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Artículo correspondiente al número 267 (11 al 24 de diciembre de 2009)
Un nervioso murmullo esta cobrando fuerza entre los expertos. La vertiginosa subida en los precios de todo tipo de áctivos, desde el petroleo hasta las viviendas en Singapur, ha despertado temores a otro peligro derivado de una política monetaria expansiva a más no poder: ¿estamos frente a un espumoso reguero de burbujas de precios? Por Marcela Corvalan y Sandra Burgos.
Ben Bernanke, Jean-Claude Trichet y probablemente la mayoría de los presidentes de bancos centrales del mundo están frente a una de las mayores encrucijadas: seguir inyectando oxígeno a un enfermo que ya salió de la UCI pero que sigue mostrando signos de debilidad, o bien, arriesgarse a quitarle la respiración mecánica, esperando que sus signos vitales se estabilicen.
Y es que la gran discusión que ronda es cómo determinar el momento justo para retirar las medidas de emergencia con que los bancos centrales y los gobiernos respondieron a la crisis. Todo ello, sin ir en contra de la recuperación y antes de que las inyecciones de liquidez terminen embriagándonos.
Hoy los inversionistas están con el pie en acelerador y, a tan sólo 15 meses de la caída de Lehman Brothers, el mundo parece estar en presencia de una vertiginosa subida en los precios de todo tipo de activos, que van desde el petróleo hasta las viviendas en Singapur, despertando temores de otro peligro como el que asomó con la moratoria de Dubai: las burbujas de precios.
Advierten sobre este peligro figuras como Nouriel Roubini, el profesor de la Universidad de Nueva York que se hizo conocido por anticipar la crisis financiera y al que sus colegas, medio en broma y bien en serio, se refieren como Dr. Doom, y los díscolos premios Nobel de Economía Paul Krugman y Joseph Stiglitz.
Algunos podrían detener su lectura aquí y decir: ¡vamos, si son los alarmistas de siempre! Pero ojo, el dato extra es que a ellos se han sumado varios connotados economistas y entidades del orbe que se han mostrado genuinamente preocupados por esta situación y que no son precisamente catastrofistas, como el presidente del Banco Mundial, Robert Zoellick; Jean-Claude Trichet, el chileno Sebastián Edwards e incluso el Banco Popular de China (emisor).
Todos están pidiendo poner paños fríos al excesivo optimismo que impera en los mercados financieros.
La prensa extranjera también se ha sumado a esta preocupación. Financial Times ha advertido que la euforia de los mercados podría estar produciendo burbujas y que su estallido podría ser peor que el de 2008. Wolfgang Munchau, de la consultora Eurointelligence, advirtió a BBC Mundo que están todos los ingredientes para que se forme una burbuja: tasas de interés muy bajas (0 y 0,25 en Estados Unidos, 1% en la eurozona y 0,5% en el Reino Unido), entidades financieras con altos niveles de exposición en naciones de riesgo y que son muy grandes para dejarlas caer y una disposición maníaco depresiva de los mercados a asumir y botar riesgos.
El optimismo es, sin duda, uno de los ingredientes clave para recuperar la economía… pero muy pocos recuerdan que los activos tóxicos siguen existiendo –no desaparecieron con los millonarios planes de salvataje– y que gran parte de la liquidez que ahora estamos experimentando se está dejando llevar por corrientes eufóricas que pueden tener bastante de dinámicas especulativas…
Sube, sube la espumita…
El alza en los precios de todo –acciones, bonos, commodities– ha sido sorprendente. El S&P 500 ha subido más de 60% desde su mínimo del 9 de marzo. Bolsas de mercados emergentes como Brasil y Rusia anotan incrementos superiores al 80%. El flujo de capitales hacia Brasil ha sido tan fuerte que las autoridades impusieron un impuesto a la entrada de capitales golondrina y estudian nuevas medidas que les permitan contener la marea que ha hecho dispararse las acciones y la moneda.
Ed Yardeni, de Yardeni Research, ha dicho que, debido a las tasas bajas y la debilidad del dólar, “las burbujas de activos están retornando en acciones y commodities en todo el mundo”, añadiendo que “la mayor burbuja puede estar en los papeles de gobiernos”. No lo menciona explícitamente, pero si lo que quiere decir es que hay una burbuja en los precios de los treasuries, la verdad es que no estaría solo. Hace poco, los papeles a tres meses pagaban tasas de interés negativas.
De otro lado, el oro sube incansablemente –más de 40% desde enero– y ya superó la barrera de 1.200 dólares por onza troy. El petróleo está 155% más alto que en diciembre de 2008, cuestión que a algunos podría no sorprender pero que tiene una lectura preocupante si se considera que el gerente general de ExxonMobil, Rex Tillerson, comentó el 13 de noviembre que los precios del crudo no están sustentados por fundamentos de mercado.
