que entrega el presidente o por otras que no se alejan demasiado. Que el debate sobre el Ingreso Etico Familiar discurra por canales más técnicos que ideológicos refleja ese acuerdo general: todo chileno tiene derecho a un nivel de vida digno, asegurado por el Estado.

Lo interesante es observar qué ocurre una vez que la pobreza, en términos absolutos, ha sido superada. El problema de los países ricos, como Estados Unidos o Gran Bretaña, en la actualidad no es la miseria dura que corroe a las naciones en vías de desarrollo, sino el progresivo aumento de la desigualdad entre los que más y los que menos tienen. Como chilenos, la pregunta que nos hacemos en el presente artículo parece simple, pero reviste una respetable complejidad: ¿nos debiera importar, además de vencer la pobreza, el nivel de desigualdad socioeconómica que existe actualmente en nuestra sociedad?

En una primera aproximación, digamos que la desigualdad en sí misma no es tan grave mientras toda la población cuente con recursos suficientes para vivir decentemente. Por decirlo de alguna manera, una vez satisfecho ese mínimo universal, todo es cancha. Más aún, si los ricos se hacen más ricos, y a consecuencia de ello los pobres son menos pobres, bienvenido sea. La tributación a los primeros debiera ser la justa para no desincentivarlos y la suficiente para establecer una red de protección para los segundos. Todo esto, sin perjuicio de contar con un esquema abierto a la movilidad social. Visto así, todos ganan.

Nosotros no estamos tan de acuerdo. A continuación ofrecemos tres clases de argumentos que, a nuestro juicio, conforman un caso sólido para comprometerse políticamente con la disminución de la desigualdad socioeconómica, incluso en el evento de que Chile ya hubiese cumplido con proveer a todos ese “mínimo digno” y asumiendo que dicho piso básico no es una situación fija sino que demanda mejores condiciones a través del tiempo, en concordancia con el progreso material de la sociedad.

La primera es una razón de justicia y suele estar en el centro de los argumentos igualitarios. Sostiene que es injusto que algunos cuenten con ventajas respecto a otros cuando éstas obedecen a las arbitrarias contingencias del destino. Sabemos que las personas no se merecen enteramente la posición social y económica en que se encuentran. Suena duro, pero la verdad es que estamos donde estamos gracias a una combinación de factores, la mayoría de ellos independientes de nuestro mérito. No elegimos dónde nacer, ni a qué colegio asistir. Si vamos o no a la universidad tiene mucho que ver con las dos variables precedentes. Cuando salimos de ella, ya estamos corriendo con una inmensa ventaja. Alguien podrá objetar que las ganas y el empuje fueron claves para llegar hasta donde están. No lo negamos, pero añadiríamos que las oportunidades que aprovecharon también estuvieron determinadas por el capital cultural que absorbieron del medio, por las redes sociales a las que tuvieron acceso y –cómo no– por su no escogida herencia genética. Casi todo, pura suerte. Un niño que nace en una familia que le enseña desde el comienzo la importancia de la responsabilidad y del trabajo bien hecho tiene mejores perspectivas que otro al que jamás se le transmitieron valores similares. El primero es un niño afortunado; el segundo, no.

Poca gente está dispuesta a sostener que estar condenado por la mala suerte es “justo”. Si quisiéramos ser verdaderamente imparciales, estaríamos de acuerdo en extremar recursos para eliminar o al menos mitigar las diferencias producidas por variables que escapan a nuestro control. Estaríamos de acuerdo en que la sociedad tiene el deber moral de emparejar las condiciones de tal manera que la mala suerte no sea determinante. Este es el origen de la noción de la igualdad de oportunidades. En este esquema, las desigualdades sólo son justas si todos los participantes tuvieron las mismas posibilidades de acceso a las distintas posiciones en la escala social. Es una idea que apela al sentido común: nos gusta que los resultados sean la expresión de reglas uniformes, ciertas e imparciales; nos rebelamos cuando no es así. Aceptamos que haya ganadores y perdedores en la vida siempre y cuando la batalla haya sido leal.

Hoy, lo sabemos, no lo es. La igualdad de oportunidades que existe en Chile es puramente formal. Los casos en los cuales la cuna no determina el nivel socioeconómico se cuentan como excepciones y están lejísimos de ser la regla general. Incluso dos egresados universitarios de la misma carrera y establecimiento enfrentan oportunidades efectivas muy distintas a la hora de conseguir trabajo, si uno de ellos posee el perfil de la elite y el otro no. Conformarse con la igualdad de oportunidades que aparece en el papel consolida la injusticia de un sistema que castiga la mala suerte. Por el contrario, un sistema justo corrige las desigualdades de origen a través de una efectiva igualdad de oportunidades y dispone compensaciones a lo largo de la carrera para aquellos que cargan con desventajas que no pudieron ser eliminadas.





