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Reportajes y Entrevistas
Pero que vaina

Artículo correspondiente al número 254 (12 al 25 de junio de 2009)



-A propósito de la comparación con nuestro país, la oposición venezolana reclama por el pasivo rol del gobierno y los políticos chilenos frente a su situación interna.

-Schaulsohn: “la única solución que tiene el conflicto político y social que hay en Venezuela es a través de una intervención, en el buen sentido de la palabra, de la comunidad internacional. No en el sentido de decir a los venezolanos cómo deben administrar su economía, porque ese es un asunto absolutamente interno. Pero sí en trazar una raya que no se puede cruzar y que tiene que ver con el respeto de los valores fundamentales de la democracia, de las reglas del sistema democrático, del Estado de derecho y de los derechos humanos. Y si la comunidad internacional no lo hace –y con eso quiero decir América latina, Estados Unidos, la Unión Europea– la democracia se va a terminar en Venezuela”.

-Lavín: “en Chile no existe conciencia de lo que realmente está pasando en Venezuela. Yo no tenía idea. Conocemos a Chávez a través de los medios de comunicación y nos parece un personaje hasta simpático, carismático, con muchas habilidades comunicacionales, pero lo que realmente está ocurriendo al interior del país es desconocido. Acá uno de se da cuenta de cómo las políticas sociales y económicas han ido asfixiando las libertades de todo tipo. Y ese proceso avanza a una velocidad que en Chile no imaginamos”.

-Schaulsohn: “dentro de la comunidad internacional los que están especialmente en deuda con la democracia venezolana son aquellos países que tienen gobiernos denominados progresistas: Chile, Argentina y Brasil, que han tenido una actitud muy indiferente frente a los atropellos que está cometiendo el gobierno venezolano en materia de libertades públicas. Casi cómplices. Y para países que han sufrido en carne propia los abusos de los derechos humanos, eso es inaceptable. Chile tiene un papel que jugar y no lo hace. Eso, al final, es una marca negra en nuestra política exterior”.

 

 


Concertación para el siglo XXI

 

Schaulsohn, Larroulet y Lavín llegaron juntos a Caracas. El ex candidato presidencial cuenta que recibió en el aeropuerto la advertencia de abstenerse de formular comentarios políticos, tal como antes le había ocurrido al mismo Vargas Llosa. En definitiva, la mejor publicidad a la que podían aspirar los organizadores del encuentro liberal.

Más desapercibida pasó la trascendencia de ver a este trío actuando en conjunto. La Coalición por el Cambio en su primera actividad internacional y un ex diputado de la Concertación exponiendo en un seminario que auspiciaban instituciones tan reconocidamente liberales como el instituto CATO y la Fundación Atlas. “Lo que está pasando en Venezuela es que ese concepto básico de la democracia –que gobierna una mayoría con respeto de la minoría– está en peligro. Por eso tiene mucho valor que estemos aquí un grupo de personas que viene de orígenes distintos, pero que hoy estamos en un proyecto común”.

El comentario es de Cristián Larroulet y sirve de base para que el ex diputado PPD aborde los objetivos de esta nueva alianza tras la candidatura de Sebastián Piñera. “Para mí, la Coalición por el Cambio es la Concertación para el siglo XXI. La base de nuestro acuerdo es un programa de gobierno que vamos a implementar si ganamos la elección. Tal como ocurrió en su momento con la Concertación, no hicimos que los integrantes de la Coalición dejen de pensar como pensamos. Es una convergencia que se construye sobre la base del respeto de nuestras diferencias”.

Prosigue: “llevamos casi 20 años de gobierno de la Concertación. El 96% o más de las leyes en el Congreso se han aprobado con los votos de la Concertación y la Alianza por Chile. Son muy pocas las iniciativas de trascendencia en materia económica, social y política que han sido votadas de forma dividida. Más que una redefinición de los fundamentos de la política económica, el principal problema de nuestro país tiene que ver con la gestión del aparato público. Ahí están la corrupción, el apitutamiento, la cooptación del aparato público para pagar favores políticos, la ineficiencia. ¿Cuál es el principal opositor que ha tenido siempre la Concertación? El mismo partido con el cual está haciendo un pacto parlamentario: el Partido Comunista”.

