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Artículo correspondiente al número 223 (7 al 20 de mar 2008)
El discurso mesiánico de Barack Obama encendió la campaña norteamericana y reencantó a sectores decepcionados de la política tradicional. Pero su estilo no es nuevo: se enmarca en la línea de figuras clásicas, como Kennedy y Luther King, de esas que buscan recuperar el american dream. Por Claudia Heiss.

No es sólo su tono de voz. Son también los contenidos. Barack Obama suena, con frecuencia, como un predicador evangélico. Y tiene maravillado a un público que dice sentirse como en lo mejor de los años 60. Como disciplinados feligreses, sus auditores en el “Súper Martes” del pasado 5 de febrero contestaban a cada una de sus propuestas coreando un electrizante
Yes we can!: ¡sí que podemos!
Desde la Convención Demócrata de 2004, de la que emergió como presidenciable, Obama ha invitado a quienes lo escuchan a soñar con cosas más grandes, a tener esperanza y a luchar “por una América que vuelve a creer”.
“La creencia fundamental de que yo soy el guardián de mi hermano, yo soy el guardián de mi hermana, es lo que hace funcionar a este país. Eso es lo que nos permite perseguir nuestros sueños individuales y aún así estar unidos como una familia americana”, dijo en la convención. Entre gritos entusiastas de un público que poco se acordaba en ese momento de sus candidatos John Kerry y John Edwards, Obama afi rmaba que “no existen una América liberal y una conservadora. Existen los Estados Unidos de América”.
La audacia de la esperanza, una frase de ese discurso, se convirtió dos años después en el título de su segundo libro The Audacity of Hope, en que se posiciona como centrista y llama a superar divisiones partidarias en aras de la unidad.
El foco de esta prédica no es, claro, la redención, sino el sueño americano. Lo dijo en 2004: “la esperanza es lo que me ha traído hoy aquí. Con un padre de Kenia, una madre de Kansas y una historia que sólo puede ocurrir en los Estados Unidos de América”.
Arenga espiritual
La arenga de estilo religioso en el ámbito político no es nueva en este país. No en vano varios reverendos protestantes, como Jesse Jackson y Al Sharpton, han incursionado en política. El movimiento de los derechos civiles, en particular, se ha nutrido de importantes personajes surgidos del púlpito. El más destacado es, naturalmente, el ministro bautista Martin Luther King.
Los paralelos entre Obama y Luther King han sido reforzados por los asesores del candidato. Incluso en los últimos días circula el temor de que, como el líder de los derechos civiles o como el presidente John F. Kennedy, Obama podría ser víctima de un atentado terrorista. Como ellos en los 60, Obama personifi ca hoy el cambio y enciende pasiones con su carisma y su capacidad oratoria.
Desde los 80, Obama pertenece a la Trinity United Church of Christ de Chicago, una iglesia cuyos feligreses son en su gran mayoría negros. El compromiso de la iglesia con la comunidad afro-americana ha sido objeto de polémica, y sus detractores han aprovechado ese hecho para acusarlo absurdamente de una especie de racismo anti-blanco. Pero no es casual que los liderazgos políticos y religiosos entre los afro-americanos tiendan a confundirse.
Las primeras iglesias negras independientes de Estados Unidos se formaron a comienzos del siglo XIX, cuando ese sector de la población no tenía acceso a servicios sociales. Las iglesias se dedicaban tanto a las Escrituras como a la lucha contra la esclavitud y a tratar de satisfacer necesidades en ámbitos como salud, educación y vivienda. De ellas surgieron los primeros periódicos negros y, por lo tanto, fueron un elemento clave en la construcción de una identidad comunitaria.