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7 Comentarios

patricio gonzalez cruz :

Publicado Viernes 15 de Abril, 2011 - 21:46 hrs

La brecha inmensa y creciente entre los chilenos es inaguantable y terriblemente injusta; basta solo conocer los "Balances" de los grandes; utilidades muy superiores a su verdadero capital propio en la realidad. Sus socios, los Bancos, les otorgan Créditos al 10% de las tasas exigidas al empresario pequeño y es parte del ocultamiento mixto de la verdad sin ecuanon. Pero dejemos al lado a estos grandes que pueden evadircon sus variados Rut, algo que hay que cambiar y/o transformar; dediquemos un espacio a los profesionales liberales, que no hacen una sola boleta de honorarios, sólo algunas antes de hacer su Declaración. Médicos, Abogados, Arquitectos, Ingenieros, Contadores, Químicos y todos de una u otra manera. No olvidemos la ajustada vida de ciertos señores antes del Gobierno Uniformado, que hoy son supramillonarios y no son acusados de usar información privilegiada; no nos hagamos los lerdos con el inicio ilícito del edificio Costanera y para qué comentamos las trabas para algunos por la Comisión antimonopolios y su manga ancha con otros. ¿ la solución fuerte y real ? que la mitad de la utilidad declarada por los grandes capitalistas, sean invertidas, sin retribución tributaria, en Salud Hospitalaria Pública, en Educación Municipalizada, en perfección de los Profesores y sus Remuneraciones medidaas por sus progresos académicos; viviendas paratodos sus trabajadores con un mínimo de 120 metros cuadrados en terrenos mínimos de 400 mtr2 u por cada cinco de esas viviendas gratuitascon exelentes terminaciones, dos para los sin casa de un mínimo de 70 metros cuadrados y por últimofinanciamiento para ciencia, tecnología e investigación.Patricio González Cruz 56-35-442529.Decir lo que uno piensa, sin ofender, no es delito, ers veracidad y justicia social para los que no tienen espacio para opinar, yo me lo tomo, tal como pinochet se tomó el dinero depositado en el exterior.

Sebastian :

Publicado Martes 12 de Abril, 2011 - 22:36 hrs

Hola bueno la verdad es que soy simplemente joven con respecto a este tipo de temas pero la verdad es que en mi causan una gran importancia a mis 17 años de edad yo pienso que independientemente aya nacido personas en cunas de "oro" vulgarmente hablando en Chile si existen posibilidades de igualdad de oportunidades pero,esto depende netamente de el pensamiento de las personas ya que ellas son las encargas de tomar o no las decisiones de su vida, de su futuro,todas las personas son capaces de discernir entre lo que les conviene a ellos. Como ya había mencionado las oportunidades se les entregan a aquellas personas otra cosa distinta es que las personas no sepan dar la lucha y así, de esa manera nunca tener las oportunidades que requieren personas con un bajo nivel de capital dentro de su organización de gasto de plata mensual y obviamente estoy totalmente de acuerdo con Marcelo ya que la justicia no es aplicable por ningún lado, por ningún sentido, por donde lo veamos, no es aplicable a este tipo de situaciones. Saludos Cordiales.

MARCELO :

Publicado Lunes 11 de Abril, 2011 - 11:49 hrs

Estoy de acuerdo con Renato, la justicia no es aplicable a situaciones de hecho. No es justo o injusto ser hijo de mi madre, no es justo o injusto ser chileno, no es justo o injusto ser hijo de millonario.  
La libertad nos permite a cada uno de nosotros contar con las herramientas necesarias para la sobre-vivencia, sea donde sea. Un hijo de millonario puede terminar siendo un derrochador que lo perdió todo y un pobre o desafortunado puede ser un creador, un innovador que crea empleo y acumula gran riqueza. Ejemplos hay muchos y creo que de eso se trata la vida misma. 
Ahora, si nos ponemos a hacer análisis colectivistas, por supuesto que las condiciones de hecho parecen injustas, pero eso es porque no es apropiado analizar colectividades como si el hombre fuese un ser colectivo, las personas somos individuales y debemos ser tratadas por el estado como tales. Desde chico se me enseñó que tratar a las personas por sus ancestros era malo. El racismo es malo y que el estado trate a las personas cuyos ancestros fueron mapuches de forma diferente es injusto e inapropiado. 
En mi humilde opinión, el analizar las circunstancias en que se ve envuelta la vida de una persona, de manera colectivista, produce serias distorsiones de la realidad y sólo debe ser considerada como un factor secundario y marginal. Pareciera en esta columna, que aquellos "desafortunados" están desprovistos de habilidades básicas como el entendimiento, el razonamiento, la creatividad, etc. que no son capaces por si mismos de sobrevivir dignamente y es el estado el que debe asegurarles su existencia, eso es tratarlos como sub-humanos, eso es INJUSTO. Los defensores de la libertad, sabemos que independiente de las circunstancias, las personas están todas provistas de las capacidades suficientes para sobrevivir dignamente y por lo tanto, todas deben ser tratadas con igualdad, sean ricos, pobres, mapuches, italianos, rubios o negros. Este tipo de columnas, nos llevan a aumentar los prejuicios y las discriminaciones. Saludos.

