|
|
Bienvenido, te encuentras en Inicio Reportajes y Entrevistas Piñera raya la cancha |
Califica este artículo
Otros artículos de la sección:
Artículo correspondiente al número 292 (30 de diciembre 2010 a 27 de enero 2011)
“Me llena de satisfacción que los ministros estén brillando, pero eso es totalmente distinto a pensar que tenemos una carrera presidencial dentro del gabinete”.
“Hinzpeter es el ministro que ha estado más cercano a mí en estos 20 años de lucha por llegar a la presidencia… Tiene una verdadera vocación de servicio público, que no se encandila con las luces”.
“Le dije a Golborne –y se lo he dicho a todos los ministros- que si tiene proyecciones políticas futuras, que son legítimas, el mejor camino es siendo buen ministro hoy y cumpliendo bien sus tareas”.
Venta de sus empresas: “si pudiera a repetir la historia, habría hecho todo el proceso en forma más acelerada”.
Por María José O’Shea C.; fotos, Verónica Ortíz.
-¿El presidente tomará vacaciones?
-Almorcé con el contralor y le pregunté si podía, porque sabía que los funcionarios públicos no pueden hacerlo mientras no cumplan un año en el cargo. Pero me dijo que el presidente no es funcionario público, porque es 24 horas al día, 7 días a la semana, 52 semanas al año. Y por tanto, no estaba regulado por ese rol.
-Entonces se va.
-Una semana. Estamos en la duda si a Ranco, Caburgua o al Parque Tantauco.
-¿Cuándo?
-Cuando pueda.
No ha cambiado nada Sebastián Piñera. Acelerado –siempre ha tenido demasiado claro el valor de cada segundo–, recibe a Capital en su oficina en La Moneda, un miércoles en la mañana, en medio de las extenuantes fiestas de fin de año. Tiene cara de cansado, pero eso a él le da lo mismo. Sigue adelante.
-Presidente, tiene los ojos rojos. ¿Le pasó algo?
-No, sólo que estos días se duerme muy poco –dice mientras se los refriega con sus dedos gruesos.
-¡Sarita, écheme gotas, por favor! –dice, llamando a su secretaria. Ella entra a ponerle las gotas. Le agarra la cabeza y él reclama porque Sarita no le achunta. Se nota que este acto es algo habitual. Una costumbre ya entre ellos.
Solucionado el problema. Como si, con las gotas, se fuera también el agote de un año excepcionalmente movido.
-Presidente, ¿cómo cierra 2010?
-Ha sido un año duro, difícil, lleno de desafíos y también de emociones. Pero sumando y restando, estoy contento con este 2010. Siento que estuvimos a la altura de los grandes desafíos y tremendas adversidades que debimos enfrentar. El año se inició con uno de los cinco peores terremotos en la historia y la gente olvida muy rápidamente que no solamente nos costó más de 500 vidas y 50 desaparecidos, sino que destruyó un porcentaje importante de nuestra infraestructura. Muchos creen que esto es como una película, en la que con el final se termina el desastre. Pero no es así. El proceso de reconstrucción ha sido muy exitoso: ningún niño perdió su año escolar, el sistema de salud se normalizó, se construyeron 80 mil viviendas de emergencia, se repararon más de 200 puentes…
-¿Ha sido más difícil de lo que pensó?
-Todo lo contrario. Cuando hicimos nuestro balance la noche del 11 de marzo, nos dimos cuenta de que el daño era devastador. Comenté esto con el presidente Obama: el costo del huracán Katrina fue menos del 1% del PIB. En Chile, el terremoto representó el 18%. Y a pesar de ello, hemos podido normalizar las cosas y la economía se puso de pie y volvió a galopar. Cuando uno compara 2009 sin terremoto, con un 2010 con terremoto, ve diferencias notables. En 2009 cayó la economía 1,5% y este año va a crecer más del 5%; el pasado se perdieron 30 mil empleos, este año vamos a tener más de 300 mil; el año pasado la inversión cayó más de 15% y este crecerá más del 20%. Por tanto, un año muy difícil, de muchas emociones y muy fecundo. -
¿Cuál ha sido su mejor día?
-El día en que rescataron a los mineros.
-¿El peor?
-El día del incendio de la cárcel de San Miguel.
