|
|
Bienvenido, te encuentras en Inicio Reportajes y Entrevistas ¡Por las achicorias! Los avatares de la belga Orafti en Chile |
Califica este artículo
Otros artículos de la sección:
Artículo correspondiente al número 222 (22 de feb al 6 de mar 2007)
Diversos actores especularon a través de la prensa regional en este sentido, y eso contribuyó a que algunos pensaran que el precio que se pagaría sería mayor”. En el escenario actual, la competencia con otros cultivos también ha restado interés a los agricultores por adaptarse a la achicoria. Y al contrario de lo que muchos pensaban, no es la remolacha su principal competencia, sino más bien los cereales. El año pasado, el precio del trigo a nivel mundial se elevó por sobre los 290 dólares la tonelada, casi un 50% más que el ejercicio previo, lo que atrajo la atención de gran parte de los empresarios agrícolas este año.
Aunque el precio de la achicoria es más bien estable a lo largo del tiempo, es mucho menor que el de los cereales. En la campaña actual, el valor por tonelada alcanzó los 55 dólares, más bonos por hasta 10 dólares adicionales, considerando aspectos como contratación temprana y fidelidad. “La idea es realmente construir
una relación con el agricultor. No algo puntual, que se mueva dependiendo del año. En eso tenemos puntos de vista distintos con la idiosincrasia de algunos agricultores. Por eso es que al inicio esto costó mucho. Es cierto que hicimos una inversión grande, pero la más grande sin duda es el trabajo que hemos tenido que realizar con los empresarios agrícolas”, cuenta Altman.
Dumont añade que aunque el precio de la achicoria sea menor, “representamos una garantía en el mediano y largo plazo, pues nuestros productos finales han registrado en los últimos años una alta demanda, que además es creciente y no está afecta a barreras arancelarias de ningún tipo”. Además, anota que, a diferencia de otros cultivos, la empresa en este caso, junto con garantizar el precio y las condiciones de compra, regala al agricultor la semilla y retira en terreno la cosecha, rebajando varios de los costos que tienen otros procesos.
|
Lo que hay que saber sobre la achicoria |
|
|
Más imprevistos
Entre los elementos adversos, la lista incluye detalles no tomados en cuenta en un comienzo, como la necesidad de enfrentar por cuenta propia la compra de maquinarias de siembra y cosecha; porque aunque existen prestadores de estos servicios para otros cultivos, las mismas máquinas no eran adaptables a la achicoria, pese a su gran parecido a la remolacha.
La achicoria tiene una raíz de aproximadamente un metro de largo, más del doble que la de la remolacha; por lo que fue necesario importar una serie de máquinas desde Europa, lo que englobó de paso el costo total de la inversión en el país. Algunas de estas maquinarias incluso bordeaban los 400 mil euros. Como los prestadores de servicios no podían asumir por sí solos la inversión, la fi rma compró los equipos y los arrienda a esas empresas. A la fecha, la compañía ha adquirido trece máquinas sembradoras, todas de origen italiano y francés y de distinto tamaño. A ellas se suman cinco cosechadoras, principalmente alemanas. “Es una tecnología completamente nueva, que se desarrolló primero en Europa, y aquí hemos tenido que capacitar a los prestadores”, revela la agrónoma. Dice que el alto precio de los equipos se debe a que forman parte de la permanente investigación que se realiza sobre la cadena que hay detrás de la producción de inulina en Europa. Entre otros factores negativos se incluye la baja que ha registrado el tipo de cambio casi desde el momento mismo en que comenzaron a exportar productos desde Chile, en 2006. A ello se suma el mayor costo de la energía; ambos, factores que en todo caso extrapolan al país. Por eso, advierten que tomará un tiempo antes que comiencen a ver los frutos reales. Las utilidades de la empresa en Chile se esperan para después del quinto año de operación y la recuperación de la inversión está prevista para un período no menor a los 10 años.
