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Artículo correspondiente al número 259 (21 de agosto al 3 de septiembre de 2009)
Cierto, Obama deslumbra. Pero no pierda de vista al vicepresidente Biden. Tiene carácter, agenda y buena llegada con el mandatario. Por Gabriel Sánchez-Zinny, desde Washington.
El ex vicepresidente Dick Cheney continúa siendo una activa voz en el debate público en Washington, contrario a la intención de los líderes republicanos de renovar el partido, principalmente en referencia a temas de seguridad nacional, el trato de la CIA a los prisioneros y la guerra de Irak. Una clara demostración del preponderante rol que tuvo en los últimos ocho años de gobierno conservador. ¿Tendrá también Joe Biden un rol tan protagónico en el gobierno del presidente Obama? Los primeros meses indican que así será.
La relación entre el presidente y el vicepresidente siempre ha sido un tema de interés en Washington y probablemente se profundizó durante la administración Bush, cuando muchos comentaban –conspirativamente– que era el vicepresidente Cheney quien de verdad llevaba los hilos.
Hace 100 años, la posición de vicepresidente tenía muy poca relevancia política. Como dijera el presidente Theodore Roosevelt, “es un paso nada más que hacia el olvido”. Pero todo cambió durante el siglo XX, luego de que 7 vicepresidentes sirvieran luego como presidentes.
Cheney fue siempre criticado por transformarse en el mejor exponente de este nuevo y creciente poder. Pero pareciera que el vicepresidente Biden será un vice también súper activo. Mas allá de todas las criticas a Cheney, su rol “ha hecho revalorizar la posición de vicepresidente”, señala Mary Matalin, ex asesora principal del presidente Bush.
Muchos analistas en Washington han destacado el rol preponderante que el presidente Obama le ha dado a Joe Biden y, de hecho, pocos vicepresidentes han hecho más durante los primeros meses de gobierno. En febrero estableció los lineamientos de la política exterior de Obama en la conferencia de seguridad en Munich, e hizo lo mismo en Chile en la preparación de la Cumbre de las Américas. Está encargado de supervisar el paquete de estímulo de 787 billones de dólares, lidera el Task Force para la clase media, una iniciativa central de la Casa Blanca, y participa en las principales discusiones promovidas por el nuevo gobierno, como la reforma de la salud y la de energía alternativa.
El mismo Obama ha apoyado su independiencia: “generalmente existen barreras institucionales para decir la cruda verdad delante de un presidente, pero Joe es muy bueno articulando lo que podría estar en la mente de otros personas, o en conversaciones privadas que no se comentan en reuniones públicas…”.
Así, muchos alaban la franqueza del vicepresidente y su buen trato, pero otros lo critican por sus comentarios y salirse del libreto, dentro de una Casa Blanca ya famosa por su disciplina y control del mensaje. En esta línea, el vicepresidente ha aceptado la sugerencia de utilizar más seguido el teleprompter, emplear notas para mantener sus discursos enfocados y que las entrevistas que concede a los medios se refieran a temas específicos.
“Tal vez Joe Biden hable mucho, y demasiado honestamente. Pero luego de 8 años de secretismo bajo el comando de Dick Cheney, el estilo de Biden de hablar las cosas como son es un buen cambio”, sostiene la influyente Donna Brazile, comentarista política y jefa de campaña de Al Gore en el 2000.
Obama definió el rol de su número 2 de manera diferente a sus antecesores. Cheney tenía poder propio; en algunos temas, mayor que el del mismo presidente. Al Gore más bien se enfoco en algunas iniciativas de su interés particular, como el medio ambiente y las nuevas tecnologías. Pero el actual presidente buscaba en Biden un uber-advisor, un asesor interdisciplinario, que se involucrara en resolver los principales desafíos del gobierno.