Reportajes y Entrevistas Por la dignidad de los colonos
Artículo correspondiente al Martes 14 de Junio, 2011
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La fuga del doctor Hopp a Alemania hace un mes volvió a poner en la tribuna a uno de los engendros más insólitos de la guerra fría y del fundamentalismo religioso de la última década: Colonia Dignidad. Para Winfried Hempel, un ex colono que acaba de jurar como abogado ante la Suprema, se trata de una prueba más de la impunidad con que, acusa, se han tratado siempre los atropellos ocurridos en Villa Baviera. Pero no se queda ahí. La huída del colaborador de Paul Schäffer es una de las evidencias que incluye la demanda civil que, junto a conocidos abogados de la plaza, presentará contra el Estado alemán y el Estado chileno para pedir una reparación. La suma en juego bordearía los 150 millones de dólares. Por Antonieta de la Fuente; fotos, Verónica Ortíz.
Acaba de cumplir 34 años, pero se podría decir que su vida comenzó hace sólo 14. En 1997 conoció el mundo. Durante sus primeros 20 años, su universo fueron 16 mil hectáreas ubicadas a 40 kilómetros al este de Parral, donde por más de medio siglo ha operado Colonia Dignidad, el enclave alemán que instauró Paul Schäffer en 1961. Ahí nació y fue criado. Hasta cumplir las dos décadas, pensaba que su vida era normal. Que trabajar de lunes a domingo, dormir y comer en salas comunes y no tener padre ni madre era la manera en que todos pasaban por la vida. No conocía otro mundo. Vivía con miedo, con culpa, desinformado, y en una estructura social en la cual no existían las familias y no había lugar para el afecto.
El 2 de junio pasado cumplió su sueño. Ese día, en el que además celebró su cumpleaños, Winfried Hempel juró como abogado ante la Corte Suprema. Hacía varios años que venía esperando ese momento. Por eso, la celebración fue en grande. Viajaron sus padres desde Villa Baviera y juntos almorzaron en un restaurante en el centro de Santiago.
Desde que cursaba tercer año de Derecho en la Universidad del Desarrollo, en la que fue becado luego de obtener 730 puntos en la Prueba de Aptitud Académica, este ciudadano chileno-alemán esperaba el día en que haría realidad su plan: ayudar a las víctimas de la colonia a encontrar una reparación por el daño moral ocasionado por el trabajo forzado, los electroshock, la medicación forzosa y el régimen de esclavitud al que fueron sometidos, junto a una serie de crímenes inimaginables que, según Hempel, ni siquiera existen dentro del Código Penal.
Para eso prepara una acción legal que promete poner nuevamente a Colonia Dignidad en la tribuna pública: una demanda civil en contra del Estado alemán y el Estado chileno por la, a su juicio, negligencia de ambos frente a las atrocidades cometidas en el predio por más de medio siglo. Se trata de un golpe grande. La reparación sería cercana a los 150 millones de dólares –1 millón de dólares por cada colono– sólo en el caso de la acción frente al Estado alemán.
El circo romano
El enclave alemán operó en la más absoluta impunidad durante casi medio siglo.
El abogado penalista Fernando Uribe-Etxeverría recibió una llamada telefónica a fines de enero. Al otro lado de la línea, un cliente le pedía si por favor podía darse un tiempo en su estrecha agenda para recibir a un alemán amigo de un trabajador suyo. Aceptó a regañadientes.
Winfried Hempel llegó puntual, se sentó en el despacho del abogado y empezó a contar su historia. Cuatro horas después, Uribe-Etxeverría, sabía que tenía un caso de los grandes entre manos. Al otro día Hempel comenzó a trabajar en su estudio y, con un equipo de diez abogados y la ayuda del experto procesalista Raúl Tavolari, empezaron a darle forma a la demanda que planean presentar a fines de este año.