¿Que es Orafti? Orafti es una compañía belga, miembro de la división “Alimentos Funcionales” del grupo europeo Südzucker, con base en Alemania. Sudzücker es una de las compañías líderes en el mercado europeo del azúcar. Obtuvo el año pasado una facturación total de 5,7 billones de euros y tiene más de 19.900 empleados. El grupo se ha ido diversifi cando en los últimos años, entre el negocio de las preparaciones de frutas, los biocombustibles las especialidades; entre las que los alimentos funcionales tienen un papel significativo, cuya importancia está destinada a crecer en los próximos años. La inulina y la oligofructosa producidas por Orafti es comercializan bajo la marca Beneo. Entre sus clientes están los grandes productores de lácteos, cereales, cecinas y bebidas, entre otros.
Después de la tormenta, la calma
“Para los dueños, el lugar de inversión sigue siendo el correcto. Todos los parámetros son parecidos a lo que se da en Europa, donde está nuestra planta principal. Es claro que llegamos a un entorno más complejo que el planificado, con factores que no necesariamente tienen que ver con el país, como el alza de precios del trigo y la energía, que son a nivel mundial”, concluye Altman. Pero agrega que, pese a estos contratiempos, ya en los primeros años de cosecha se pudo demostrar que el potencial chileno es alto y mejorará a medida que pase el tiempo y se afi ancen las metodologías en la agricultura chilena. “Ahora, simplemente, hay que seguir. Ya pasamos los años más complicados. Ahora siempre va a ser mejor”, defiende la ejecutiva, que estuvo entre quienes defi nieron la decisión de entrar a Chile. Según indica, pese a que ha disminuido el número de agricultores que inicialmente trabajaron con achicoria, se ha ampliado el promedio de hectáreas de los que siguen manteniendo contratos. En la actualidad, este promedio es de 11 hectáreas por agricultor, desde las 9 originales. Por otro lado, el rendimiento también ha mejorado entre una temporada y otra. En la primera, el promedio productivo fue de 42 toneladas por hectárea, que al año siguiente se elevó a 48, con un peak de 75; mejor, incluso, que el potencial en Bélgica. El territorio sobre el que tienen contratos también se amplió y ahora va desde Parral hasta Collipulli. Por eso, las expectativas a futuro son más alentadoras.
Altas expectativas
La planta industrial de Orafti en Pemuco posee tecnología de punta, con una capacidad que perfectamente podría duplicarse, de ser necesario. De hecho, lo que produce tiene distintos grados de elaboración, dependiendo de la demanda, para mantener un stock de producción disponible en distintos formatos. Hoy emplea unas 200 personas en forma permanente, y en los cultivos se desempeñan en forma temporal hasta un máximo de 100, en labores de siembra, riego, desmalezado y cosecha.
Tras lograr certificaciones internacionales en 2006, la firma comenzó a exportar con éxito sus productos a toda América, incluido Estados Unidos, mercado que se abrió el año pasado y que le permitió cuadruplicar las toneladas que había despachado hasta ese entonces en sólo tres meses. En noviembre pasado se envió el primer contenedor a China y en los próximos meses esperan entregar productos a Tailandia y Turquía. La idea es que desde Chile se abastezca a toda Asia, dejando a Europa en manos de la planta en Bélgica.
La firma también quiere recuperar el tiempo perdido y escalar progresivamente en el número de hectáreas sembradas. Dentro de los próximos cinco años se espera alcanzar 5 mil hectáreas de cultivo, un tercio de lo que tiene hoy la remolacha.
Por eso, el trabajo más fuerte que tienen por delante es con los agricultores. “Tenemos el desafío de crecer. Hay agricultores espectaculares que todavía no se atreven a partir con nosotros. Tenemos que trabajar en mejorar esta relación de confianza”, reconocen en la firma.
Entre las herramientas a que han echado mano para entregar más seguridad se cuenta un seguro agrícola gestionado a través de la Comisión Nacional de Seguro Agrícola (Comsa), para garantizar un apoyo económico en caso de enfrentar problemas. “No deja utilidad, pero al menos no se sufren pérdidas por condiciones catastróficas”, señala Altman.