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Artículo correspondiente al número 276 (20 de mayo al 4 de junio de 2010
A nuevas exigencias, nuevas oportunidades. Si algo ha demostrado la industria alimentaria durante su larga historia, es su infinita capacidad para reinventarse y responder a las demandas de los consumidores. Como esa saludable reivindicación por el origen y trazabilidad de los productos... y la consecuente proliferación de los alimentos orgánicos. A continuación, algunos pioneros en esta cruzada. Por Paula Vardas. Fotos, Verónica Ortiz y Eliza Bertelsen.
Poco más de una década lleva instalado en Chile el concepto de agricultura orgánica. Las cifras ofi ciales hablan hoy de más de 50 mil hectáreas certifi cadas bajo este estándar, lo que puede sonar a poco versus la superfi cie destinada a la agricultura tradicional. Pero tenga en cuenta que hace una década sólo existían dos mil hectáreas certifi cadas. Quizás no es un boom, pero sí una tendencia.
Algo de eso ya hemos comprobado en los últimos años, cuando lo orgánico dejó de asociarse exclusivamente a la producción esporádica de frutas y verduras cultivadas y cosechadas sin la intervención de abonos y pesticidas químicos. Ahora no es extraño ver en ferias y tiendas especializadas todo tipo de conservas, vinos, jugos y hasta comidas preparadas con ingredientes orgánicos. Y esto es recién el comienzo.
A nivel mundial, hasta los grandes productores de snack están adoptando la tendencia. Frito-Lay de Pepsi Co, lanzó recientemente en Estados Unidos sus Tostitos Organic, lo mismo que el fabricante de alimentos H.J. Heinz Co. con el lanzamiento del ketchup orgánico, mientras que General Mills inició la comercialización de su primera línea de cereales orgánicos. Actualmente se estima que en el mundo el mercado de los alimentos y bebidas de esas características mueve más de 100 mil millones de dólares al año: tres veces más que hace apenas cuatro años.
¿Cómo andamos por casa?
Aunque en Chile no hemos alcanzado el nivel de sofi sticación del mercado estadounidense, existen grandes grupos exportadores que desarrollan la tendencia. Es el caso de la familia Guilisasti, que no sólo posee 1.100 hectáreas de viñedos orgánicos en su apuesta por ser la viña orgánica más grande del mundo (con su marca Emiliana), sino también la Agrícola Viconto, que produce manzanas, kiwis y ciruelas bajo este estándar. Lo mismo hace Olave, el mayor fabricante de aceite de oliva local, todo orgánico. Hortifrut, Sun Belle Berries, y las viñas Santa Rita, De Martino, Matetic, Lomas de Cauquenes y Tarapacá, entre otras tantas, también han hecho lo suyo, sumándose a los más de 700 productores locales que hoy cultivan en esa línea.
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Biodinámicos
José Guilisasti nos explica que en viñedos Emiliana han ido un paso más allá en esto del manejo natural de sus campos, alcanzando la certificación orgánica y el título de biodinámicos. “Para obtener esta certificación no sólo es necesario cumplir con un control de plagas y maleza de forma natural, sino que todo lo que se necesite para el cuidado y mantenimiento del cultivo debe provenir del mismo predio. Por ejemplo, que los compost sean hechos en el mismo campo. También hemos incorporados los corredores biológicos, o sea flora y fauna nativa para el control de gérmenes y plagas, y gallinas criollas para que eliminen algunas plagas. Y para protegerlas a ellas de los zorros, introdujimos algunas alpacas. La mayor dificultad de producir así radica en los costos por hectárea, que son hasta un 30% más altos que en un viñedo tradicional. Pero como hemos hecho un esfuerzo en la calidad del producto, eso se puede traspasar a precio. Prueba de ello es nuestro premiado vino Coyam”. |
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Nobleza oliva
