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Artículo correspondiente al número 210 (10 al 23 de ago 2007)
La demanda del ingeniero en minas Rodolfo Villar en contra del gigante cuprífero Barrick Gold Corporation está metiendo ruido. Desde que se supo que el 14º Juzgado Civil de Santiago había fallado a su favor, anulando en primera instancia un traspaso de derechos mineros aledaños al proyecto Pascua Lama, no han sido pocos los que se han acercado intentando comprarle los derechos litigiosos. Por Lorena Medel.
Una compraventa de derechos mineros en el sector del proyecto Pascua Lama celebrada en 1997 fue lo que desencadenó este caso que tiene todos los ingredientes de un thriller judicial de John Grisham: un juicio donde se enfrentan un ingeniero en minas de la III Región con la compañía minera de oro más grande del mundo, con una sentencia dictada sin cumplir y pronunciada por una jueza que no es la titular, una investigación disciplinaria que propone la remoción de la misma jueza, un proceso ante el Tribunal Constitucional, una sociedad que le compra los derechos litigiosos del caso… La madeja no termina nunca.
Son tantos los hechos y tantas las opiniones contrapuestas que cuesta saber quién tiene la razón. De hecho, después de conversar un par de horas con el abogado Hernán Montealegre, defensor de una de las partes, es difícil dudar de su convincente versión. Pero si al día siguiente se conversa otras dos horas con los abogados de la minera –Barrick Gold Corporation es representada por abogados de Urrutia y Cía. y de Vergara, Labarca y Cía.– la impresión es la inversa.
Todo comenzó en 2001, cuando el ingeniero en minas Rodolfo Villar García interpuso una demanda en contra de la Compañía Minera Nevada, filial de Barrick Gold Corporation en Chile, con la intención de anular una transacción por la cual la transnacional había adquirido ciertos derechos mineros de unas zonas aledañas a su proyecto Pascua Lama, en la III Región. Se trataba de las manifestaciones mineras Amarillos Sur y Amarillos Norte, que abarcaban una superficie de 8.100 hectáreas. Inicialmente, se trató de un juicio por falsificación de escritura pública, en el que Villar acusaba a Barrick de haber cambiado la hoja del contrato donde decía que se le iba a pagar un millón de dólares, por una donde se hablaba de 10 mil pesos… Lo curioso, por decir lo menos, es que lo hizo cuatro años después de haber firmado la compraventa.
Desde entonces y hasta 2005 Villar fue defendido por dos abogados distintos, ninguno de los cuales consiguió nada. Nadie logró demostrar la falsificación. Dado que lo que Villar tenía eran manifestaciones mineras en trámite y no concesiones propiamente tales, el juicio, a esas alturas, estaba prácticamente ganado para Barrick. Hasta que apareció en escena Hernán Montealegre –conocido por su trabajo en causas de derechos humanos y por haber defendido a Gemita Bueno en el caso Spiniak–, quien luego de estudiar el contrato de compraventa presentó un escrito en el que se olvidaba del juicio por falsificación y entablaba otro impugnando la transacción ocurrida en 1997, pues los 10 mil pesos consignados en el contrato no era un precio serio como lo requiere la ley chilena. En atención a estas circunstancias, la operación debía considerarse inexistente o nula. Entre otros argumentos, Montealegre invocó la obra De la compraventa y la promesa de venta, de Arturo Alessandri Rodríguez, gran autoridad en cuestiones civiles.
El escrito encontró acogida judicial. El 21 de junio pasado la secretaria del 14º Juzgado Civil de Santiago, María Isabel Reyes Kokish –que por esos días hacía de jueza subrogante– le dio la razón a Villar, declarando nula la transacción y disponiendo que Barrick debía devolverle sus manifestaciones mineras, quedando todo como estaba en 1997. El fallo fue apelado por Barrick y hoy está en la Corte de Apelaciones. Mientras, y dado que Montealegre ha dicho a los cuatro vientos que sin las concesiones de Villar Pascua Lama no tiene viabilidad, el interés por los derechos litigiosos del demandante ha crecido en forma exponencial. Se estima que ya son más de 40 las personas naturales que le han comprado los derechos a Villar –entre ellos la ex ministra de Justicia del gobierno militar, Mónica Madariaga– conformando la llamada Sociedad de Litigantes Ojanco (agua dividida, en mapudungún). ¿Cuál es el negocio? Si se gana el juicio en la Suprema, Ojanco espera vender los terrenos y repartirse más de mil millones de dólares. ¿Por qué tanto? Porque, según las proyecciones de Villar, el terreno que le devolverían tendría 17,6 millones de onzas de oro.
Especulación o no, lo cierto es que después del triunfo en primera instancia Montealegre asegura haber recibido varias ofertas por Ojanco. Según él, un señor llamado Richard Napier, de Continental Goldfields, habría ofrecido 500 millones de dólares si la Corte de Apelaciones confirma el fallo. Y no solo eso. También asegura haber recibido una oferta de mil millones de dólares de parte de unos inversionistas del Medio Oriente, cuyos nombres no revela. Vaya misterio.
Por su parte, los abogados de Barrick, que no habían querido hablar con la prensa, son enfáticos en señalar que todo este juicio ha sido un artificio urdido por los demandantes, para lo cual han faltado reiteradamente a la verdad. De partida, porque Villar no vendió terrenos, sino que simples solicitudes de propiedad minera sin ningún destino. Según ellos, aquí no hay más que un grupo de especuladores queriendo hacerse el negocio del siglo, para lo cual no han escatimado en subterfugios a costa de una minera seria y de calibre mundial que ha anunciado inversiones millonarias. Veamos lo que dicen los protagonistas.