Reportajes y Entrevistas Necesitamos menos circo, menos carnaval
Artículo correspondiente al número 269 (29 de enero al 25 de febrero)
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¿No te arrepientes de haber hecho pública tu opción?
-No. Hubiese sido más piola que me hubiese quedado callado. Pero no le voy a quitar el bulto a esta lucha por la tolerancia; y si puedo estar en un espacio crítico, y aportar para discutir con una cultura que políticamente, originalmente, no es la mía, bienvenido sea. Es lo que más moviliza.
El lado oscuro de la Concertación
¿Crees que la llegada de la derecha significa un cambio histórico?
-La diferencia es tan poca entre Piñera y la Concertación que tampoco me atrevería a decir que esta es una gran derrota. Ya estaban derrotados. La concertación se derrotó a sí misma al comienzo del gobierno de Bachelet, cuando convirtió en una palabra vacía la palabra ciudadano. Dijeron: vamos a hacer un gobierno ciudadano. Disculpa, pero ¿qué significa eso? Era un eslogan, carente de contenido.
¿Es una fracaso anunciado?
-Claro, por los modos de operar, comprender y proyectar la acción política. La Carolina Tohá llega en la segunda vuelta con una promesa de renovación y acogida, pero no alcanza. Cambian el tono y el rostro, pero no pueden dar garantía de haber escuchado el mensaje de los electores. Dicen: vamos a acoger. Pero no hay ningún gesto real de acogida. Incluso yo les dije: ¿quieren mi voto? Bueno, convénzanme, díganme algo. Ni siquiera esa ilusión hubo. Tohá no tuvo cómo garantizarlo. Eso te indica lo mal que estaban. Que desde el gobierno manden a alguien en comisión de servicio quiere decir que los partidos tampoco tenían cómo resolver el asunto. Has dicho que en la Concertación hay una corrupción programática, ¿por qué?
-El que inventa esa definición es Marco Enríquez. Marco produjo un terremoto mediático. Es muy revelador que cuando lo invitan a programas de TV empieza a discutir la naturaleza de las preguntas. Fue magistral. Lo novedoso que tenía MEO es que cuestionaba a cada rato las definiciones que le atribuían. En Tolerancia Cero, después de la primera vuelta, dice que Frei representa la corrupción programática de la concertación. Eso me impresionó. Pero ningún diario recuperó la frase al día siguiente. Fue una feroz acusación simbólica. De ahí me agarré para argumentar mi apoyo a Piñera. Esa corrupción programática implica la incapacidad de explicar o entender las condiciones históricas que te condujeron a la derrota. Hay una movilidad social en el país que no supieron leer. Por eso digo que la Concertación no se puede renovar.
¿Y todos estos rostros nuevos, como Sebastián Bowen?
- Frei recurrió a Bowen porque era el tipo que tenía la experiencia en el mejor y más eficiente partido político chileno: Un Techo para Chile. Es un modelo fascinante: un movimiento que te pide donación de tu tiempo. No es una caridad inútil. Dame tu tiempo y le voy a sacar una rentabilidad social. Y el objetivo es concreto: no más campamentos. Es una concepción muy gringa de la política. No quieren una transformación de la sociedad. Podrá decirse que las mediaguas son indignas, pero va a haber miles de niños chilenos que no van a pisar el barro y por lo tanto tendrán menos neumonitis. La decisión de recurrir a Bowen fue muy osada y muy clara en perspectiva, pero el tipo se vio enfrentado de manera inmediata a las dificultades del sistema político chileno. Se armó una especie de feudo y fronda, entre el comando, el gobierno y los partidos. Eso fue irremontable, y aceleró el desbande.
En los 70 fuiste dirigente del MAPU. ¿Por qué eres tan crítico de la Concertación?
-La Concertación está armada sobre un crimen, que es la omisión de responsabilidades. Si hay que hablar de traición, ellos armaron un pacto de olvido. Llegaron al poder como “la voz de los que no tienen voz”, pero al mismo tiempo le sustrajeron su capacidad de movilización y se convirtieron en manejadores de la memoria de los caídos. Por eso me parece abyecto, escandaloso, que sigan usando la extorsión a nombre de las víctimas. Y me pareció muy improcedente este apuro por inaugurar el Museo de la Memoria, que comenzó con el bochorno de Mario Vargas Llosa siendo pifiado. ¿Por qué iban a impedir a Vargas Llosa estar ahí? ¡Qué acto de intolerancia mayor!
¿La Concertación se apropió del tema de los DDHH?
-A fines de los 80 critiqué el uso ilustrativo que hacían los artistas de los derechos humanos. Y denuncié la cultura del sacrificio militante. Porque en la izquierda hay personas que tienen responsabilidad política en haber enviado a otros a la muerte, y que podrían tener una extensión penal. La izquierda instauró la extorsión como política de reclutamiento de cientos de jóvenes que encontraron una muerte segura.
¿Crees, como dijo Jorge Edwards, que en la izquierda ha habido menos autocrítica respecto a tales excesos que en la misma derecha?
-Por supuesto. Esa gente debería tener responsabilidad penal, es un asunto a discutir, es necesario revisarlo, ponerlo en el tapete. La política, por ejemplo, de regreso del MIR (que impulsó a sus militantes a volver al país para unirse a la lucha contra el régimen militar) fue criminal. Lo que pasó en Neltume, el Frente, la política armada de la izquierda. Es una cultura de la muerte. No me la banco, y lo digo con el mayor respeto y dolor por los caídos. Ahí es donde esa cultura extorsiva se convierte en la idea de que hay muertos que son mejores que otros. No estoy de acuerdo. No estoy por aceptar esa extorsión.