Bienvenido, te encuentras en Inicio arrow Reportajes y Entrevistasarrow Pasando revista

Herramientas

Imprimir este artículo

Comentar esta nota

Enviar a un amigo

Suscribir Sección vía RSS

Compartir Link Facebook Link Twitter

Califica este artículo


1 Votaciones

Otros artículos de la sección:

Reportajes y Entrevistas
Pasando revista

Artículo correspondiente al número 269 (29 de enero al 25 de febrero)

 

Un grupo de 19 empresarios y profesionales de distintas áreas se graduo hace poco del Curso de Aspirantes a Oficiales de Reserva del Ejercito -CAOR 2009-, que se realizó por tercera vez consecutiva. Como parte de su instrucción, los nuevos reservistas participaron en distintas prácticas militares, como una prueba en pleno desierto nortino.



A eso de las 19:30 horas del 4 de diciembre pasado hicieron su ingreso al Patio Alpatacal de la Escuela Militar los nuevos oficiales que el Ejército sumó a sus filas en calidad de reservistas. Nerviosos, algo cansados después de las largas horas de ensayo y vistiendo impecable blusa blanca, marcharon frente a autoridades civiles y militares y repitieron con fuerza el tradicional Juramento a la Bandera.

Pero no se trató de una formación regular de cadetes, sino de los integrantes del tercer Curso de Aspirantes a Oficiales de Reserva, CAOR 2009, que incluyó a 19 empresarios y profesionales de distintas áreas, en un rango de edades que varió de los 35 a los 62 años.

Sin duda, un grupo heterogéneo. Con conocidos hombres de empresa, altos ejecutivos del sector financiero, varios abogados, un periodista, un psicólogo y un médico. Todos se reunieron una o dos veces a la semana durante cinco meses y participaron de clases prácticas y teóricas en distintas instalaciones del Ejército.

La lista de curso –bautizado como Fuerza Terrestre 2009– incluyó varios nombres reconocidos, como el empresario Manuel Ibáñez; el gerente general del Security, Renato Peñafiel; o los socios de LarrainVial y Price WaterhouseCoopers, José Miguel Barros y Javier Gatica, respectivamente. Por mencionar otros participantes: Alejandro Fantoni (Tonelería Nacional); Pablo Caram (Sixbell Nekotec Solutions); Enrique Galleguillos (socio en distintas empresas tecnológicas); Patricio Rodríguez (Exportadora Colortex) y Enrique Robles (Sport Master).

O el director ejecutivo de Mega, José Miguel Sánchez; el asesor del ministerio de Defensa, Orlando Guastavino; los abogados Luis Amenábar y Carlos Mera; los ejecutivos de empresas eléctricas Juan Carlos Olmedo (AES Gener) y Mario Marchese (SN Power); el gerente comercial de Metro, Alvaro Caballero; el oftalmólogo Ricardo Agurto y el psicólogo y empresario Angelo Barbieri.

La misión de formar a estos oficiales fue encomendada a la II División del Ejército, a cargo hoy del general Bosco Pesse, y específicamente al Regimiento de Infantería N°1 Buin, que pasó a ser la unidad cuna de estos nuevos soldados, con el teniente coronel Patrice van de Maele como su comandante y jefe de curso, acompañado por los capitanes Eduardo Jara y Marcelo Suazo y el teniente Eduardo Díaz.

Con algunas dudas


El empresario Manuel Ibáñez cuenta que al recibir a comienzos de este año un llamado telefónico del Ejército, invitándolo a participar en este curso, su reacción inmediata fue un rotundo no. “Le dije al general que me llamó que yo era una persona muy ocupada y que por mi edad y actividades me parecía mejor no hacerlo”, recuerda.

Pero esa primera negativa no fue motivo suficiente para que la institución desistiera de su propósito. Lo invitaron a desayunar para mostrarle un poco lo que había detrás de la invitación y, tras ello –confiesa con humor–, no le quedó más que aceptar.

Las mismas dudas iniciales tuvieron varios otros. Como el socio de PricewaterhouseCoopers, Javier Gatica, quien confiesa que sus recelos se mantuvieron una vez que aceptó, al ver la dureza con que un oficial llamó la atención a un subordinado que había olvidado pedirle identificación para entrar a un recinto militar. “¿En qué me metí?”, pensó en ese momento, pero finalmente siguió adelante y hoy reconoce que fue una experiencia muy grata.

