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Artículo correspondiente al número 208 (13 al 26 de jul 2007)
Todo parecía ir viento en popa, excepto por un detalle: de dónde sacar la piedra. Por años, Sebastián Fernández recorrió lugares para abastecerse sin dar con una cantidad importante de materia prima. Estaba al borde de la quiebra. Y lo increíble es que la materia prima estaba a un paso: especialistas en adoquines, los canteros siempre orillan sus productos generando una gran cantidad de desechos –llamados desmontes–, que tras una serie de pruebas resultaron ser el material perfecto para su empresa. De modo que en 2005, tras un pacto con los canteros, Fernández comenzó a retirar los desmontes hasta que, repentinamente, le llegó una orden judicial por robo:
-Ahí me di cuenta de que había un juicio entre los canteros y Fidel Aguilera. Y que Harseim apadrinaba a este último, dice Fernández.
El empresario comenzó a investigar y a ponerse al tanto del lío judicial. Los Canteros y los Harseim estaban enfrentados en una batalla campal y, si bien por años los Harseim habían retirado los desmontes –con los cuales pavimentaron el proyecto de La Reserva– la presencia de los labradores se había vuelto complicada para el grupo. Sobre todo, porque los futuros compradores siempre preguntaban qué ocurriría con los “trabajadores” que estaban ahí labrando la piedra. Muy poca gente sabía que se trataba de los Canteros de Colina.
Enfrentado a ese panorama, Fernández propuso a sus socios pica piedras pagarles la defensa en el litigio: “Teníamos un negocio en común. A ellos les interesaba la piedra para hacer adoquines y a mí para hacer mis áridos. Ofrecí pagarles por el derecho de puerta y el material y ellos se quedaban con la tranquilidad de finiquitar el asunto legal”, explica.
Ahí entró en escena el abogado litigante Alvaro Baeza, socio fundador de Baeza, Larraín & Rozas, quien logró lo que parecía imposible: devolver la pertenencia minera a los Canteros de Colina. El 30 de agosto de 2006, la Corte Suprema, en una sala integrada por los ministros Ricardo Gálvez, Milton Juica y María Antonieta Morales y después de casi veinte años de problemas, consagró el derecho de la asociación a explotar las canteras.
El acuerdo
Aun cuando la Corte Suprema había dictado sentencia, quedaba todavía pendiente un acuerdo de coexistencia con los Harseim, lo que no era fácil de resolver. Sin embargo, en mayo este año ambas partes fumaron por fin la pipa de la paz. “Fue un acto de generosidad tremendo”, explica un cercano al acuerdo. De las 300 hectáreas en disputa, los Canteros de Colina entregaron 40 hectáreas a Chamisero, a cambio de prestaciones sociales. Y un total de 150 hectáreas al grupo Harseim, básicamente en los terrenos donde estaban las casas ya construidas. Finalmente, se quedaron con 110 hectáreas de pertenencia minera en una zona urbana. Todo a cambio de la servidumbre que les permite trabajar.
-El acuerdo dice que pueden seguir explotando el cerro la Pedregosa y parte del Cerro Pan de Azúcar, con una servidumbre que tiene plazo de entre 12 y 20 años respectivamente– explica Manuel José Vial, abogado de Harseim.
Sin duda las lecciones de este conflicto son varias, tal como explica Sebastián Fernández: “Hubo que tomar una posición en algo que en principio era solo un negocio. Ayudar a unas 400 personas que vivían de una actividad y que posiblemente habrían perdido su fuente de trabajo. Siento que es una doble recompensa”.
A mediados del 2006, la filial argentina de la empresa estadounidense Cargill –enfocada en la compra, procesamiento y distribución de granos y otros productos agropecuarios– decidió invertir en Chile y compró el 51% de La Reserva, transformándose en controladores del proyecto en medio de la disputa legal. El negocio era demasiado tentador: en el marco de los Zoduc (zonas de desarrollo urbano condicionado), La Reserva tiene un horizonte de inversiones por 500 millones de dólares en el largo plazo. Fundada hace casi siglo y medio en Minnesota, Cargill tiene 149 mil empleados repartidos en 72 países. En su ranking 500, la revista Fortune ubica a esta compañía dentro de las 20 más importantes del planeta y aún es una empresa familiar (los Cargill y MacMillan son dueños del 85% de la empresa). Para nada modestos, ellos tienen una defi nición que los exalta: “La harina en su pan, el trigo en sus tallarines, la sal en sus frituras. Somos el maíz de sus tortillas, el chocolate de su postre, el edulcorante de su gaseosa. Somos el aceite de su aderezo y la carne, cerdo o pollo que usted come en la cena. Somos el algodón de su ropa, la terminación de su alfombra y el fertilizante de su campo”. Un ejemplo: todos los huevos utilizados por McDonald’s de Estados Unidos salen de las plantas de Cargill.
¿Qué es Cargill?
Dueño de ideas brillantes, caído y luego encumbrado muchas veces, el nombre de Sebastián Fernández Riesco no pasa desapercibido en el mundo empresarial. Junto a su tío Eduardo Fernández León, armó la compañía FFV (Fernández y Fernández Varios), actor del mercado inmobiliario al que se atribuye el cambio del barrio El Golf. También le dio empuje a Las Brisas de Chicureo –uno de los primeros proyectos inmobiliarios que vendió el concepto de vivir “fuera, pero cerca” de Santiago– y fue un fuerte promotor de las canchas de golf fuera de la ciudad. “Sebastián tiene fama de loco, porque cuando se le mete algo en la cabeza de obsesiona y es capaz de firmar acuerdos hasta en servilletas”, cuenta un cercano. De hecho, así fue como lo hizo en el proyecto Las Brisas, donde visitó uno a uno a los agricultores de Colina para convencerlos de vender sus terrenos. Alejado de FFV –vendió su parte el 98– y embarcado en dos proyectos de oficinas con los De Iruarrizaga, Fernández apostó a que los áridos serían un gran negocio como consecuencia del boom inmobiliario. Y acertó. Hoy, con todos los juicios concluidos, el empresario y Aridos Quintay se aseguraron una fuente de abastecimiento por más de 50 años, otorgando a su compañía inmejorable solidez. De hecho, logró un acuerdo con Cementos Melón, que a través de su planta hormigonera Premix, trabaja en sus plantas de áridos en Colina.
Fernández y Aridos Quintay