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Artículo correspondiente al número 210 (10 al 23 de ago 2007)
Cree que es deber de la DC convencer a sus socios que ella es la mejor carta, aunque no se cierra a apoyar a un socialista si las encuestas muestran que éste le gana a la Alianza. Pero antes de pensar en candidaturas, enumera la lista de cambios que el partido debe iniciar y transparenta las dificultades de la actividad parlamentaria, incluyendo los problemas que vienen desde La Moneda. Por Cony Stipicic H.; fotos, Enrique Stindt.

Desde la testera parece que las cosas se ven mejor. Sentarse en el sillón de presidente de la Cámara de Diputados le ha permitido a Patricio Walker (38) formarse un juicio categórico de la calidad de la política, de las deficiencias del Congreso, de los vacíos del gobierno y, por cierto, de las carencias de los partidos políticos, particularmente del suyo, la Democracia Cristiana, que acaba de celebrar 50 años.
Pese a su juventud (asumió a los 37 años como el segundo más joven en el cargo) y a los malos augurios de algunos por sus posiciones valóricas conservadoras, ha logrado cultivar un requisito básico en ese puesto: la ecuanimidad, que no es necesariamente sinónimo de tibieza, sino más bien –al menos en su caso– de conciliación.
Se hace cargo de la mala evaluación de los políticos, pero también nombra a varios que merecen distinción máxima. Eso sí, reconoce que al ser 120 personas hay dispersión y opiniones diversas. “Entre tantos integrantes siempre habrá algunos que busquen hacer noticia en base a descalificaciones o cuestiones que generan prensa. Lamentablemente, hay algunos que caen en ese juego y eso afecta la imagen de todos. Por eso el esfuerzo de darle gobernabilidad a la corporación es grande”, comenta.
-A su juicio, ¿hay gente que no debería estar en la Cámara?
-Yo no me atrevería a decir eso, aunque creo que hay algunos que efectivamente desprestigian a la institución con sus actuaciones y comentarios, que no tienen pudor en afectar a la dignidad o la honra de las personas con tal de tener algunos segundos de cámara.
Apropiarse del centro
-La DC acaba de cumplir 50 años. ¿“Nosotros los de entonces ya no somos los mismos”?
-Hay un cambio radical. Creo que los principios son los mismos, el humanismo cristiano sigue más vigente que nunca. Las catedrales que se han caído son otras: los socialismos reales en Europa del Este y la Unión Soviética. Hoy, todos los socialdemócratas se llaman de la tercera vía, que es lo que hemos sido siempre nosotros. Y el liberalismo extremo, también a mi juicio ha sido derrotado, incluso el presidente de Francia, Nicolás Sarkozy, crítico del liberalismo en algunos aspectos, reivindica –por ejemplo– la educación pública y el comunitarismo. En consecuencia, la DC como partido de centro está más vigente que nunca.
-Pero…
-Pero ha habido problemas respecto de algunos de los principios que nosotros tenemos o decimos tener. La fraternidad, por ejemplo. Hemos dado tristes espectáculos. Este partido ha mostrado muchas veces el patio trasero y no lo mejor de su casa, con personalismos, con caudillismos, con individualismos, con golpes bajos y poco sentido de equipo. Esa es la gran autocrítica que yo hago como democratacristiano, porque ha afectado el espíritu de la DC. Este tema espanta hoy en día a mucha gente, y esto pasa en muchos partidos políticos, no solo en la DC. Cuando ven que hay una lógica individualista, un afán de protagonismo excesivo, se genera rechazo.
-¿Y usted cree que esa es la razón por la que la DC ha venido sostenidamente a la baja en sus resultados electorales?
-No es solo eso. Yo creo que nosotros no hemos actualizado nuestros principios en un mensaje de futuro a la ciudadanía. Seguimos hablando en base a lo que hicimos en la década del 60 y para esos dos y medio millones de jóvenes que no están inscritos, hablar de Frei Montalva es como hablarles de la foto del matrimonio de la abuelita. Un sector de la militancia sigue muy nostálgico del pasado y la sociedad ha cambiado: hay una clase media emergente más informada, que no pretende un cargo público, como sí sucedía en los 60, cuando era el ideal de todo profesional. Hoy prefiere emprender, ser autónomo. A nosotros nos falta hablar más de esos temas, de innovación, ser más proactivos. Tenemos que ser un partido capaz de establecer un mensaje más atractivo hacia el futuro, a partir de nuestras convicciones, uno puede ser perfectamente tolerante y moderno.