Bienvenido, te encuentras en Inicio arrow Reportajes y Entrevistasarrow ¿Por qué la polí­tica está mal si la economí­a está bien?

Reportajes y Entrevistas
¿Por qué la polí­tica está mal si la economí­a está bien?

Artículo correspondiente al número 210 (10 al 23 de ago 2007)


 

Las dos variables se desajustaron en términos objetivos. Mientras las cifras macro son tranquilizadoras, los indicadores de confianza en el gobierno y en las instituciones están cayendo a niveles preocupantes. El problema es que este factor también está contaminando las percepciones económicas.

 

 

En las cuentas públicas chilenas ya no es mucho lo que falta para amarrar los perros con longanizas. En el sector privado, por su parte, a lo mejor el panorama no es tan boyante pero la expansión que tendrá este año la economía, 6% versus el 4 del año pasado, la persistente fuerza de la demanda interna, el comportamiento del empleo y los espectaculares rendimientos bursátiles del año configuran una atmósfera muy próxima a la euforia.

 

Los negocios –qué duda cabe, y al margen de amenazas sectoriales aquí o allá– marchan bien. Hay acuerdo en que el dato de la inflación de julio fue como echarle un pelo a la leche, pero los que saben, si bien no subestiman el hecho, señalan que aún estamos lejos de un rebrote inflacionario de contornos amenazantes.

 

Adicionalmente, la economía chilena sigue cosechando reconocimientos. Un informe del Foro Económico Mundial ubicó a Chile en el primer lugar de los países latinoamericanos en aprovechamiento de las tecnologías de información, no obstante haber caído del puesto número 29 al 31. Santiago es la primera ciudad latinoamericana que aparece en el ranking de los 50 centros financieros urbanos mundiales que, según MasterCard, influyen en la economía global; ocupamos el lugar 39 mientras Ciudad de México tiene el 42 y Sao Paulo el 48. En el último estudio anual de A.T. Kearney, Chile se ubica entre los 50 países con mayor atractivo para operaciones offshoring, esto es, para el traslado de actividades económicas al extranjero.

 

Un informe de AccountAbility, ONG que mide el grado de responsabilidad social corporativa de las empresas, puso a Chile en el lugar 24 entre los 30 países con “competitividad responsable”, factor clave, según Pascal Lamy, director general de la Organización Mundial de Comercio, para impulsar los intercambios comerciales y las inversiones. Si bien por falencias en el desempeño económico del año pasado, en la efi ciencia gubernamental, en la eficiencia en los negocios y en el plano de la infraestructura y los conocimientos, el International Institute for Management Development (IMD) de Suiza nos bajó del puesto 23 al 26 en competitividad, la posición chilena sigue siendo expectable y podría mejorar un poco en función del desempeño harto más alentador que se observa este año.

 

Sin embargo, a pesar de todo, distintos estudios muestran deterioro en los niveles de confianza de los consumidores. Los sondeos de opinión han comenzado a reflejar crecientes percepciones negativas sobre el desempeño de la economía que en estricto rigor no son coherentes con los indicadores macro. No lo son, pero ahí están. Al final las cosas son como las percibimos, no como son desde el punto de vista matemático u ontológico.

 

Contrariando la lógica de que a los gobiernos les va bien cuando la economía va viento en popa, la administración de Michelle Bachelet sigue cayendo en términos de aprobación pública en la encuesta CEP y, según Adimark, el nivel de quienes desaprueban su gestión en julio último por primera vez superó al de quienes le aprobaban.

 

Se ha enrarecido el clima político. El hecho no responde únicamente a que el gabinete ofrezca espectáculos inéditos de descoordinación y deslealtad, ni a que la oposición se haya endurecido más de la cuenta o a que la carrera presidencial esté asomándose antes de tiempo. La desazón o el malestar incluyen también otros factores:

 

-Creciente desafección por la actividad política, unida a una fuerte pérdida de respaldo político tanto del gobierno como de la Concertación y la Alianza. Todos pierden, nadie gana. Curiosamente, hoy el principal partido de Chile es el de quienes no se identifican con ninguno y el de la gente que no se considera ni gobiernista ni opositora.

 

-Creciente desconfianza en las instituciones. El caso más emblemático puede ser el del poder judicial, que todavía no se resigna a estar sometido al escrutinio público y que se molesta sobremanera –refugiándose en la independencia del poder judicial, como si esto garantizara que los jueces pueden hacer cualquier cosa– cuando la opinión pública reacciona indignada frente a los descriterios de distintos jueces de garantía o ante decisiones más o menos incomprensibles de la justicia civil. Pero hay otras instituciones salpicadas por la duda. La SVS, por ejemplo, que bien o mal se acordó de ejercer sus funciones solo porque tenía al frente al candidato presidencial opositor. O de TVN, puesta en entredicho por el propio presidente del directorio. Para qué hablar de empresas públicas otrora respetables como EFE, convertida durante la administración de Ricardo Lagos en un abierto foco de incompetencia y corrupción.

 

-Paulatino deterioro de los indicadores de seguridad ciudadana. La delincuencia viene apareciendo por años entre las principales preocupaciones de la población y está visto que las fórmulas que aplican más de lo mismo –más carabineros, endurecimiento de las penas– entraron a una etapa de rendimientos francamente decrecientes.

 

-Perspectivas de mayor conflictividad social, sobre todo en función de los precedentes abiertos por Celco y Codelco en el tema de los subcontratados. En ambos casos, la empresa principal terminó sentándose a la mesa de negociaciones que en principio concernía únicamente a las empresas subcontratistas y sus trabajadores. Ambas lo hicieron “voluntariamente”, aun cuando este calificativo tiene mucho de licencia retórica en el caso de Celco, que fue presionada por el gobierno pública y privadamente para hacerlo. Como quiera que sea, es válido preguntarse si éste va a ser el modelo que regirá a continuación, puesto que cuenta con la abierta simpatía de las autoridades del sector Trabajo del gobierno.

 

En las páginas siguientes, distintos interlocutores intentan explicar los alcances de la disociación entre la fortaleza de los indicadores macro, las percepciones negativas que se están haciendo sentir sobre la marcha de la economía y el franco deterioro de la calidad de la política. Y un estudio flash de opinión realizado por TNS Time entrega interesantes insumos para analizar las correlaciones entre la economía y la política.

 



Comenta este artículo

Nombre
:
Email
:
URL
:
  (Opcional)
Código Verificación Capital.cl

Comentarios

0 Comentarios

 
IAB ChileCertifica.com