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Reportajes y Entrevistas
Nicaragua, ron 40 grados

Artículo correspondiente al número 203 (04 al 17 de may 2007)

El famoso ron Flor de Caña, marca que ha tenido un ingreso fulminante en el mercado chileno, nace en Nicaragua. Los productores de pisco tiemblan. Esta es una historia de éxito empresarial. También, el registro de un viaje por el país Anastasio Somoza y Daniel Ortega, uno de los más pobres de América.  Por Marcelo Soto

ATERRIZAJE EN MANAGUA

Son las 3 de la tarde de un día soleado y desde la piscina del hotel Barceló Montelimar, en la costa Pacífi co de Nicaragua, la vida parece sonreír al ritmo de música caribeña y las copas de ron cola salen generosamente del bar. Este es uno de los resorts mejor equipados del país centroamericano y está construido en terrenos que antes fueron propiedad de Anastasio Somoza.

Estoy junto a un grupo de periodistas y distribuidores chilenos –dueños de cadenas de botillerías– invitados por Flor de Caña, una de las marcas de ron más premiadas del mundo. Hay un ambiente de paseo de curso. Bromas van y vienen. Aquí estaba la mansión de verano del ex dictador, hoy convertida en casino y que forma parte de un complejo turístico de 290 habitaciones. Somoza pasaba mucho tiempo en esta hacienda bañada por kilómetros de playa de aguas tibias, rodeadas de palmeras. Fue incluso desde aquí, en los años 70, donde por problemas de salud terminó gobernando el país con la mano de hierro que fue la impronta de toda su familia.

Nicaragua está llena de rastros de los Somoza. Para llegar a Montelimar hay que tomar un camino de tejas de piedra, conservado en perfectas condiciones, que demora una hora y media desde Managua, la capital. El propio Anastasio lo mandó a construir. Es una pieza notable de ingeniería, un recordatorio de los excesos del régimen que durante gran parte del siglo XX manejó sin contrapeso los destinos de Nicaragua.

En el hotel hay varios restaurantes, donde sirven vino chileno, y un par de bares con barra libre. El aire acondicionado hace que olvidemos que afuera el aire hierve a 40 grados. Apenas traspasadas las barreras del condominio –resguardadas por hombres armados– el turista se encuentra con la miseria. Los niños andan descalzos.

El calor es insoportable. Chicos de 17 años, con los rostros grises por el polvo, trabajan en las plantaciones de caña. Sus brazos están llenos de cicatrices. Las filosas hojas de la caña de azúcar no perdonan. Tras la guerra civil que terminó con el triunfo sandinista en 1979, Nicaragua era la segunda nación más pobre de América latina, después de Haití. Hoy países como Honduras y Bolivia le disputan esa lamentable estadística.

Al llegar a Managua, un lunes por la noche, llama la atención la pobreza que se observa en las calles. A pocas cuadras del centro, la ciudad es apenas una avenida pavimentada, rodeada de mediaguas y caminos de tierra. ¿Es esta la tierra de Rubén Darío, la orgullosa nación que se levantó contra Somoza? ¿Dónde está el legado del sandinismo?

Quizás sea imprudente hacerse estas preguntas. Viajé a Nicaragua invitado por Flor de Caña, una de las principales empresas del país, que ha tenido un ingreso fulminante en el mercado chileno. Debutó el 2006 y vendieron 46 mil cajas (de 12 botellas) y este año esperan llegar a las 80 ó 90 mil. Un caso de estudio para las escuelas de negocios. Esta es su historia.



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