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Artículo correspondiente al número 206 (15 al 28 de jun 2007)
En cosa de 25 años, un puñado de amigos ha dado forma a una empresa que ambiciona ocupar el tercer puesto entre las productoras acuícolas del mundo. A fuerza de garra y de saber tomar el sendero correcto en las horas decisivas, hoy Multiexport da empleo a 1.700 personas y se prepara para abrir a bolsa su filial estrella, Multiexport Foods.
Por Soledad Pérez R.; foto, Enrique Stindt.

En Multiexport están convencidos que la acuicultura es la gran promesa de la alimentación mundial o la Revolución Azul como la llamó The Economist. Y por eso se están armando: quieren estar, en muy corto plazo, en el club de los tres mayores productores de seafood del planeta. Llevan años trabajando con ese objetivo, solo que ahora se hacen un espacio para contarlo, en medio del fuerte ajetreo que les ha significado el proceso de colocar en bolsa parte de su filial estrella, Multiexport Foods, dueña entre otras cosas de la séptima salmonera del mundo.
La apertura, a cargo de LarrainVial, los tiene revolucionados. En los últimos meses prácticamente no han dejado de armar prospectos, afinar detalles y definir los timings de la operación, que se producirá en julio con la oferta de entre 10% y 20% de la compañía, en un precio que analistas calculan superará los 70 millones de dólares.
Más allá de las cifras, para los socios de la empresa –José Ramón Gutiérrez, Martín Borda, Alberto del Pedregal, Carlos Pucci y Arturo Clement– esta jugada tiene un significado muy especial. De partida, implica compartir la propiedad con terceros, después de casi 25 años de trabajo silencioso y a puertas cerradas. Lo segundo, que tiene que ver con la etapa de globalización a la que aspiran, ello les permitirá actuar en las ligas mayores, conectarse con el sistema financiero de una manera distinta y acceder a nuevas formas de financiamiento a futuro.
-Lograr estar dentro de los tres mayores players del mundo no nos cabe en la cabeza sin estar abiertos a bolsa, porque vamos a requerir de nuevos aumentos de capital –explica José Ramón Gutiérrez, presidente del directorio.
Por lo pronto, Multiexport Foods tiene bajo el brazo un paquete de inversiones por 250 millones de dólares hasta el 2010, cifra similar a la que esperan facturar este año y que representa el 70% de todas las ventas del grupo. Entre líneas, sin embargo, se advierte que el plan podría considerar más. Solo en el negocio salmonero, los socios tienen definido crecer con fuerza en los años que vienen, en un mercado donde el tamaño es cada vez más clave y la competencia internacional, con Noruega en específico, apta solo para gigantes.
A eso se agrega que están apostando fuerte por el incipiente negocio del cultivo de choritos, a través de la filial Mytilus Multiexport en Mejillones, que recién el 2006 tuvo su primera cosecha pero está creciendo “vigorosamente”, como dicen ellos. Una tercera cara es la internacionalización. Para eso formaron la empresa Cultivos Acuícolas Internacionales, con la idea de producir dentro de América latina otras especies marinas, a través de operaciones propias. “Esperamos que empiece a hacer de las suyas a fines de este año”, comenta Gutiérrez.
De la mano de estas áreas, los dueños de Multiexport Foods creen que lo tienen todo para conquistar el mundo. En el proceso los acompaña la capacidad empresarial y sobre todo la fuerte cohesión con que han trabajado para transformarla en una compañía de clase mundial.
Martín Borda, hijo de don José Borda Aretxabala y director ejecutivo de la sociedad, lo resume así:
-Una de las gracias de esto es que es muy raro encontrar una empresa que lleve 25 años y no haya tenido que vender una parte o sus socios se hayan separado. Y eso se da porque nos conocemos de niños y tenemos la libertad de hablarnos muy francamente –explica.
Pero la empatía y la amistad no es lo único que los une. Tienen un pacto escrito y otro de honor, pero además comparten una misma forma de hacer las cosas: que son conservadores en lo financiero y aventureros en lo empresarial. Tanto, que recién hace seis años se decidieron a repartir dividendos, en un porcentaje que no supera el 10% de las utilidades netas. “Si la mejor rentabilidad ha estado en nuestra industria ¿para qué íbamos a retirar la plata?”, dice Borda.
Eso les permitió crecer hasta los niveles que tienen hoy, en que producen alrededor de 53 mil toneladas de salmón, dan empleo a unas 1.700 personas, poseen casi un centenar de concesiones acuícolas, exportan a más de 35 países y, más encima, tienen oficinas en Estados Unidos y Japón.
En su origen Multiexport no pretendía otra cosa que aprovechar la apertura comercial chilena y exportar lo que fuera y adonde fuera. La idea inicial fue de dos amigos, Alberto del Pedregal y Martín Borda, que por los años 80 tenían menos de 30 años y recién partían en el mundo laboral, el primero en la Colocadora Nacional de Valores y el segundo en el holding de su familia, por entonces dueña del Banco Sudamericano. Eran tiempos malos para la economía chilena tras la devaluación, la intervención de la banca y la caída de los grandes conglomerados industriales y Del Pedregal y Borda creían que la única salida a la debacle era que Chile dejara de ser mono exportador y pagara sus gigantescas deudas en dólares... con dólares.