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Artículo correspondiente al número 286 (8 al 21 de octubre de 2010)
Este movimiento se ha convertido en la revelación de la política americana. Varios de sus representantes han desplazado a los parlamentarios en las primarias del Partido Republicano, con miras a las elecciones legislativas gringas. Menos estado, más emprendimiento, menos impuestos y menos gasto fiscal son las principales consignas. No existe en Chile, pero a algunos les gustaría verlo. ¿Sus representantes? Por aquí va la cosa… Por Maria Jose O’Shea Cox.
Sería como que, de pronto, un movimiento ciudadano se colara por las cerraduras de los partidos de la derecha y comenzara a ganar terreno con banderas –para algunos– políticamente incorrectas: menos impuestos, menos gasto fiscal, más nacionalismo, menos intervencionismo estatal, sumados –en algunos casos– a ideas de corte valórico, como el rechazo al matrimonio gay o al aborto.
Bueno, es lo que está ocurriendo con la imparable ola del tea party en Estados Unidos, que se internó por donde pudo en el Partido Republicano –ganando las primarias en varios estados– y que se ha convertido en el hit de la política gringa.
¿Qué es? Un movimiento –sin estructura jerárquica– compuesto por miles de organizaciones aisladas que comenzaron a conectarse entre sí a raíz de la creciente molestia hacia el gobierno de Obama, al que consideran demasiado socialista en sus medidas. Cansados de la idea de un Estado grande, gastador y cargando un gran déficit presupuestario, los distintos grupos de interés se agruparon en torno a ciertos principios –responsabilidad fiscal, gobierno limitado y libre mercado– y decidieron salir a las calles con cuanto disfraz de patriota y cartel se les ocurriera para protestar. En coincidencia en esos tres puntos sobre cualquiera, aparecen como los ultra conservadores de la política norteamericana y están en pleno boom.
Qué tiene que ver el té
El nombre le hace honor a un hito clave de la historia de la independencia americana, cuando en 1773 ocurrió el motín del té (Boston tea party) en el que los colonos lanzaron al mar un cargamento de esa teácea en protesta por los impuestos que la corona británica les imponía. El propio Samuel Adams –uno de los padres de la independencia de Estados Unidos– formó entre los inspiradores de la rebelión y por eso no es de extrañar que miembros del tea party aparezcan vestidos como Adams en las convenciones o encuentros.
Más de dos siglos después, el sentimiento volvió a emerger. Esta vez fue el comentarista de la CNBC Rick Santelli quien apretó el botón cuando, en febrero del año pasado, Obama propuso una reforma del mercado hipotecario. En plena Bolsa de Chicago, Santelli se enfureció y llamó –medio en broma y bastante en serio–, a tirar al río los derivados relacionados con las hipotecas. “Si Obama no está oyendo, pensamos convocar a un tea party”, dijo. Acto seguido, dos organizaciones engancharon con Santelli y protestaron frente a la Casa Blanca, hace un año.
De eso han pasado 20 meses. Y hoy, si usted se mete a la página web del tea party patriots –plagada de estrellas y estatuas de la libertad– verá los infinitos tea parties que hay en cada estado, podrá encontrar el que le quede más cerca o aprender cómo formar el suyo. Es decir, la llamada sociedad civil en un período fértil y en una cruzada por detener el poder del gobierno central, reducir el gasto y emitir cualquier otra consigna libertaria –no se confunda con liberal– haya en el camino.
Té importado
Si es por las ideas que defienden, no sería difícil imaginar adherentes al tea party en Chile. Personas que se han quejado por años de la elefantiasis del Estado, del aumento del gasto fiscal en planes sociales y de las alzas de impuestos. Pero, ¿sería posible ver algo así en Chile? Difícil, es la respuesta mayoritaria entre los analistas políticos locales.
Para algunos, el primer obstáculo tiene que ver con el sistema de partidos. En Chile son tan fuertes, dicen, que no es llegar, inscribirse en una primaria interna –no las hay formalmente, todavía– y desplazar al actual parlamentario en ejercicio que va por su reelección. Por otra parte, la gama de partidos es bastante más amplia en Chile que en EEUU.
Para otros, escépticos también de que pueda presentarse en Chile, tiene que ver con que la opinión pública aquí es más bien… floja. Poco se imaginan a un grupo de vecinos organizando una protesta porque le subieron el impuesto a la renta, por ejemplo.