La acción civil busca comprobar la omisión que acusan por parte de ambos Estados frente a los crímenes cometidos en la colonia. Por eso, mientras todo el país se enteraba a fines de mayo de la fuga del doctor Harmutt Hopp a Alemania – quien estaba a la espera de la sentencia de la Suprema por el delito de asociación ilícita– en el séptimo piso de Morandé 322, a un costado del Palacio de Tribunales, Hempel seguía los acontecimientos con atención, sentado en el estudio de Uribe- Erxeverría. La fuga del médico hacia Alemania, donde actualmente vive libre de extradiciones y persecuciones legales, vino a confirmar su tesis.
Pero no es la única prueba. En estos cuatro meses, Hempel y su equipo han logrado recabar antecedentes “sobreabundantes”, como los califica él, que apuntan a que tanto la embajada alemana como las autoridades en ese país tenían conocimiento de lo que ocurría al sur de Chile. Y que no hicieron nada. También poseen pruebas de que el gobierno chileno habría sabido de los atropellos, e incluso se explora una vía legal vinculada a la participación de algunos colaboradores del gobierno militar con la colonia.
“Yo lo veo como una especie de circo romano donde pasa de todo, hasta las cosas más inimaginables. Al borde de este circo se asoman el Estado alemán y el Estado chileno. Algunos se dan vuelta y se van, otros no se dan vuelta y se quedan mirando, otros tapan el hoyo, otro lo adornan con flores y dicen qué bonito se ve. Otros, incluso, colaboran con el circo porque les es útil dentro de sus redes de contacto y les da exactamente lo mismo lo que pase ahí”, ejemplifica Hempel para explicar lo que vio y quiere probar.
Esta es la iglesia bautista de Gronau, en Alemania, que marcó el origen de Colonia Dignidad. En los años 50 la iglesia se dividió en dos. Schäffer se transformó en el líder espiritual de una de las comunidades y luego decidió partir a Chile en 1961, trayendo consigo a cerca de 500 personas.
Correspondencia diplomática
Guardados bajo siete llaves están los miles de documentos que ratificarían la eventual omisión de los Estados chilenos y alemán en el cumplimiento de su deber de garantes de los ciudadanos de ambas nacionalidades en las tierras de Colonia Dignidad.
Parte importante de la supuesta evidencia fue encontrada en la correspondencia diplomática entre la embajada alemana y el gobierno de ese país, en la cual se informa de lo que sucede al interior de la colonia. Ahí aparece, por ejemplo, un cable de los años 60 en el cual el embajador Strätling informa de un colono que se fugó y llegó hasta la embajada alemana “extremadamente cansado y sin nociones de tiempo y espacio”, pero fue entregado a un jerarca de Villa Baviera, supuestamente para que lo dejara en el aeropuerto y pudiera volver a Alemania. Esa persona, dice Hempel, nunca pisó un avión y en cambio fue devuelta a Parral, donde le aplicaron electroshock y le dieron medicamentos para epilépticos durante 30 años. Hoy todavía vive, pero está completamente incapacitada, tanto física como mentalmente.
Otra de las pruebas en manos del abogado es la carta de recomendación firmada por el ministerio de Educación alemán que Schäffer exhibió ante las autoridades chilenas al llegar a este país en 1961 para que le ayudaran a levantar su iglesia. A través de esa misiva, dice Hempel, queda claro que aún cuando Schäffer era perseguido por abusos sexuales en Alemania, se le otorgó patrocinio para instalarse en Chile.
Entre los cables indagados también aparecen cartas de las Naciones Unidas. Se trata de reclamos y acusaciones contra los funcionarios de la embajada por el comportamiento que tenían con la colonia y por las violaciones a los derechos humanos que tuvieron lugar en Villa Baviera.
Pero la embajada no es el único flanco. Según Hempel, el parlamento alemán también hizo caso omiso de lo que ocurría, aun cuando contaban con detalles pormenorizados de los hechos. El abogado asegura que hay registros de que en 1988 los matrimonios Baar y Packmor, fugados de Colonia Dignidad, expusieron frente al parlamento acusando los atropellos del régimen de Schäffer en Chile.
“Sorprendentemente –dice– ninguna investigación de la fiscalía de Bohn llega a buen puerto”.