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Reportajes y Entrevistas
Patrick Moore. Atómico

Artículo correspondiente al número 225 (4 al 17 de abr 2008)

 

-En países como Chile, ¿la energía nuclear y la hidroelectricidad son las únicas alternativas para la generación de energía en forma sustentable y a gran escala?

 

-No, Chile debiera también trabajar en otras alternativas, como las plantas termosolares. Debieran unirse a la investigación internacional en estos temas, porque ustedes tienen el desierto pero aún no tienen una tecnología desarrollada para decir: sigamos adelante con esta investigación, siempre fijándose en que no sea tan cara y que cuando haya nubes no se caiga la energía. De la desolación a la salvación

 

-¿En qué momento ve en la energía nuclear “la” alternativa para evitar el calentamiento global, en consecuencia que años atrás rechazaba su uso?

 

-Cuando descubrí los beneficios y el desarrollo que había tenido en otros campos, me convencí de que podemos hacer electricidad con reactores nucleares porque éstos no producen contaminación ambiental y los desechos pueden almacenarse en forma segura.

 

-¿No hace un mea culpa, ya que el rechazo que hoy genera la producción de energía nuclear en parte se debe a la gran oposición que tuvo esta tecnología hace más de 30 años y que usted encabezó?

 

-Efectivamente, tengo claro que nos equivocamos cuando pusimos a la energía nuclear en la misma categoría con las armas nucleares… La razón de que la energía nuclear sea controversial es por Hiroshima, y reconozco que, a pesar de que tenía educación científica, no hice la distinción. Las emociones en un principio fueron más fuertes que la razón y diría que, hasta hace poco más de 10 años, todavía no era capaz de pasar por encima del temor nuclear cuando me hablaban de esta energía.

 

-¿Qué cambió?

 

-Me di cuenta de que la energía nuclear no nos estaba dañando. Nunca ha existido un accidente en los reactores nucleares de occidente que haya dañado a alguien o algo.

 

-Sin embargo, hasta el día de hoy existe ese temor...

 

-Así es, y sólo ahora me he dado cuenta de que si no hubiera sido por el movimiento ambientalista antiarmas nucleares, no habría hoy tantas plantas de energía a carbón en el mundo. Habría más plantas nucleares y menos gases de efecto invernadero, de manera que fue precisamente el movimiento ambientalista el que no ha hecho posible disminuir la contaminación producto de los combustibles fósiles.

 

Otra de las campañas que encabezó Moore fue la protección de las focas
A bordo del Rainbow Warrior, Patrick Moore y Bob Hunter lograron la atención de la prensa mundial en cada una de sus expediciones de protesta

 

Ambientalismo popular

 

-¿En qué ha cambiado la discusión ambiental desde que partió con Greenpeace hasta ahora?

 

-Primero, ha crecido muchísimo el movimiento ambiental y los medios han conectado bien con estos activistas, porque tienen mejor llegada. En tanto que a los científicos, ingenieros e industriales nos cuesta más comunicarnos con los medios. La otra cosa que ha ocurrido es que el público se ha dado cuenta y ha tomado conciencia de los problemas ambientales en forma importante. Pero hay que tener cuidado porque hoy existe lo que llamo ambientalismo popular: grandes temas se simplifican tanto para que lo entienda el público que dejan de lado lo sustancial y lo realmente importante.

 

-¿Puedo entender que Greenpeace está dentro de ese grupo?

 

-Greenpeace y sus amigos se oponen a las cosas más insólitas y yo lo resumo como que llevan adelante una política antihumana y poco tolerante. Basta ver lo que sucede con su posición frente a los organismos modificados genéticamente, los que pueden resolver problemas como la ceguera en los niños por falta de vitaminas. Pero ellos piensan que por alguna razón estos niños debieran quedarse ciegos. Así de ciegos están.



Sus años como guerrero del arcoiris

 

Cuando Patrick Moore creó junto a Bob Hunter la que actualmente es reconocida como la mayor organización ambientalista del mundo, Greenpeace, todo el ímpetu de su juventud lo canalizó en la férrea defensa a un sinnúmero de causas. La que más lo marcó, sin duda, fue la lucha contra la caza de las ballenas. Moore rebobina la cinta y dice que en esa campaña hubo mucha mística y que hoy la recuerda como la que mayores satisfacciones le ha entregado.


-¿Cómo llega a involucrarse con el mundo ambientalista?
-Vengo de los bosques de British Columbia, de un lugar parecido a la Patagonia. Viví en la naturaleza toda mi juventud y estoy acostumbrado a ello. Por esa afinidad, luego entré a la universidad, donde descubrí la ciencia de la ecología y ya cuando estaba haciendo mi PhD en ecología, palabra que ni siquiera se conocía en ese tiempo, en plena guerra de Vietnam, empezaron todos estos movimientos ambientalistas.

-¿Cómo se une al grupo?

-Descubrí que había un grupo pequeño de personas que se empezó a juntar en el subterráneo de una iglesia, su objetivo era evitar que se siguieran haciendo ensayos nucleares en Alaska por parte de Estados Unidos. Así fue como dejé momentáneamente mi doctorado y me uní a un grupo de 13 personas para hacer un viaje en bote a Alaska, a protestar.

-¿Qué lo motivó?

-Estábamos motivados por el miedo a la guerra nuclear. Sabíamos que la única manera de cambiar era por medio de la acción, principalmente por las cosas que se transmitieran en los medios, de manera que nos autodenominamos los guerreros del arco iris (rainbow warrior) y así denominamos al barco que teníamos para dar la impresión de guerreros que luchamos por salvar el mundo… Sentíamos que estábamos peleando la pelea correcta y, lo más importante, en forma pacífica.

-¿Cuáles fueron las causas que más lo llenaron?

-Primero salvar a las ballenas, porque esa campaña fue la que nos hizo famosos en todo el mundo. Además, las ballenas eran muy simbólicas dentro del reino animal y la manera en que les dan muerte es una de las cosas más terribles que puede haber. Teníamos que hacer algo.

-En esa época no sólo lograron captar la atención de los medios, sino que lograron reclutarmiles de adeptos alrededor del mundo ¿Cómo vivió esa época?

-Nos sentíamos ganadores, porque ganamos las mentes de las personas y forzamos a los gobiernos a cambiar sus políticas. Estábamos trabajando a todo nivel, porque mientras estaba yo en el barco liderando las campañas contra la caza de ballenas, había otro grupo en las reuniones y convenciones internacionales consiguiendo los votos para llegar a los resultados que queríamos. Fue una época muy buena.

 



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