Pero salimos en busca del tea party chilensis. Y descubrimos que en este ensayo de política ficción podría haber dos grupos: el primero tendría como motor la lucha por una política fiscal conservadora, y ahí podrían estar figuras como Luis Larraín, José Piñera, Hernán Büchi, Carlos Cáceres y el ex diputado Julio Dittborn; el segundo, si bien comparte ese principio, le añade otro componente en calidad de prioritario: la defensa de la vida y de lo que llaman “moral cultural”, algo que también está pegando entre los tea parties gringos. ¿Quiénes estarían ahí? Los RN Carlos Larraín, Alberto Cardemil y Manuel José Ossandón, los diputados UDI José Antonio Kast y Gonzalo Arenas y el historiador Gonzalo Rojas, entre otros. Hablamos con algunos de ellos, para ver en qué están y cuánto encajan en la revolución de los conservadores americanos.
Gonzalo Rojas
The moral party
Pegada en la muralla de su oficina tiene una calcomanía que dice “liberals make me sick”, al lado de una carita feliz. Fotos de Jaime Guzmán, de la Thatcher y otra suya con Pinochet, entre medio de estanterías llenas de libros.
Conservador hasta la médula, este historiador, columnista y fundador de la UDI encabezaría un tea party que tuviera como primera bandera la defensa de la “moral cultural”. Y aunque dice que está lejos del movimiento gringo, en algo parecido anda: piensa en una red conservadora, transversal a los partidos.
- Estoy en un referente conservador, republicano, pero no un tea party.
-Pero tiene alguna sintonía en la formas.
-Claro, en el sentido de poder organizar mejor a los conservadores que hay en la UDI, algunos en la DC, los que van quedando en RN e independientes... pero no con los objetivos del tea party, que es rebaja de impuestos, Estado pequeño, antiobamistas y medio racistas.
-¿Estaría en un tea party unido por el frente moral?
-A mí me interesa la moral cultural: la libertad de enseñanza, el derecho a la vida, la restitución de la unidad familiar y, por lo tanto, la indisolubilidad del matrimonio y la salud moral pública, que incluye que la prensa, el cine y el espectáculo sean de calidad y no inmorales.
-¿Y es un referente articulado, ya?
-No lo estamos organizando, pero sí existe un grupo grande al interior de la UDI que podría estar, que tiene en marcha un plan de formación de gente desde hace doce años y que tiene un liderazgo claro en José Antonio Kast. Pero hay otros en el plano intelectual que lideran esta situación, como Juan de Dios Vial Larraín, Jaime Antúnez y, ya más en esta generación, Aníbal Vial, Vicente Cordero, Enrique López, Cristóbal Orrego, Patricio Dussaillant, Alvaro Pezoa y yo. Hay una sintonía que vamos a articular al margen de los partidos, pero cada uno desde el suyo, porque los RN Carlos Larraín o Alberto Cardemil también tienen mucho que hacer.
-¿Cómo van actuar?
-Primero, con ustedes. El 90% de los periodistas es de centro izquierda; entonces, no tenemos espacio. ¿Por qué nuestro pensamiento, que es tan importante en Chile, no tiene un sitio en Tolerancia cero o en Estado nacional? Ni Eichholz ni Melnick lo son.
-¿Y no será porque no tienen rating?
-No, es por dos opciones: o comunicacionalmente somos muy malos, o somos muy buenos. No conviene que tengamos espacio.
-Bueno, volviendo al tea party. Ellos se han introducido en el Partido Republicano para llegar al parlamento.
-No me imagino que tengamos candidatos propios. Puede que nuestra red en el futuro tenga distintos intereses, como pasa en Estados Unidos. Unos más movidos por la seguridad pública, otros por la libertad de enseñanza, otros en la defensa de la familia, y que podamos promover candidatos, pero no tener propios. Hacer un partido en Chile es muy caro. Pero hay que defender la moral cultural.
-¿Es nacionalista, usted? Los tea party sí lo son.
-Creemos en una nación. No tenemos problema en reconocer la existencia de muy pequeños núcleos, porque lo de “originarios” es un eufemismo.
- ¿Le daría mar a Bolivia?
-Cambiaría territorio.
-¿Qué idea del Estado tiene?
-Subsidiario. Un Estado pequeño, que sólo asume las tareas que los particulares no pueden y que son de bien común. Mientras mayor sociedad civil posible, mejor. Por supuesto, con el limitante del delito, de la naturaleza humana. Por eso, los homosexuales, por ejemplo, deben mantener su situación para sí mismos, no tienen derecho a promover una actitud sexual en el ámbito público.
-¿Por qué no tienen derecho?
-Porque esa sexualidad minoritaria no es la que genera el vínculo fecundo de desarrollo de una comunidad, llamado “paternidad-maternidad- familia-nación-patria”. La promoción de actividades como esa daña la estabilidad de un país.