Juan Pablo Barrios fue uno de los impulsores de la agricultura orgánica en Olave. “Empezamos la empresa en el año 99 con plantación de olivos orgánicos y fuimos certificados tres años después, pasada la etapa de transición obligatoria. Surgió como una motivación honesta de hacer un cultivo amigable con el medio ambiente. No fue fácil ni barato embarcarse en este tema. Se trata un tipo de agricultura intensiva en mano de obra; por ejemplo, la maleza no la puedes eliminar con herbicidas, sino que debes sacarla manualmente, y así un sin fin de cuidados. Para qué hablar de la productividad de los campos, los que se tardan entre dos y tres años más que un cultivo tradicional para alcanzar su peak de producción. Si hablamos de costos, un cultivo de este tipo cuesta entre 10% a 15% más que uno normal”. Hoy, el 60% de la producción de Olave es orgánica y viene de huertos propios, mientras el 40% restante proviene de aceitunas producidas por terceros. |
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El toque gourmet
Después de dar varias vueltas al asunto, esta chef busquilla logró acertar con un modelo de negocios que combinó sus dos pasiones: los productos orgánicos y la cocina gourmet. Así explica Catalina Barrancos su aterrizaje en este mundo con su marca Organic Maker. “Investigué varios años este tema de lo orgánico, pero me di cuenta de que la gente en Chile no paga el sobre costo que tienen estos productos, pero sí está dispuesta a pagar por algo que sea gourmet. Así fue como partí en este negocio. Comencé a contactar proveedores certificados para las materias primas de las mermeladas, pastas de aceitunas, salsas y frutos secos que vendemos en la tienda, y luego comencé a certificar los productos que elaboramos. Con este modelo he logrado no sólo buenas ventas, sino una interesante proyección internacional. Estoy preparando la salida de mis productos al exterior, donde probablemente sea Estados Unidos el primer destino. Mientras tanto, sigo en esta lucha de dar conocer un concepto al que la gente aún no le toma el peso y que es esencial para mejorar su salud y calidad de vida”. |
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Queso, vinos y turismo
Aun cuando no son certificadas como orgánicos, las tortas de queso de oveja que se elaboran en el fundo El Rosario de la familia Matetic, son un infaltable en los emporios y ferias orgánicas de Santiago. El manejo natural de sus campos en Casablanca es su sello de garantía, como explican sus creadores, María Emilia Undurraga y su marido, Cristián Matetic. “La idea de hacer este tipo de queso nació en 2002 para complementarla con nuestra producción de vinos orgánicos y el impulso al turismo que estábamos proyectando. Recorrimos distintos lugares de España para evaluar el tipo de queso que queríamos producir y optamos por uno muy particular, que utiliza la raza Merino, debido a que su leche es de gran cremosidad y, a diferencia de la mayoría de los quesos que se hacen con cuajo animal o sintético, utiliza uno vegetal. La gracia de este queso es que los ingredientes son muy sencillos y todos de origen natural recolectados en nuestro mismo campo. Hoy este producto se vende en Cardamomo, Coquinaria, Le Flaubert, Organik y La Chakra, y el próximo paso es exportarlo, eso podría darnos un salto importante en volumen”, destaca Matetic. |
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Recién exprimido
En Capital los descubrimos hace algunos años, cuando trabajaban de lleno en el posicionamiento de los jugos naturales AFE, esos que no tienen ningún tipo de aditivos artificiales, ni azúcar, ni agua. Es decir, 100% extracto de fruta. A quince años de iniciada una aventura empresarial que aprovechó la producción de fruta de sus campos propios, los hermanos Yaconi Aguayo (Jorge, María Inés y Remo, junto a sus otros tres hermanos), esta vez nos sorprendieron con el reciente lanzamiento de su línea de jugos 100% orgánicos, los que no sólo son elaborados con manzanas certificadas bajo este manejo, sino también la misma planta y el proceso de elaboración, que aísla el producto de todo contacto con químicos y agentes externos. A semanas de su lanzamiento, el primer jugo orgánico chileno se vende en el Jumbo, mientras afina su ingreso a otros supermercados (Unimarc y Tottus) y, desde luego, prepara sus maletas para conquistar el mercado internacional, donde ya tomó contacto con los que serán sus próximos distrbuidores. |
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