 


Cuestión de estereotipos

 

Mientras conversamos en el restaurante del Caracas Palace se escuchan de fondo los infatigables cánticos de la protesta chavista en plena plaza Altamira. También, la transmisión con altoparlantes de una nueva emisión del programa Aló presidente sirve para calentar el ambiente. “Me importa un comino lo que diga el mundo”, dice el comandante y exige la actuación de la Corte Suprema para que intervenga las operaciones de Globovisión, “o tendré que actuar yo”.

Es la segunda emisión de una maratón de Aló presidente anunciada por el mismo Chávez. La estadística confirma la afición del mandatario por las pantallas: 1.877 cadenas nacionales desde que asumió el mando, equivalentes a 50 días sin interrupción. ¿Duración? 88 minutos en promedio, con un record de 7 horas en enero. ¿Audiencia? La caída del encendido en estos episodios varía entre el 10% y el 40%. De paso, tiene a las estaciones privadas con serios problemas económicos. “Las cadenas se avisan a último minuto, no tenemos conocimiento de cuánto durarán y, obviamente, no podemos emitir publicidad”, comenta un ejecutivo de TV.

Los manifestantes de la plaza Altamira distribuyen panfletos para desacreditar a los expositores del seminario. “Ideólogo del fascismo en América latina, vocero de la derecha internacional, peón del imperio norteamericano”, dice el currículo de Mario Vargas Llosa. Derechista, impulsor del capitalismo y otras tantas generalidades le atribuyen a Jorge Quiroga. Panfleto en mano, el ex presidente de Bolivia me comenta que no le parece un insulto.
A la mesa que compartimos con Lavín, Larroulet y Schaulsohn se acerca un joven venezolano. “Perdón, pero escuché su conversación y quiero agradecerles que hayan viajado hasta mi país”. Se llama Luis Eduardo Martínez y formó parte del movimiento estudiantil que en 2007 se levantó en contra del cierre de RCTV. “Lo más organizado y serio en lo que a movilización anti Chávez se refiere”, me comenta una diplomática extranjera asistente al encuentro.

Salimos a la calle para tomar fotografías. Los representantes de la Coalición por el Cambio, frente a frente, con los manifestantes chavistas. “Imperialistas”, les gritan. La temperatura se va elevando, al punto que unos angustiados guardias nos piden que volvamos al hotel. “Ustedes son unos provocadores”, dice en broma Enrique Krause.
¿Problema de popularidad? “Lo que ocurre es que hay una gran caricatura del mundo liberal”, responde a Capital el propio Vargas Llosa.

 


-¿Pueden las ideas liberales ganar elecciones populares?

-Lavín: “una cosa es el lenguaje y otra, la realidad. Si miras América latina, las ideas de la libertad política y económica están presentes. Quizás, y esta es una opinión muy personal, a las ideas de la libertad o a la centro derecha latinoamericana les ha faltado abrazar más la causa social, el combate a la pobreza y la desigualdad. En las sociedades latinoamericanas existe esta impresión de la gente: derecha son los ricos y defiende a los empresarios, mientras que izquierda son los pobres y defiende a los trabajadores. Esa barrera mental se insertó en la cultura latinoamericana por décadas y, aunque cueste, hay que romperla. En países como Chile esa barrera se ha roto”.

En opinión del ahora candidato a senador por la V Región, el mejor ejemplo de ese cambio en nuestro país lo representa la propia Coalición. “Se trata del primer intento serio de algo que muchos antes calificábamos como un sueño: que los alineamientos políticos del pasado, que tenían que ver con el Sí y el No a algo que ocurrió hace 35 años, definitivamente se rompieran”.

