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Artículo correspondiente al número 238 (3 al 16 de octubre de 2008)
La crisis del gas y el alza del crudo han dejado huellas en la empresa estatal. Pero su gerente general, Enrique Dávila, apuesta al optimismo, sustentado en un programa agresivo de diversificación y salida internacional. El plan estratégico sufrió ajustes, pero el debut de la planta GNL de Quintero permitirá acortar la brecha. A su juicio, el rol jugado debilita eventuales debates sobre el estatus de Enap. Por Elena Martínez.
Han sido meses duros. Enrique Dávila, gerente general de la Empresa Nacional de Petróleo, Enap, confiesa estar viviendo recién un “veranito”, tras un 2007 marcado por la crisis del gas argentino y un 2008 con un precio del petróleo por las nubes y constantes vaivenes de los mercados. “Espero que nos dure hasta marzo”, dice.
Con una mezcla de serenidad y confianza en que la estrategia desplegada soportará otros posibles remezones, hoy apuesta a que lo peor ya fue superado. El actual respiro llegó de la mano de las lluvias y su aporte a la generación eléctrica. Se terminaron así las compras de diésel para las termoeléctricas y también para los propios procesos de refinación de la estatal en momentos en que el crudo alcanzaba valores altísimos. Con el barril entre 130 y 140 dólares y dado que Chile importa el 100 por ciento del petróleo, el país llegó a gastar entre 9.000 y 10.000 millones de dólares, sólo en esa materia prima… y sin sumar el diésel.
La prueba ha sido fuerte. En Enap dicen que vivieron la “situación más compleja que podíamos haber pasado (y) la hemos afrontado bien”.
Dávila, un economista –digamos– global, con formación profesional en Concepción y Escocia, dice que este “huracán financiero” ha dejado, sin embargo, huellas importantes. La deuda de corto plazo de la empresa pasó de 900 millones a más de 4.000 millones de dólares, una cifra que asusta a cualquiera, pero que se origina básicamente en el gap que se da en un mercado al alza entre los precios de compra y venta. De esta forma, cuando baja el valor del petróleo hay alivio, como está sucediendo ahora, explica.
También ayudaron las capitalizaciones del Estado por 250 millones de dólares y otros 137 millones por utilidades retenidas no distribuidas, además de los fondos para la estabilización de los precios. La mantención de la clasificación A+ también le hace pensar que lo más probable es que pronto puedan reestructurar esta deuda para enfrentar el corto plazo con mayor holgura.
El otro impacto directo tuvo que ver con el plan estratégico 2007-2011, que fijaba como meta aumentar en 50% el valor empresa. El programa debió ser reformulado, de modo que el agregado de valor se bajó a 38% por el ajuste de la cartera de inversiones y la postergación de algunos proyectos. También se redujo la proyección de utilidades al Estado, que pasaron de 250 millones a 120 millones... Ya el año pasado los parámetros tuvieron que empezar a ser modificados, al constatar que el
Es por todo esto –un panorama que pocos podrían calificar de alentador, sin duda– que asombra el optimismo del gerente general de Enap. Escuchándolo, pareciera que todo es superable, que hay que focalizarse en el presente y pensar que “esto también pasará”. Pero las certezas de Enrique Dávila, quien lleva 18 años en Enap, van más allá de la fe o la arrogancia. Se basan en un trabajo minucioso que no partió ayer, avalado por equipos que califica “de excelencia”, y con inversiones cuantiosas que miran al mediano y largo plazo.
Su apuesta mezcla crecientes asociaciones estratégicas con petroleras internacionales para explorar nuevas reservas de crudo en sitios tan lejanos como Yemen o Egipto; la ampliación del negocio ingresando a la distribución del combustible en países como Perú y Ecuador; y exploraciones de petróleo y gas en Magallanes en sociedades con firmas externas, además del desarrollo de la geotermia en el norte y centro-sur; todo ello, tendiendo a la diversificación del rubro tradicional de la estatal –que es buscar crudo, refinarlo y distribuirlo– y creando un marco de mayor seguridad energética.
En esta última línea, la principal meta es echar a andar a mediados del próximo año la planta de gas licuado natural, GNL, de Quintero. Un proyecto por 1.100 millones de dólares que –enfatiza, entusiasmado– permitirá reemplazar todo el gas que llegaba desde Argentina. Producirá 9 millones de metros cúbicos diarios y podría llegar hasta los 20 millones, si se requiere. O sea, un auténtico descanso para la incertidumbre actual. Ahí, la autonomía en materia de suministro de GNL dejará de ser una aspiración, con la ventaja adicional de su aporte medioambiental.
Dávila sonríe cuando recuerda todas las críticas que recibió al impulsar el proyecto: “nos costó... y harto”. Hoy es tal la ansiedad por que esté listo pronto que le apuran diciéndole que está “atrasado”. Admite que todas las energías están puestas actualmente en que “cada pilote se ponga día a día”.
Con todo, no se atreve a vaticinar si a la seguridad energética se podría añadir una posible reducción en las tarifas. Las fórmulas de precio van a estar referidas al mercado americano, mediante el indicador Henry Hub, por lo que necesariamente nuestro país va a pagar el precio del gas natural de acuerdo al valor del mercado internacional, que está cambiando y que nadie puede anticipar. Pero, en todo caso, las reservas mundiales de gas y las plantas de licuefacción en construcción hacen prever que habrá abundancia y oferta, lo que justificaría su inversión en el largo plazo.
| Una “receta” de eficiencia |
Para el gerente general de Enap, las críticas a las empresas públicas en materia de eficiencia son válidas y legítimas cuando se hacen “en forma objetiva y respaldada” y teniendo en cuenta que se mueven en mercados distintos y deben ser vistas y apreciadas en su mérito, tal y como se analiza a las privadas. Hoy, sostiene, “la experiencia internacional en los países desarrollados se está actualizando respecto de la gestión de las empresas del Estado con los mismos parámetros de las privadas en materia de competencia, mercados y agregación de valor”. Al minuto de enumerar las herramientas claves para mejorar la gestión de las compañías públicas, menciona: • Un gobierno corporativo profesionalizado. • Gerentes técnicamente preparados y con experiencia probada. • Ejecutivos que sean líderes motivadores. • Acceso a tecnología y una cultura innovadora. • El reporte a la Superintendencia de Valores y Seguros. • El acceso a mercados globalizados que son exigentes en competitividad y eficiencia.. |
Una segunda solución en la que están enfocados es la exploración de hidrocarburos en Magallanes. Mediante los llamados Contratos Especiales de Operación, CEOP, han atraído a compañías internacionales que se comprometieron a invertir cerca de 300 millones de dólares en dos años, entusiasmadas al constatar que hay una demanda insatisfecha en la zona.