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Artículo correspondiente al número 282 (13 al 26 de agosto de 2010)
En este artículo, seis expertos analizan al detalle la figura presidencial, desnudando sus falencias y recalcando sus atributos. Los columnistas hablan desde distintas veredas: desde el marketing, la política, los estudios de opinión, en fin, desde sus respectivas tribunas.
Flexibilidad y Estrategia
Lorena Recabarren
Departamento de ciencias políticas y sociales
Universidad Pompeu Fabra
Mucho se ha escrito, hablado y comparado sobre el estilo del presidente Piñera. Lo anterior podría obedecer a la creencia de que existe un modo definido de cómo deben hacerse las cosas en la Presidencia, a la dificultad para encajar el tipo de liderazgo del mandatario en alguna tipología establecida, o a otra hipótesis. En cualquier caso, lo atractivo para unos –y lo desconcertante para otros– es precisamente el “estilo del presidente”. Un estilo que transita rápidamente desde la informalidad a la solemnidad, aprecia la exposición pública tanto como los silencios, estrecha vínculos con los partidos políticos, se relaciona con la oposición, interactúa con protagonistas de la sociedad civil, recurre a paneles de expertos o se recluye en reflexiones personales para la toma de decisiones.
Sin embargo, este estilo no es nuevo en Sebastián Piñera. Un liderazgo muy similar fueron los que ejerció como presidente de Renovación Nacional y el que mostró durante la campaña presidencial. Y si bien cinco meses al mando de la presidencia de la República es un tiempo relativamente breve para evaluar los resultados de este tipo de liderazgo, es posible sugerir dos criterios para su seguimiento: flexibilidad y estrategia. El primero es clave para entender una forma de liderazgo como la descrita, y se relaciona tanto con el modo de enfrentar la coyuntura como con la capacidad de administrar la crítica y generar autocrítica. Se constituye así la flexibilidad, en el criterio evaluativo de un liderazgo cuyo énfasis ha sido marcado por el propio presidente de la República: eficiencia en la gestión pública y focalización en ciertas políticas públicas consideradas urgentes. No obstante, también es un criterio a considerar respecto de la forma en que el propio gobernante administra las diversas opiniones que genera su estilo. Las críticas al manejo comunicacional de La Moneda son un claro ejemplo en el que la adaptabilidad y el aprendizaje han sido puestos a prueba.
En segundo lugar, la estrategia, en tanto habilidad para dirigir exitosamente un proceso, se vincula con las posibilidades que tiene el liderazgo presidencial en el mediano y largo plazo. Este criterio propone desafíos y proyectará el liderazgo del presidente Piñera. Sugiere, por una parte, retos importantes respecto de aquellos elementos del discurso que le dieron la mayoría ciudadana en las elecciones: su compromiso con una nueva forma de gobierno, el respeto a los derechos humanos y la calidad de la democracia, como ningún otro candidato de centro-derecha lo había hecho antes. La estrategia también se refiere a la oportunidad que Piñera tiene de proyectar la agenda de la centro-derecha chilena, en sintonía con aquellas a nivel comparado que no excluyen el debate de temas que hasta hace poco parecían de exclusiva propiedad de la izquierda. Así entonces, flexibilidad y estrategia se proponen como criterios para efectuar el seguimiento respecto de un tipo de liderazgo al que le queda tiempo para consolidarse y demostrar sus logros. Pues más allá de unos u otros atributos personales, lo que importa en la relación de liderazgo que surge entre el presidente de la República y la ciudadanía son los resultados de su gestión y el rol efectivo que estos resultados pueden jugar en las futuras decisiones políticas de los ciudadanos.
Las encuestas reflejan asuntos relevantes y de fondo
Guillermo Teillier
Diputado partido Comunista
Hay una percepción negativa de la gestión del presidente Piñera respecto de cómo enfrentar las consecuencias del gran terremoto. Mucho anuncio, hasta cierta grandilocuencia, una carga mediática prácticamente absoluta, que no se ha correspondido hasta ahora con medidas de solución a miles de familias afectadas en las zonas de catástrofe. Se agregan a eso medidas que han recortado programas sociales en todo el país y han generado despidos e incertidumbre. Alzas en servicios básicos y una continuidad en la gestión gubernativa que él mismo antes criticaba se suman a la variedad de causas.
Las encuestas muestran una alta disonancia entre quienes votaron por Piñera y antes votaban por la Concertación, respecto de la evaluación del jefe de Estado. Hay una pérdida objetiva de adhesión de ese sector y se produce tempranamente. Por otra parte, las encuestas muestran algo que en nuestro país requiere ser considerado. Es evidente que la mayoría de los grandes medios de comunicación han tratado con “guante blanco” a Piñera, incluso los que se dicen “públicos”.
¿Qué pasaría entonces si el jefe de Estado no tuviera ese blindaje? Lo relevante de este hecho es que Chile hace rato que requiere mayor pluralismo y diversidad mediática, pero también depositar mucho más la evaluación de la gestión gubernativa en la ciudadanía, y no en los medios, que no pocas veces representan a grupos de poder que tienen en sus manos esas mismas gestiones políticas.
Existe la percepción de que, cuentas más o cuentas menos, Piñera empuja una ola de privatizaciones que no van con el interés de la mayoría nacional, y eso lo empuja, inevitablemente, al nicho histórico que ha tenido la derecha chilena.
¿Es remontable esta situación?
El estilo de Sebastián Piñera y su gobierno es de múltiples anuncios; cierta rigidez y facilidad para levantar el tono, especialmente su entorno; persistentes intentos para atraer a sectores de la Democracia Cristiana y de la Concertación. Claro que la Concertación es una coalición en crisis, y su crisis más profunda es en la base social.
De alguna manera, el proyecto político y su estilo de gobernar no logran estabilizar una mayoría y lo que se refleja en las encuestas es pérdida de adhesión, como tendencia.
Siempre existe el espacio para dar giros en la gestión de gobierno. Lo que ocurre en este caso, a diferencia del gobierno de Michelle Bachelet, por ejemplo, es que Piñera no ha enfrentado aún disonancias fuertes con el mundo social y la sociedad civil, como fueron la crisis del Transantiago y la revolución de los pingüinos. La sociedad civil le ha dado a Piñera un espacio de tregua no menor a raíz del gran terremoto.
Lo que muestran las encuestas es que ese espacio se está terminando.