-¿En qué se ha equivocado?
-Sin duda hemos cometido errores. No soy de esos que, como la Edith Piaf, dicen “no me arrepiento de nada”. En algunos momentos no hemos tenido la suficiente perseverancia para buscar más diálogo, más acuerdo, más entendimiento, porque estoy convencido de que los grandes desafíos del país en materia de reconstrucción, pero también de superar el subdesarrollo y la pobreza, sólo los vamos a lograr en un clima de unidad. Las demás críticas se las dejo a los críticos para no facilitarles su trabajo.
-¿Qué nota se pondría?
-Nunca me he puesto nota a mí mismo.
-¿Cuánto se parece esto a lo que imaginaba que era ser presidente?
-Muy parecido, pero nunca pensé que fuera tan intenso y exigente, y que llevara tanto sacrificio en los temas personales. La presidencia deja muy poco espacio para cosas que yo aprecio mucho, como el tiempo libre, la lectura, el deporte, los amigos, los viajes.
-Y a los nietos, ¿cuánto los ve?
-Es de las pocas cosas que no he sacrificado. A veces en las noches, después de actos en La Moneda, paso a verlos. Siempre pasa lo mismo: se despiertan, se revolucionan, mi hija se enoja y me dice: “claro, ahora tu te vas y yo tengo que hacerlos dormir de nuevo”.
-Tiene toda la razón su hija. ¿Y qué es lo que más le gusta del cargo?
-La posibilidad de cambiar el rumbo de las cosas, de cambiar para mejor la vida de los chilenos. Tener la capacidad de realizarse más allá de lo personal. En un ámbito más compartido, más comunitario.
-¿Y lo que más detesta?
-Las cosas que me quitan libertad, como la seguridad, el protocolo. Lo voy a tolerar, pero nunca me voy a acostumbrar. La Concertación sin arco iris y cambio de gabinete Además de las tres pantallas de computador, dos BlackBerry, una crema de manos Clinique y la cajetilla de cigarros que disimuladamente se encarga de guardar en un cajón, en el escritorio de Piñera abundan las rumas de papeles. Todavía no los empieza a acumular en el suelo, como solía hacerlo en su oficina de Apoquindo 3000. Sabe perfectamente dónde está cada dato que necesita por si se le llegara, extrañamente, a olvidar una cifra.
-¿Cómo se viene 2011? En La Moneda algunos dicen que será el “corazón” de su gobierno: con crecimiento económico, sin elecciones que perturben el clima político y con el terremoto ya más alejado en el tiempo.
-Estamos anticipando un muy buen año en todos los frentes. Esperamos crecer a más del 6%, seguir con una tremenda capacidad de creación de empleos, promover la exportación, la inversión y la productividad. Pero además de eso, será el año de las siete grandes reformas estructurales, que todos sabemos que son urgentes, pero que por un millón de razones, ninguna válida, hemos estado postergando. Estas son la reforma a la educación, a la salud, a la seguridad ciudadana y sistema penitenciario, a la lucha contra la pobreza, a la revitalización de nuestra democracia, a una nueva institucionalidad ambiental y a la modernización del Estado.
-¿Por qué a todo le pone el número 7? Su programa de gobierno tenía 7 ejes.
-Me gusta el número. Me gustaba sacarme sietes en el colegio, y en la presidencia, me levanto en las mañanas, miro la cumbre más alta y digo “ahí quiero llegar”.
-¿Qué actitud espera de la oposición para todas estas reformas?
-El país necesita, y le haría bien también a ellos, que tengamos una oposición firme en la fiscalización, pero constructiva, abierta al diálogo. Por ejemplo, en la discusión de la ley de presupuesto vimos una oposición constructiva, pero en la discusión del reajuste fue muy poco constructiva.
-¿Cuál es su diagnóstico de lo que está viviendo la Concertación?
-Creo que todavía no encuentra su norte, su arco iris. Lo encontró en los 80 en la lucha por recuperar la democracia; lo encontró en los 90 al demostrar que podían gobernar Chile y mantener el rumbo, pero lo perdió en el último tiempo. Espero que hoy lo que una a la oposición sean su proyecto de futuro y su compromiso con Chile, y no su afán de poner obstáculos a nuestro gobierno.