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Artículo correspondiente al número 277 (4 al 17 de junio de 2010)
No se vive para trabajar![]() El buen gobernar requiere también una cuota de alegría. Uno no quiere ver a las autoridades agobiadas, cansadas. Porque así los países también se cansan, se agobian. Por Andrés Benítez (Rector Universidad Adolfo Ibáñez) |
| La imagen de Sebastián Piñera como una especie de “ogro trabajólico”, que le impone a su gabinete un horario de 24x7, que anda por la vida contra el tiempo, cronómetro en mano, que pone metas con hora y día, comienza a asentarse en la opinión pública con una fuerza inusitada. Y, entonces, no son pocos lo que señalan que el presidente siempre fue así. Un tipo que sólo vivía para trabajar. Pero Piñera nunca fue así. Por el contrario, era el empresario que no se perdía los juegos olímpicos, ni los mundiales. Se pasaba semanas enteras en eso. Recordada es su imagen en las tribunas con la bandera chilena, cuando Massú y González ganaron la medalla olímpica. Era de los que cada año invitaba a su familia y amigos a viajar. El fanático del tenis, de subir cerros. En pocas palabras, era un gozador de la vida, como pocos otros. Acelerado, sí, pero nunca trabajólico. Claro, ahora Piñera es presidente. Y parece que ni él ni nadie en el Gobierno tienen tiempo para nada más que trabajar. Es cierto, el terremoto cambió todo. La urgencia por levantar el país, requería de un esfuerzo adicional. Pero, terremoto aparte, el estilo trabajólico parece haber llegado para quedarse. Algunos, en La Moneda, pueden creer que esto es lo que quiere la opinión pública. Que mientras más trabajen, mejor posicionados en las encuestas. Pensar así es un error. Los presidentes y los ministros son modelos para la sociedad. Es cierto que queremos verlos trabajar, pero eso no significa que deban abandonar sus familias, sus intereses, en definitiva su vida por estar en el gobierno. Es un mensaje políticamente incorrecto. Queremos proteger la familia, pero no desde el gobierno. Queremos que la mujer participe más del trabajo, pero a costa de que trabaje 24x7. Es un contrasentido. A la gente le gusta ver a sus presidentes siendo personas integrales. Trotando, gozando con sus familias y amigos. Leyendo un buen libro, viendo una película. Además, se sabe que las personas que tienen una vida fuera del trabajo son más productivas, más imaginativas y de paso, más simpáticas que aquellos que sólo viven para el trabajo, por importante que éste sea. El buen gobernar requiere también una cuota de alegría. Uno no quiere ver a las autoridades agobiadas, cansadas. Porque así los países también se cansan, se agobian. Es cierto que hay problemas urgentes, pero es sabido que el apuro nunca ha sido amigo de las buenas decisiones. Presidente, vaya al Mundial de Sudáfrica, como la mayoría de los mandatarios del orbe. Vaya con su familia, a la que no vemos desde la campaña. Juegue más tenis, suba más cerros. Obligue a sus ministros a hacer lo mismo, a tener una vida. Eso también es parte de gobernar. |
El Estado soy yo![]() Piñera nunca ha sido una persona que se destaque por generar confianzas; siempre ha trabajado para él y esta no será la excepción. Por Jorge Navarrete P. (Abogado de Del Río Izquierdo) |
| Muchos esperaban con entusiasmo el debut del flamante gobierno de centro derecha. Habían pasado muchos años desde su último paso por La Moneda, las expectativas eran altas y los desafíos, de gran envergadura. Transcurridos los primeros tres meses de esta administración, me imagino habrá disímiles opiniones. Aunque la disputa pudiera centrarse en si ha sido mejor o peor de lo que pensábamos, a todas luces ha sido distinto. El presidente insistió en que su gobierno pondría el acento en la gestión pero a diferencia de lo que usualmente hace la derecha – que disfraza sus preferencias ideológicas como decisiones técnicas–, estos primeros meses de administración han evidenciado una total asepsia política. Ya durante la campaña electoral fuimos testigos de cómo la candidatura de Piñera estaba desprovista de un relato que diera cuenta de los sueños e ideas del sector que lo apoyaba y que se diferenciara de las banderas que enarbolaba la Concertación. Muchos han creído que detrás de esta simbiosis subyace una convicción política del primer mandatario, habida cuenta cuales han sido sus raíces y su trayectoria. Tiendo a disentir. El presidente ha demostrado ser una persona eminentemente pragmática, cuya mirada de la actividad política se vincula mucho más a cuestiones tácticas y de forma que a una visión o proyecto de largo aliento. El acercamiento al centro político siempre ha sido una estrategia electoralmente rentable y bien lo sabe el presidente, quien ha hecho de las encuestas y sondeos de opinión una guía fundamental para adoptar sus decisiones. Piñera siempre ha trabajado para él y esta no será la excepción. Si no hay un cambio de rumbo, sospecho será muy difícil que la centro derecha pueda capitalizar los logros de este gobierno. Más todavía, cuando es muy delgada la línea que divide la popularidad del populismo. Piñera nunca ha sido una persona que se destaque por generar confianzas. Mientras algunos de sus aliados ya se sienten decepcionados o derechamente traicionados, la alicaída oposición guarda silencio cuando no rinde sentidos homenajes. Con todo, ni siquiera eso será permanente. A mi modo de ver, el mayor riesgo que impone el estilo del presidente es que lo transforma en una persona impredecible. |
Presidente... en construcción![]() Así es Piñera: un personaje más heterodoxo de lo que se presume, incansable, ambicioso y presidente en proceso de construcción. Por John Muller (periodista de la Universidad Católica, director adjunto del diario El Mundo de Madrid) |
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El lunes 17 de mayo, la tormenta financiera en Europa no cesaba. Al concluir la cumbre Unión Europea-Chile, comparecen cuatro dirigentes. Dos de ellos, Herman Van Rompuy y José Manuel Durao Barroso, expresan su preocupación por la suerte del euro. José Luis Rodríguez Zapatero, jefe del gobierno español, insiste en justificar el duro plan de ajuste del déficit que acaba de anunciar. Y el cuarto, Sebastián Piñera, se ve ajeno a los problemas. Sus metáforas coloquiales fascinaron a los periodistas españoles. Ana Romero, analista de El Mundo, recuerda la que usó cuando aceptó organizar la próxima cumbre iberoamericana: “El prestigio de un hombre crece a la velocidad de una palmera, pero puede caer en el descrédito a la misma velocidad que caen los cocos”. |