 


Aquí también hay revoluciones


Hugo Chávez contó en una entrevista que a mediados de los años 80 propuso incorporar el concepto revolución al movimiento que lideraba al interior del Ejército venezolano. “Lo que perseguíamos era eso: una revolución, una transformación política, social, económica y cultural inspirada en el planteamiento de Bolívar”.

Otra vereda. Otra óptica. Otro objetivo. Pero Lavín también estima que el país requiere una revolución: “Chile está en una encrucijada en el sentido que durante todos estos años, y por razones obvias, ha privilegiado la estabilidad. El sistema binominal apunta a eso, el período presidencial de cuatro años apunta a eso, toda la institucionalidad chilena está diseñada para dar estabilidad. Y eso tiene un problema, porque a veces dificulta la innovación, la audacia, la posibilidad de grandes cambios y yo siento que hoy Chile no sólo necesita un cambio en gestión, sino que necesita pequeñas o grandes revoluciones al interior de ciertos sectores. Por ejemplo, en el plano educacional, en modernización del Estado, en descentralización. También una revolución política, en ideas, caras, en renovación”.
A su juicio, algo de eso ya está ocurriendo. “Que una persona como Marco Enríquez proponga privatizar el 5% de empresas públicas es nuevo. Chile requiere una legislación, por ejemplo, respecto al sistema de primarias. Estas revoluciones requieren una masa crítica que, creo, se está generando. Estamos viviendo el comienzo de una nueva época”.

Interrumpe Schaulsohn: “déjame decirte por qué me cabrié con la Concertación”, “porque dejó de tener discurso para el mundo emprendedor y se transformó en una coalición política asistencialista. Y ese ha sido el sello del gobierno de Michelle Bachelet: repartir lo que construimos en tiempos de vacas gordas, pero no crear un ambiente que promueva el emprendimiento. Si sumas a ello un Estado ineficiente, la combinación no augura un futuro muy promisorio, salvo que se produzca un cambio. Por eso la Coalición es importante y por eso la Concertación no debe seguir gobernando. La Concertación está obsesionada con los viejos y tiene muy poco que decir a los jóvenes”.
Caminos revolucionarios con distintos destinos. “No hay duda alguna de que la deriva del gobierno venezolano lo acerca cada vez más a una dictadura comunista”, dice Mario Vargas Llosa a las cerca de 800 personas que repletan el foro de Cedice. El público aplaude de pie. Afuera, La Hojilla acusa a la oposición de tener que “importar” intelecto ante la falta de exponentes internos. Los medios de comunicación convertidos en trincheras y la más completa falta de diálogo y respeto mínimo entre las partes. ¿En qué terminará esto?

 

 

 

Mario Vargas Llosa
“¿No es maravilloso que en Chile no importe quién gane las elecciones?”


“No entiendo, la verdad. Es un tipo de intimidación que si en algún país es inaceptable es en la tierra de Bolívar, desde donde salieron los ejércitos a luchar por la libertad de América latina”. Mario Vargas Llosa, el escritor y ex candidato presidencial peruano, no parece molesto ni exaltado. Soportó un buen tiempo de espera en el aeropuerto de Caracas, mientras los guardias revisaban sus objetos personales y le advertían sobre los límites de su actuar en el país. “No creo que esto contribuya a mejorar la imagen de Venezuela en el mundo. Más bien, estos gestos confirman los temores que hay entre la comunidad democrática sobre la libertad en Venezuela”.

Los panfletos chavistas lo califican como el “vocero de la derecha internacional”. Es parte de la “caricatura” que afecta al liberalismo, responde el autor de Conversación en la Catedral.