De hecho, todos coinciden en que guardarán los mejores recuerdos de esta vivencia. “Los empresarios somos muy solos, en general, y entrar en un mundo donde la confraternidad, la relación entre las personas es lo que mueve el sentimiento de fuerza de grupo, es único”, dice Fantoni. “Ha sido una experiencia muy gratificante en lo humano y también en lo profesional”, agrega Caballero. “Mi visión hoy es totalmente distinta. Es una institución transparente y muy eficiente”. Adicionalmente: “me gustaría tener una empresa que funcionara así”, se suma Agurto.

El comandante Van de Maele cuenta que entre las actividades que realizó el grupo a lo largo de su instrucción –además de las distintas charlas sobre el funcionamiento de la institución–, fueron hay tres las que calaron más hondo: la visita a la Brigada de Operaciones Especiales en Peldehue, diversas actividades en la Escuela Militar y la visita a la II Brigada Acorazada en Iquique.

En Peldehue, el grupo recibió instrucción sobre el curso de Paracaidismo e incluso realizó prácticas desde una torre que mide catorce metros de altura y que imita todo lo que pasa al momento de saltar de un avión. En la Escuela Militar se practicó tiro en el polígono virtual y se enfrentaron los obstáculos de la cancha de mando y liderazgo; mientras que en el norte, el atractivo mayor estuvo en la posibilidad de disparar armamento de primer nivel en pleno desierto, como los tanques Leopard.

“Para ellos fue muy buena esta experiencia, porque son personas de edades y profesiones distintas. Todos, en general, son líderes, acostumbrados a mandar. Por eso, lo más difícil fue que obedecieran y dejaran de lado sus pensamientos personales por los del grupo”, describe Van de Maele. Añade que, en todo caso, muchos de ellos le comentaron que el curso sirvió también de terapia para olvidar el mundo en que se desenvolvían y sus problemas. Durante cinco meses los reservistas participaron semanalmente en distintas clases teóricas y prácticas, como la visita a la Segunda Brigada Acorazada, en Iquique, o a la Brigada de Operaciones Especiales en Peldehue.

Efecto multiplicador
La idea de integrar civiles a la reserva del Ejército partió en 2007, recogiendo en parte la experiencia acumulada por otras ramas, como la Armada. El comandante en jefe del Ejército, general Oscar Izurieta, explica que su intención final al promover este tipo de formación es acercar el mundo militar a la población civil y, además, aprovechar las competencias profesionales propias de cada uno de los reservistas.

“Ha sido tal el impacto para ellos, de vivir el Ejército por dentro, que se han convertido en un factor multiplicador para decir lo que es realmente la institución. Si bien, genéricamente, los chilenos le tienen cariño, todavía hay gente que tiene opiniones estereotipadas. Por eso, el invitar a personas que son exitosas, que tienen bajo su influencia a muchas otras personas, tiene un efecto fantástico hacia fuera”, describe Izurieta.

Desde su puesta en marcha han pasado por este curso destacados miembros del mundo empresarial, como Andrónico Luksic (Banco de Chile), Alfredo Moreno (Dersa), Pablo Yrarrázabal (Bolsa de Comercio), Jorge Navarrete (Consejo Nacional de Televisión) y Baltazar Sánchez (Cristalerías de Chile), entre otros. De hecho, los integrantes del primer curso CAO R fueron ascendidos en esta misma ceremonia al grado de subteniente.

Hacia adelante, Izurieta anticipa que los cursos debieran continuar, ampliando el público objetivo. “Tal vez el CAO R del próximo año incorpore algunas mujeres, porque hay muchas que son exitosas; o también, personas del mundo de la cultura, que aún no son tan cercanas”, apunta Izurieta.

 

Comenta este artículo

Nombre
:
Email
:
URL
:
  (Opcional)
Código Verificación Capital.cl

Comentarios

1 Comentarios

Cesar Rebolledo :

Publicado Martes 2 de Febrero, 2010 - 21:28 hrs

5F1hgfhgfuyfj

 
IAB ChileCertifica.com