Patricio González Cruz :

Publicado Domingo 10 de Abril, 2011 - 01:00 hrs

Me parece que la brecha entre acaudalados y el 90% de los Ciudadanos está en la inopia de los Ministros de Hacienda de, ahora y sus antecesores. Mi lega opinión es que las empresas no se les debe permitir abrir subsidarias con otro RUT, con la finalidad que aquellas que obtengan tres veces más de utilidades anuales, de la tasa promedio del Banco Central, deberían invertirlas obligatoriamente en investigación científica y técnica, Educación Superior y Municipal, sin dejar de lado los aportes al sistema de Salud Pública en infraestructura, tecnología y mantención. otro sector que debería ser beneficiado es el aporte de viviendas de calidad , en proporción de cuatro a uno, para sus empleados y carentes de patrimonio económico, pero sí estos últimos, de un buen promedio medio familiar en Educación. Así se estrecharía la brecha entre acaudalados y menesterosos, toda cifra es posible de ir cambiando de acuerdo a la realidad, como también disminuyendo los altos impuestos al consumo de libros, alimentos, servicios de utilidad pública, gasolinas, parafina, lubricantes y diesel. Algunos adinerados dirán que es muy fácil disponer de las utilidades de los demás, no señores, mi patrimonio personal y familiar directo, me lo comió un cáncer séxtuple por siete años, que hoy me tiene endeudado y nadie me otorga empleo por el Destacado Curriculun anterior. Otro punto que se me viene a la cabeza, va para la Ministra del Trabajo que debería instruír en su cartera, la profunda fizcalización de los Profesionales que son, en mi parecer, los mayores evasores de impuestos de Chile. Patricio González Cruz 56-35-442529, Nota: la Señora Evelyn, el señor Larraín y elMinistro de Economía señor Fomtein,todos me conocen lo suficiente al ser proactivo.

Renato :

Publicado Sabado 9 de Abril, 2011 - 22:59 hrs

Respecto del primer argumento, me resulta dificil creer que un criterio de justicia sea aplicable a situaciones de hecho no derivadas de un acto humano, como lo es la distribución de talentos o la posición social en que se nace. Si bien, como dicen los columnistas, no se puede decir que estar condenado a mala suerte es “justo”, tampoco se puede decir que es “injusto”, simplemente es. 
Por otra parte, vincular la noción mérito con la legitimidad de nuestra propiedad o tenencia sobre lo que nos ha dejado la suerte (talentos innatos, riqueza, etc.) es erróneo. El derecho de propiedad es independiente del mérito. Me imagino que nadie estará de acuerdo con que reformemos nuestra Constitución Política para incorporar una nueva causal de expropiación relacionada con la calificación de los méritos del titular del derecho de propiedad. No es necesario acreditar mérito para poder ser titular del dominio sobre un bien.

Juan Carlos Gomez Pazos:

Publicado Sabado 9 de Abril, 2011 - 17:59 hrs

Buenísimo , hace tiempo buscaba profesionales preocupados de la Desigualdad mas que análisis teórico ofrecer alternativas , ya es un avance. También existen corresponsabilidades del Empresariado , sin embargo teniendo una tradición de Estado Paternalista , siempre ha sido mas fácil recurrir a subsidio y bonos , que por ende predispone a una actitud de resignación crónica,.Mayor es aun es el caso de los profesionales con estudios superiores y con Discapacidad que son 120.000 y solo una cifra aproximada de 500 tienen oportunidad de un trabajo. Es increíble como no basta incluir una supuesta solución en una Ley , ya que desde su promulgación las cifras no han variado , será que una vez mas el mecanismo de las imposiciones , no es suficiente para lograr cambios reales hacia la disminución de las desigualdades. Pareciera que el camino esta descubierto por otros países desarrollados , como promover a nivel de disminuir la carga tributaria de las empresas , a aquellas que tengan inclusión laboral (real y efectiva en forma , fondo y numero de personas con oportunidades). Un abrazo aromático desde Chile.  
 
Pd: Hoy tenemos el orgullo de gestionar Primera Empresa con RSE Total ( trabajando con Comunidades Indigenas , trabajando preferentemente con Personas con Discapacidad y preocupados del Medio Ambiente). @aromencils 
En la etapa de estar luchando contra los Molinos.....seguimos cabalgando.

Raúl Mena Gomez Pazos:

Publicado Sabado 9 de Abril, 2011 - 11:34 hrs

Muy interesante: 
Tuve ocasión de vivir en Alemania, entre 1975 y 1977. Ahí pude sentir de cerca y comprobar lo que Uds. postulan en forma teórica. 
Sin embargo, creo que Alemania lograba ese alto nivel de equidad sobre la base de una cultura de valorizar el bien común, por sobre el individual, lo cual parce estar muy lejos de nuestra cultura.

 
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