-El liberalismo ha tenido un problema con los economistas, que han llegado a sostener que todo el problema social se reduce a la libertad de mercado. Esa es una aberración monstruosa. Una negación de la gran tradición liberal. Los liberales siempre han creído en valores, en ideas, como fuente de toda gran transformación social. Adam Smith, el padre del liberalismo, fue un profesor de moral. Cuando uno lee a los clásicos del liberalismo, todos son grandes moralistas, con una enorme preocupación por los valores éticos, por la consistencia ética de las conductas.


-A propósito de Venezuela, ¿no debería Chile asumir un rol más activo en defensa de la democracia y los derechos de las personas?

-Debería, debería. Lo que pasa es que yo creo que Chile ya despegó. En cierto sentido, Chile ya no forma parte de América latina. Está mucho más cerca del primer mundo que del tercero.


-Pero el vecindario también importa.

-Sí, ojala se preocuparan, pero lo que ha ocurrido es eso. Los chilenos tienen un tipo de preocupaciones que ya no son las del resto de América latina. Chile ha despegado. Tiene unos consensos que no hay en ninguna parte de la región, sobre un modelo político y un modelo económico, y esos consensos son los que le han dado a Chile el dinamismo que está detrás de su notable progreso. ¿No es maravilloso que en América latina podamos decir de un país como Chile que no importa quién gane las elecciones? ¿Qué es lo que va a cambiar? Quizás cosas pequeñitas, pero lo fundamental no cambiará y eso es lo que les ha dado el progreso que tienen. Y eso, hasta ahora, no se ha podido decir nunca de ningún otro país latinoamericano. Creíamos en el pasado que se podía decir de Uruguay, pero no era verdad. En el caso de Chile, en cambio, creo que es verdad. Si me preguntan sobre un país que, a mi juicio, ya no va a dar marcha atrás, yo respondería: Chile. Puede haber cambios, pero en lo fundamental –la cultura democrática- ya rompieron el punto de no regreso y eso es lo mejor que se puede decir de un país.

 

 

 



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Comentarios

2 Comentarios

Rafael :

Publicado Jueves 20 de Agosto, 2009 - 00:03 hrs

Por favor señores si no saben de un tema mejor ni hablar pues quien dijo lo de la patria potestad jajajaja nada de eso es real amigo mio se que quieres informar pero tu opinion solo hace desinformar amigo mio se mas inteligente y busca tu fuente de informacion mas creible que tu propia opinion haz un periodismo real y no puras chafas

Juan Pablo Reusch:

Publicado Jueves 11 de Junio, 2009 - 18:00 hrs

El artículo tiene errores garrafales por parte de el trío de políticos entrevistados. La Venezuela de hoy no se parece en nada al Chile del 70. Son casos totalmente distintos. De partida Hugo Chavez concentra todos y absolutamente todos los poderes del Estado, aparte de ser el jefe supremo de las FAN (siendo Teniente Coronel). Además posee un aparato propagandístico (consistente en varios canales de televisión, radios y páginas de internet) financiado directamente por el régimen. Hasta donde se sabe Allende mantuvo cierta independencia de los poderes del Estado y en el Congreso Nacional habían políticos de casi todas las facciones.  
Fue la oposición venezolana quien entregó el poder en bandeja al oficialismo bolivariano, al no participar en las elecciones debido a las dudas que generó el sistema de votación, que si me preguntan a mi, ahí está la clave de por qué Chavez gana cada una de los procesos electorales. Salvo uno, el de las reformas constitucionales, que poco a poco la Asamblea Nacional ha ido aprobando cada una de las leyes que fueron rechazadas anteriormente por los ciudadanos. 
 
El sistema de votación en máquinas de lotería no puede seguir sucediendo. La oposición venezolana tiene que seguir los siguientes pasos: 
.- Depurar el REP 
.- Cambiar el sistema de votación a manual 
.- Dejar de creer que Venezuela es sólo Caracas, Maracaibo y Barquisimeto. Existe más Venezuela al interior del país en donde el chavismo gana y arrasa.

 
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