|
|
Bienvenido, te encuentras en Inicio Reportajes y Entrevistas Pacto de sangres |
Califica este artículo
Otros artículos de la sección:
Artículo correspondiente al número 205 (01 al 14 de jun 2007)
Mi primera impresión fue favorable. La segunda, no tanto y me llevó a una percepción más equilibrada.
La fusión de Fallabella con D&S ha sido una excelente noticia para la bolsa, ya que las acciones subieron rápidamente al conocerse los planes. La recepción inicial entre los formadores de opinión ha sido favorable y la prensa especializada en negocios está feliz. La fusión tendría que ser aprobada por el Tribunal de Defensa de la Libre Competencia (TLDC), pero esto parece darse por descontado.
De acuerdo a sus promotores, la fusión ayudará a la internacionalización de ambas empresas (el retail parece ser nuestro gran servicio de exportación), y se formará una compañía que tendrá la capacidad financiera para competir en los mercados externos. Según ellos, podrían tener el éxito que Lan ha tenido desde su fusión con Ladeco.
Mi primera y superficial impresión fue que no habría problemas de competencia a raíz de la fusión. Después de todo, ambas empresas operan en mercados distintos: el de las tiendas de departamentos y el de supermercados. En este último segmento, si bien Fallabella es dueña de Tottus, tiene un porcentaje reducido del mercado y le ha costado crecer. Por otro lado, aunque la empresa fusionada pasará a ser el segundo actor en el ámbito de los créditos de consumo, éste es un mercado con tantos participantes y competencia que no es preocupante. Además, la competencia entre las dos cadenas de supermercados y entre las grandes cadenas de tiendas de departamentos es muy intensa. Dada la enorme variedad de productos que venden, es difícil que las firmas restantes puedan coordinarse para fijar precios que les aseguren rentas sobrenormales. A primera vista, pensé que bastaba con obligar a las empresas a desprenderse de algunos supermercados en aquellas áreas en las que solo Tottus y Lider compiten, para resolver los problemas de competencia producto de la fusión.
Como a menudo ocurre, una segunda reflexión y la conversación con personas inteligentes hizo que variara mi opinión inicial hacia otra más equilibrada. En realidad, la fusión enfrenta problemas de competencia. Primero, porque ambas empresas participan en una variedad de rubros comunes: calzado, electrónicos, línea blanca y vestuario, por lo que esos mercados se concentrarían. Segundo, porque la existencia de Tottus se ha usado como un indicador de la facilidad de la entrada al sector supermercados, lo que convenció al Tribunal para autorizar que las grandes cadenas de supermercados compraran a otras más pequeñas. ¿Qué queda ahora de ese argumento? Tercero, aunque no puedan coordinarse en precios, el menor número de participantes permitiría que las empresas restantes sean menos agresivas, por ejemplo, en la localización de sus tiendas. Por lo demás, es cuestionable que la fusión tenga tantas ventajas para operar en mercados internacionales.
Si ambas empresas participan en segmentos distintos de productos, fusionarse no les ofrece ventajas sobre su operación como empresas individuales, pues en cada segmento del mercado internacional mantendrían su participación del mercado, y enfrentarían los mismos requerimientos de capital que antes. Además, el ciclo económico las afecta en forma similar, por lo que la fusión no conduce a una reducción sustantiva del riesgo macroeconómico. En tal sentido, la fusión solo podría ser beneficiosa si la empresa fusionada crece en algunos segmentos de mercados, es decir, si éstos se concentran.
Se ha argumentado que es bueno para el país que poseamos empresas de gran tamaño. Esto tal vez sea bueno para los accionistas y los bancos de inversión que promueven las fusiones, pero no es obvio que los beneficios se extiendan al resto de la sociedad. La participación de cada chileno a través de los fondos de pensiones no necesariamente se compensa si el efecto de la fusión es reducir la competencia. Por repetir el ejemplo de Lan (en el cual, a diferencia del caso actual, se fusionaron los dos grandes actores del mismo mercado), su fusión creó una gran empresa multinacional, pero es improbable que el costo social por la menor competencia en el mercado aéreo haya sido compensado por el mayor valor de los fondos de pensiones.
En resumen, considerando todos estos factores, el TLDC enfrenta una delicada decisión, pues no será fácil oponerse a una fusión que tiene tanta inercia y contra la cual los argumentos no son tan decisivos como en el caso aéreo o el de la televisión por cable.