Y de muestra, otro botón: las bodegas mundiales tienen suficiente aluminio para fabricar 69.000 aviones jumbo Boeing 747. Esa es la razón por la que Peter Sorrentino, que ayuda en la gestión de 13.800 millones de dólares en Huntington Asset Advisors, dice que el elemento metálico más abundante del planeta está demasiado caro, con un precio que ha subido 35% sólo este año.
El cobre, para qué decir.
En todo caso, hay quienes llaman a la calma, recordando que estas subidas siguen a caídas aún más dramáticas. De este modo, los niveles de precios actuales, aunque elevados, en general son inferiores a los que había a mediados del año pasado (¿se acuerda del petróleo a 150 dólares por barril? ¿Y que el Banco Central Europeo subió las tasas de interés en julio de 2008 porque los precios de la energía y los alimentos amenazaban con desatar un brote inflacionario?)
Madre de los carry trades
En vez de celebrar que Asia y Europa ya hayan salido de la recesión y que, según la CEPAL, América latina de todos modos crecerá en 2010, hay toda clase de voces escépticas, cautas (pesimistas o realistas, como usted quiera) que están diciendo que el escenario actual tiene todas las condiciones para el desarrollo de las burbujas: las tasas de interés de los grandes bancos centrales, en especial la Reserva Federal de Estados Unidos, son demasiado bajas, las instituciones financieras siguen siendo demasiado grandes como para dejarlas quebrar y los mercados están dispuestos a asumir riesgos. A eso hay que sumar todas las medidas extraordinarias que se enmarcan en la política de relajamiento cuantitativo.
Nouriel Roubini planteó en una columna en Financial Times que “desde marzo hay una escalada enorme en todo tipo de activos riesgosos, acciones, petróleo, energía y precios de los commodities, un estrechamiento de los spreads de crédito entre alto rendimiento y alta calificación y un rally aún mayor en los activos de mercados emergentes”.
El texto sigue: “¿qué hay detrás de esta subida? Ciertamente ha sido impulsado por la oleada de liquidez de tasas de interés cercanas a cero y relajamiento cuantitativo. Pero un factor más importante que alimenta esta burbuja de activos es la debilidad del dólar estadounidense, conducido por la madre de todos los carry-trades”.
Desde Asia disparan a rostro descubierto contra la política monetaria de la Fed. “Está alimentando la inversión especulativa en mercados bursátiles y de propiedades, y planteará nuevos riesgos, irremontables, para la recuperación global y, en particular, para la recuperación en los mercados emergentes”, dijo a mediados de noviembre Liu Mingking, presidente de la Comisión Regulatoria Bancaria China.
El gobernador del Banco de Japón, Masaaki Shirakawa, manifestó que continuar con la política de tasa cero puede llevar a las economías emergentes “a recalentarse y experimentar turbulencia financiera”.
Las acusaciones no pasaron inadvertidas para el Congreso de Estados Unidos, que está en proceso de confirmar a Ben Bernanke por otro período a la cabeza de la Fed. Entre preguntas y respuestas, Bernanke dijo que no descartaba usar las tasas de interés para pinchar burbujas de activos, algo impensable bajo la doctrina Greenspan, que cuando se trataba de burbujas sostenía que lo mejor era limpiar el desastre tras el estallido y no actuar intentando evitar que se inflaran. Pero también Bernanke sostuvo que no ve señales de desalineamientos “extremos” de precios en los mercados estadounidenses y que “es inherentemente muy difícil saber si los precios de los activos están valuados correcta y apropiadamente”.
¿Y en los países emergentes? Cae de maduro: “hay quejas de que la política monetaria estadounidense estaría contribuyendo a la formación de burbujas en el extranjero”, declaró Bernanke en las audiencias con los legisladores. “Hay que entender que en Estados Unidos, la política monetaria busca responder a temas económicos y financieros en Estados Unidos”.

Recordando a Friedman
El presidente del Banco Mundial, Robert Zoellick, también recurrió a la tribuna de Financial Times. El 24 de noviembre escribió que “el revival de John Maynard Keynes no debe llevarnos a ignorar a Milton Friedman: ¿adónde irá todo ese dinero? Para un presagio del futuro mire a Asia, donde está emergiendo un nuevo riesgo: las burbujas de activos”.
Zoellick acompañó sus palabras con datos: los precios de las viviendas en China tuvieron en octubre su mayor incremento en 14 meses, con un remate reciente en Shanhgai atrayendo ofertas record por una propiedad inmobiliaria que el año pasado no recibió ninguna.
Zhang Xin, director ejecutivo de Soho China, uno de los desarrolladores inmobiliarios privados más exitosos de ese país, dijo a mediados de noviembre que la burbuja en los activos estaba conduciendo a una inversión derrochadora rampante en el sector, socavando las perspectivas chinas de crecimiento de largo plazo.
El exceso de liquidez creado por los bancos centrales es un problema serio para los países emergentes, en los que las condiciones exigen una política monetaria más ajustada. China es un ejemplo: hay una robusta recuperación doméstica en marcha y debería ajustar las tasas antes de que las señales de recalentamiento sean más que señales. Pero China no está dispuesta a permitir una apreciación del yuan.