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Artículo correspondiente al número 253 (29 de mayo al 11 de junio de 2009)
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¿Si presidiera la FEUC?
En cuatro décadas el manual del dirigente universitario ha cambiado radicalmente. Por Miguel Angel Solar Silva.
Universidad para todos: mi viejo me dijo que “la universidad para todos” fue la consigna de los alumnos de la Técnica que mejor sintetizó la meta de la reforma universitaria de los 60. Hoy, cuando hay vacantes de educación superior que no se llenan, se podría decir que esa meta está cerca de cumplirse.
Todos universitarios: mis compañeros que están en el hospital haciendo el internado me cuentan que los paramédicos son tan importantes que quieren y deben ser universitarios; es decir, trabajadores que conocen la ciencia de los procesos de salud-enfermedad y así puedan innovar. Lo que digo de los paramédicos también se lo escucho a compañeros de otras escuelas. ¿Por qué? Porque la reforma de la empresa en esta sociedad del capital humano y el conocimiento requiere que todos tengan educación superior. Y si todos tenemos, la extensión de la educación universitaria pasó de moda. La gente no quiere oler el aroma de la cazuela, sino probar una buena presa.
El problema de la calidad: tenemos cada vez más “universidad para todos”, pero universidades “reguleque”. Y los estudiantes actuamos en consecuencia, haciendo largas huelgas, pues no nos importa perder clases porque muchas veces la docencia se reduce a lecturas de guías y guías. El aprendizaje práctico ligado al proceso productivo es mínimo y tardío y las evaluaciones no tienen interés formativo, sino punitivo. En síntesis, sentimos que pagamos un kilo de universidad y nos entregan medio kilo.
¿Y la investigación? Un médico de mi hospital me dijo que nunca había cambiado una conducta sobre la base de una investigación hecha en Chile. También veo que los académicos investigan puros medicamentos que las trasnacionales después nos venderán. ¿No tenemos preguntas propias?
Tenemos que luchar por que las unidades universitarias se articulen con la empresa, tanto en docencia como investigación para producir bienes de calidad, inmanentes y trascendentes, que los consumidores aprecien por buenos y baratos. La pelea es en el área chica, la unidad académica. Nada de leyes todavía, sino guerrilla curricular.
Gobierno universitario: las rectorías y decanatos son una corte de mandamases que no tienen que ver con mis problemas y aunque quisieran están lejos para apoyar mi compleja tarea. Además, son estructuras caras, más aún en las universidades públicas. A veces actúan como frenos de las iniciativas de las unidades, que son las únicas que pueden articular la universidad a la nueva empresa, base de su futura calidad.
El problema de la equidad: muchos compañeros no tienen plata para vivir y estudiar al mismo tiempo; otros, sí. A los primeros, certificados por municipios, debemos financiarles su profesionalización en instituciones de educación superior; las que elijan y donde sean aceptados. Además, chao PSU y AFI.
Médico que en 1967 dirigió la toma de la casa central de la Universidad Católica y que inició la reforma universitaria. Hoy está radicado en Temuco.
1a persona
El compañero Bowen
Menudo desafio tiene el jefe de campaña de Frei, nada menos que poder ganarle a la Concertacion. Por Federico Willoughby Olivos.
Se siente, se siente, Frei presidente”. Dígalo en voz alta. “Se siente, se siente, Frei presidente”. Ahora grítelo. “¡Se siente, se siente, Frei presidente!”. Siga repitiendo mientras agita el brazo hacia el cielo y lidera, en plena subida Ecuador en Valparaíso, a una treintena de jóvenes que acaban de reunirse con usted en lo que fue su primera actividad regional a cargo del comando de Frei.
Ahora piense (sin dejar de gritar): ¿se siente cómodo?, ¿le sale natural?, ¿le gusta hacerlo? Si su respuesta es negativa, descuide: no es fácil. El propio Sebastian Bowen cuando lo hizo, hace un par de semanas, se puso rojo y algo nervioso. Es cierto, al poco andar se metió en la dinámica y fue uno más, y hasta lideró los gritos; pero que le costó, le costó.
Y es que Bowen, a diferencia del mundo concertacionista con el que tiene que trabajar, no es un político. Va camino a convertirse en uno, pero sus fortalezas, los ítems por los cuales Tironi y Cía. lo eligieron son: no tener militancia, su experiencia en temas sociales, capacidad ejecutiva y juventud para inyectar a la Concertación.
Pero todos esos puntos fuertes no evitan que a Bowen le cueste habitar en el mundo político/concertacionista. Una pequeña muestra: ese mismo sábado, un poco antes de los gritos ya mencionados, en el que fue el primer discurso de la mañana, un delegado del Partido Socialista dijo: “compañeros, sé que están preocupados por las elecciones que vienen, está en juego nuestra presencia en el aparato público... nuestras pegas”, y lo señaló con genuina preocupación. Y no era el único inquieto. En el lugar había unas 60 personas, de distintos partidos pero casi todos con trabajo en el aparato público.
De hecho, más tarde, en el almuerzo que Bowen tuvo con una selección de los jóvenes de la reunión, la preocupación de éstos se repartió entre: a) lo conveniente que sería tener un Estado como el mexicano que les pagara para dedicarse a la vida pública y b) lo inoportuna de la Ley de Transparencia, que obliga a publicar cuánto ganan los miembros del aparato público.
Y ojo, Bowen en esa parte del almuerzo sólo escuchó, no se hizo parte de los afanes “reinvidicadores” de los compañeros de mesa. Pero más tarde, volviendo en el auto a Santiago, me confidenció que una de sus mayores motivaciones para estar metido en lo que está es lograr que más profesionales entren a la política. Una idea que se podría definir como “una nueva política a cargo de gente menos política”. Básicamente, un futuro donde los gobiernos (y las oposiciones) estén compuestos por los mejores profesionales, gente que no necesariamente tenga que trabajar en el aparato público pero que tenga ganas de mejorar las cosas.
Y claro, es lo que nos gustaría a todos. El problema está en que uno empieza a creerle a Bowen, a pensar que sí, que de repente igual se puede y... ¡zaz! se aparece otra vez el mundo político/concertacionista. En este caso, una actividad de la DC en la Universidad Católica de Valparaíso. Nunca quedó muy claro de qué se trató, salvo que estuvo llena de largos y aburridos discursos que Bowen, como le corresponde, aguantó estoicamente pero que igual al terminar lo dejaron con dudas respecto a si había sido un buena inversión de tiempo. La cita dejó en evidencia, una vez más en el día, lo poco moderno que puede ser un partido (cuesta creer que algún joven gastaría 3 horas de su sábado en escuchar a Eduardo Abedrapo, uno de los oradores) y de paso, lo sacrificada que va ser para Bowen esta campaña. Es indudable que es un tipo capaz, y quizás ahí su problema: hacerle entender a la Concertación que para ganar se necesita más que un “se siente, se siente, Frei presidente”.