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Artículo correspondiente al número 263 (16 al 29 de octubre de 2009)
Aunque la fumarola gigante de El Tatio ya fue controlada por la firma Geotérmica del Norte –controlada por la italiana Enel, y en la que además participan las estatales Enap y Codelco–, las cosas parecen estar aún en ebullición. Divisiones entre los pueblos atacameños lluvia de querellas e intensos mea culpas de autoridades que dieron su aprobación al proyecto, son parte del intenso movimiento que viven las desérticas tierras nortinas, donde Capital quiso indagar. Por Cristián Rivas y Paulas Vargas.
![]() www.tatio.org |
Reparos desde el inicio
La hebra que desenreda la madeja de este proyecto tiene su origen a comienzos de esta década. La historia más reciente –porque hubo varios intentos a lo largo del siglo XX; todos, sin frutos– partió con una alianza que sellaron en enero de 2001 las firmas estatales Codelco y Enap, que se unieron para formar Geotérmica del Norte, con el 51% y el 49%, respectivamente.
En aquel tiempo, lo que dijeron estas empresas fue que, dada la promulgación de la ley sobre geotermia el año previo, tenían interés en solicitar algunas concesiones de exploración, para luego emprender la explotación comercial de estos recursos. Discurso muy en línea con lo que se venía planteando desde otras instancias del gobierno, que apuntaban a incentivar la explotación de energías renovables no convencionales.
Sin embargo, es en este mismo punto donde surge el primer reparo a la forma administrativa en que se desarrolló el proceso y que ha motivado críticas de diversos actores: la ley de geotermia entrega los derechos de concesión al ministerio de Minería, cuyo titular es a la vez, por derecho, presidente de ambas firmas estatales.
“En los últimos acontecimientos en El Tatio hay responsabilidad incluso del gobierno central. Es cosa de mirar cuando se entregaron las concesiones a Codelco y Enap donde, curiosamente, el ministro de Minería es juez y parte, porque también es presidente de ambas empresas. Hoy, él mismo reclama la defensa de El Tatio, pero fue ese ministerio el que autorizó que se explotara ¿De qué estamos hablando?”, reclama Wilson Segovia, miembro del Consejo de Pueblos Atacameños.
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Aguas separadas
En los días previos al control de la fumarola en la Quebrada del Zoquete –cuyo pozo en conflicto, el número 10, se cerró definitivamente según lo dicho por GDN– se realizaron dos concurridas manifestaciones públicas en contra del proyecto. Los organizadores, entre ellos Macarena Suárez, microempresaria de la zona, cuentan que la primera fue “la caminata del perdón”: diversas organizaciones ambientales, sociales, empresariales e indígenas marcharon hasta el lugar, en un intento por pedir perdón a la madre naturaleza por el daño que se estaba produciendo.
La otra fue dos días antes del control de la columna de vapor, en la plaza de San Pedro de Atacama, que se vio inundada de banderas blancas y gente de distintas comunidades cercanas, además de autoridades como el ministro de Minería, Santiago González, que visitaban la zona por esos días.
Aunque desde fuera pueda percibirse una unión muy potente entre las distintas comunidades a las que involucra el tema, lo cierto es que esto sólo ha sido cosa de los últimos días, porque las aguas han estado separadas desde el momento en que la italiana comenzó a gestionar los permisos para materializar las obras geotérmicas.
El mismo año 2006, cuando ingresó a la propiedad accionaria de GDN, los distintos pueblos cercanos a El Tatio conocieron el proyecto y comenzaron a mostrar de inmediato preocupación por la fragilidad del ecosistema y la fallida experiencia previa de Corfo. “Quienes mostraron optimismo en ese momento fueron los servicios públicos y el mundo político, que nos comenzaron a bombardear de noticias sobre energías limpias e incluso nos mostraron un mapa con catorce zonas de posibles exploraciones de geotermia. Nos dijeron que era el tipo de energía más apropiada para la región, sus características geológicas”, recuerda Segovia.
Coincidente con eso, en 2007 las localidades de Toconce y Caspana recibieron la administración del área turística de los géiseres y meses más tarde se produjo la entrega de la concesión definitiva para que GDN explotara los recursos en El Tatio, lo que recibió el beneplácito explícito de esas dos comunidades, a las que la firma ofreció como compensación energía eléctrica, agua potable y servicios sanitarios.
“El mayor dolor que hoy sentimos es que esta situación logró dividir a los pueblos atacameños e incluso también enfrentarnos. Cuando Toconce y Caspana establecieron ese acuerdo con la empresa, el resto de las comunidades las atacó por haber tomado esa decisión. En San Pedro se hicieron panfletos contra ese apoyo y ahí todo esfuerzo por frenar el proyecto se dispersó y derivó en una profunda división entre los pueblos, generando un quiebre institucional de proporciones”, plantea Rubén Reyes, consejero de la Conadi.