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Reportajes y Entrevistas
Obama dice…


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Artículo correspondiente al número 241 (14 al 27 de noviembre de 2008)


Hay pocas voces disidentes: la campaña de Barack Obama es la mejor que se ha visto en el mundo contemporáneo. Pero más allá del marketing y la construcción de la marca, es posible extraer lecciones políticas sustantivas que adquieren enorme relevancia en el escenario chileno, después de digerir el resultado de las elecciones municipales recién pasadas y en la antesala de las presidenciales y parlamentarias del próximo año. Revisemos qué luces arroja el fenómeno Obama sobre lo que está ocurriendo en Chile y las transformaciones que deberían operar en cuanto a actitudes y estilos de hacer política. Por Cristóbal Bellolio.


cartel elecciones registro estados unidosSavia nueva: el mayor capital político de Obama fue la credibilidad que proyectó su imagen de renovación. Cualquier otro avezado demócrata podría haber hecho suya la bandera del cambio después de 8 años republicanos, pero nadie podría haber encarnado mejor la idea de algo realmente nuevo. A propósito de la falta de experiencia que se le achacaba, recuerdo al argentino León Giecco cuando cantaba “queremos ya un presidente joven que ame la vida y que enfrente la muerte… menos mal, que nunca la tenga, experiencia de robar, menos mal que nunca la tenga, experiencia de mentir”.

La frescura y la novedad fueron asociada a valentía y a pasión, no a ineptitud para el cargo. Lo mismo ocurre en casi todos los rincones del planeta, donde una generación que oscila entre los 40 y los 50 años está asumiendo la conducción de sus naciones. En esta frecuencia, podría resultar francamente impresentable que en Chile la Concertación decida a su candidato presidencial en una primaria con los mismos protagonistas que ya tuvo 15 años atrás, habiendo sido ambos presidentes e incluso candidatos senatoriales en 1989. Respecto a la última elección municipal, podríamos concluir que sí se produjo una cierta renovación, pero paradójicamente no vino de parte de la oferta de los partidos políticos (casi un 80% de los alcaldes en ejercicio fue a la reelección), sino de parte de la demanda del electorado (sólo se reeligió un 56,7% de los 275 alcaldes que buscaban un nuevo período), bajando sustantivamente la tasa de éxito en comparación a 2004.



La juventud importa: Obama le habló especialmente a una generación estereotipada por su apatía y desapego a la política. Los invitó a soñar en un proyecto colectivo y los tensionó lo suficiente. Los convenció de que su voz “podía hacer la diferencia”. Y fue tremendamente efectivo: los jóvenes se movilizaron, hicieron campaña, se inscribieron y votaron.

En nuestro país las nuevas generaciones no participan en las elecciones. Si en 1988 representaban un 36% del padrón, hoy llegan apenas al 7%. Sólo uno de cada cinco chilenos menores de 30 años está inscrito en los registros electorales. Es decir, su peso político ha disminuido dramáticamente. El círculo vicioso es evidente: los candidatos no le hablan a los jóvenes porque no votan y los jóvenes no votan porque los candidatos no orientan su discurso hacia ellos. Pero a nadie en la clase política parece inquietarle mucho el asunto. En la comodidad de sus asientos, los parlamentarios saben quiénes votan y prácticamente cómo votan en sus respectivos feudos. Nadie quiere agregarle incertidumbre al sistema.

Es curioso, en todo caso, que Sebastián Piñera haya retrocedido ante la UDI en materia de inscripción automática y voto voluntario, sabiendo que, de todos los precandidatos presidenciales, es él quien mayor sintonía tiene con el público juvenil. Parece bastante obvio que la Alianza necesita ventilar el padrón electoral, tomando en cuenta que el actual está envejecido y atado afectivamente al plebiscito del Sí y del No, que hasta ahora le ha dado siempre mayoría a la Concertación. En las pasadas elecciones municipales, RN fue el partido con menor presencia juvenil en las papeletas de votación: apenas un 4% de sus candidatos a alcaldes y concejales tenía menos de 35 años.



De abajo hacia arriba: no se trata sólo de nuevas tecnologías o de navegar por Internet. La Política 2.0 es un nuevo paradigma de comunicación y acción. El discurso ya no es unidireccional, donde el candidato habla y el elector escucha. Obama demostró que en la red la conversación es horizontal, dinámica y sin jerarquías. Esto no sólo potenció sus atributos de cercanía y autenticidad, sino que además posibilitó la creación de comunidades virtuales y presenciales que articularon la campaña desde las propias bases. El marketing viral, a través de sitios como youtube o facebook, fue sencillamente demoledor ante la incapacidad de los republicanos de adaptarse a la nueva lógica. En Inglaterra, en cambio, fueron los conservadores de David Cameron los que dieron el primer golpe.

La recomendación para Chile es que los partidos aprendan a perder el control de las campañas, ya que el mensaje siempre es mejor recibido cuando no tiene sabor a manipulación. Lamentablemente, las iniciativas digitales que se montaron para las municipales fueron desaprovechadas por los candidatos de todos los colores políticos, salvo muy contadas y honrosas excepciones.

 

 

grafico elecciones





La humildad paga: un año y medio atrás nadie apostaba por Obama. Era la tercera carta después de Hillary Clinton y John Edwards. Y se impuso contra todos los pronósticos. Generó una espiral de entusiasmo que se transformó en un vendaval incontenible, pero en ningún momento se dejó llevar por la soberbia. Nunca enfrentó la elección como carrera corrida.

Contrasta lo anterior con la mueca socarrona de nuestro ministro vocero Francisco Vidal augurando una goleada “4 a 0” a favor de la Concertación en las municipales (que terminó prácticamente en empate 2 a 2), y con el tono de las campañas de los ex ministros Jaime Ravinet en Santiago y Alvaro García en Cerro Navia. El primero pensó que su sola estampa bastaría para alcanzar la victoria, y cuando se vio complicado llegó a declarar: “ganar, aunque sea por un voto, sería muy importante para mí”. Craso error: en esto nunca se trata de lo importante para el candidato, sino de lo importante para la gente. Obama insistió hasta el cansancio en este punto: “esto no se trata de mí, se trata de ustedes”. Por el contrario, Pablo Zalaquett se autodenominó “el Fabián Orellana” de la elección municipal, un chico que aparece de la nada e inyecta esperanza a todo un pueblo. En síntesis, el entusiasmo y las ganas derrotan a la majestuosidad y a la arrogancia de quienes se sienten superiores. El consejo es evitar una guerra mundial de egos en la próxima presidencial.



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